Banksy: los ocho asfixiantes minutos y 42 segundos de George Floyd

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Luto en Estados Unidos,

Por Rolando Gabrielli
Periodista y poeta chileno radicado en Panamá

Callejero, anónimo, invisible, viral, no es el coronavirus, es el artista antisistema británico, contestatario Banksy, quien le pone el dedo en la llaga al establishment con su talento, ironía, incisiva visión sobre nuestra arbitraria y esclavizante y mezquina época.

Sus grafitis desnudan el arte de la vida actual, las paredes, los lugares más empobrecidos por el despiadado urbanismo contemporáneo, ahí su pintura nos recrea el presente como una fotografía freudiana del espíritu, muchas veces envilecido, de nuestra arrinconada civilización.

Hoy, Banksy volvió a hacerse presente con lo que mejor sabe, darle un puntillazo en la yugular al sistema, y presenta su gran metáfora pictórica relacionada con el asesinato del afronorteamericano George Floyd a manos de un policía de Minneapolis. La llama de una pequeña vela comienza a encender, quemar, la bandera norteamericana, y la acompaña un retrato de un hombre negro donde sólo se ven sus ojos. Banksy abraza con su idea no sólo a Floyd sino a toda la raza negra brutalmente esclavizada y humillada a lo largo de los siglos.

Como se informó, el policía Derek Chauvin lo asfixió con su rodilla sobre el cuello durante 8 minutos y 42 segundos. “No puedo respirar, hombre, por favor”, repitió Floyd hasta su muerte.

Banksy se expresó en una pared, pero también lo hizo con algunas palabras, reflexiones, donde señaló su malestar e indignación:

Primero pensé que debía callarme la boca y escuchar a la gente negra sobre este asunto. Pero ¿por qué haría eso? No es su problema, es el mío. El sistema le falla a la gente negra. El sistema blanco. Como una cañería rota en un apartamento para la gente que vive abajo. Este sistema roto les obliga a una vida miserable, pero no es su problema arreglarlo. No pueden. Nadie los dejaría entrar al apartamento superior. Es un problema de blancos. Y si la gente blanca no lo arregla, alguien va a tener que subir las escaleras y derribar su puerta a patadas.

Qué podemos agregar a estas palabras que recogen y revelan, ponen al descubierto, un tiempo asfixiante.

“I can’t breathe”,
la frase nos ha dejado sin aliento,
ha quitado la respiración a un mundo
en cuarentena atado a un balón de oxígeno.
Qué escena, Minneapolis,
si un virus ya asfixiaba a la humanidad,
por qué la agonía de un hombre
contra otro hombre en una calle street
de este mundo afligido.
Cuánta miseria humana, digo,
no hay palabras para encontrar una respuesta.
Ocho minutos y 42 segundos de agonía,
bajo la rodilla del policía Derek Chauvin
y dos secuaces más sobre un cuerpo inerte,
que en vida repetía, no puedo respirar, hombre,
por favor, no puedo respirar.
Era un hombre común y corriente
de Minneapolis,
que trabajó junto a su verdugo,
por casi veinte años,
negro, absolutamente negro,
se podía identificar a distancia,
habría pagado con un billete
de dudosa identificación,
veinte dólares falsos.
George Floyd era su nombre,
como el de tantos otros nombres
negros asesinados, negros muertos.
Pienso si será necesario que Lincoln
vuelva a recorrer la vieja nación esclava.

Rolando Gabrielli

Una rodilla, una rodilla

Sobre la humanidad de un hombre,
en una calle cualquiera, he visto,
a miles de kilómetros de impotencia,
a un hombre tomar la vida de otro hombre,
para humillar a una raza tan humillada
por un sistema miserable y me he preguntado,
sin responderme, porque ninguna respuesta
podría tener algún sentido, si lo hubiera,
dónde nace y muere la vida, si muere,
de esta manera canalla, donde la bestia
se ceba, cobardemente su inmunda
condición humana.

Rolando Gabrielli

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