Una nación fragmentable

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Soldado estadounidense arrea la bandera de Estados Unidos en áreas del Canal de Panamá. (Foto: Eliana Aponte/AFP).

El reciente artículo de Julio Yao, respetado internacionalista y patriota, sobre la errática política internacional en nuestra frontera.

Por Juan Carlos Mas
Médico
juancarlosmas@hotmail.com

El reciente artículo de Julio Yao, respetado internacionalista y patriota, sobre la errática política internacional en nuestra frontera oriental, obliga a efectuar la anticipación de escenarios en los que pueda desenvolverse la nación panameña. Como es sabido, la planificación tiene su base en la experiencia histórica. Lo que ya nos ha sucedido nos conduce metodológicamente a delinear, en cada escenario posible, una hipótesis de conflicto probable.

No haremos ciencia-ficción, pero refrescaremos la memoria nacional, esa que nos han desconstruido sistemáticamente. Luis Restrepo Rosas (q.e.p.d.), baluarte del periodismo investigativo, se especializó en las particularidades de la ocupación civil acompañante de la ocupación militar de la Zona. Sus escritos debatían la presencia zonian, cómo llegó a ser lo que fue, y por qué no se expandió al resto del territorio nacional.

Las respuestas había que buscarlas fuera del país: los designios estadounidenses trataban de satisfacer la necesidad de control de los pasos ístmicos. Eran distintos para Nicaragua y Panamá, virtuales albergues de canales. El paso de Nicaragua dependía del agua de los lagos, que ocupan de Norte a Sur gran parte del territorio y alrededor se establece el hábitat poblacional; en cambio el paso panameño se percibía como posible solo con el control de la angosta franja de tierra, que diera paso primero al ferrocarril y al canal después.

Por lo anterior, la presencia colonial en Nicaragua, con William Walker, ocupó todo el país; mientras que en Panamá la avanzadilla de Ran Runnels se limitaba al control de la franja. Recogimos esto en el libro “Galeones y aviones”, mas Luis Restrepo Rosas lo sintetizó anteriormente en un magistral artículo, cuyo cita no puedo precisar ahora ‒creo que se llamaba la “República del Istmo”‒. En él señala que el interés exclusivo de los yanquis por apropiarse de la faja ístmica y su paso canalero los llevó a concebir, con el asocio de sus cómplices istmeños, la idea de segregar la faja mencionada, mediante una ocupación militar que se justificaría en el interés mundial por la navegación; se crearía una República del Istmo, la cual estaría constreñida a lo que después se llamaría Zona del Canal.

Los acontecimientos de 1903 ampliaron la intención segregacionista parcial, merced a la intercesión de intereses que podrían haber quedado fuera del esquema, y hoy tenemos lo que tenemos.

El diseño de desarrollo separado para el enclave subsiste hoy en la segregación constitucional que contempla un trato distinto a la ACP. ¿Para qué nos sirven estos datos? Para el diagnóstico de la hipótesis de conflictos y el trazado de escenarios perspectivos. Para nadie es un secreto el irredentismo de los militares fascistas colombianos respecto a Panamá. La oportunidad que les brinda la presente administración les permite incursionar en lo que se llama zonas de seguridad, tal como la conocida en el Sur del Líbano.

Colombia podría reclamar la coadministración policial y militar de la zona oriental de Panamá; los gringos se contentarían con segregar para sus intereses el control del paso interoceánico, con la cooperación eufórica de nuestra oligarquía financiera; y la parte occidental quedaría desvinculada, quizás albergando el compromiso agro-productivo de los chiricanos y del campesinado nacional, o el pintoresquismo folklórico de nuestras provincias centrales; pero la república se vería fragmentada por una pesadilla tal como la que casi le toca vivir a Bolivia.

¿Ficción? ¿Cuántos países conoce el lector que se han disgregado en los últimos años? Abramos los ojos, espantemos el horror, y critiquemos la política internacional que se viene cumpliendo.

(Aclaración necesaria: este artículo fue publicado en el diario La Estrella de Panamá el 22 de febrero de 2010).

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