Un detonador social panameño llamado Colón

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Manifestantes reclaman justicia social para los colonenses.

Por Osvaldo Rodríguez Martínez

Panamá (PL) – “Agoreros apocalípticos” llaman en Panamá a quienes vaticinan una posible explosión social, cuyos síntomas se muestran a diario en una población agobiada que protesta movida por su deteriorada realidad circundante.

La oligarquía nacional, y su gobierno empresarial, minimizan públicamente el creciente malestar bajo justificaciones “electoreras” o que es estimulado por intereses “de grupitos”, e intenta soluciones que, si bien son un paliativo, resultan insuficientes para las carencias perentorias de sectores humildes.

Un ejemplo es el multimillonario proyecto gubernamental Renovación Urbana de Colón y su prolongación, Colón Puerto Libre: ambos empeños parecieran la solución a una ciudad colapsada por el abandono de seis décadas, a pesar de su estratégica posición en la entrada atlántica del Canal de Panamá.

La riqueza ronda la urbe, cruza veloz sus calles, mientras los indicadores de pobreza citadinos presentan un triste récord en el país, a pesar de que los tres puertos que la circundan y la Zona Libre de Colón (ZLC), aledaña al casco urbano, generan parte importante del Producto Interno Bruto (PIB) de la nación.

Según el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), el 3,2 por ciento de los colonenses sobrevive en la indigencia y el 15,8 en la pobreza, lo que está en concordancia con un informe de la Contraloría General de la República que ubicó el desempleo en agosto pasado en 9,6 puntos porcentuales.

El economista Juan Jované, precandidato presidencial, consideró que sobrepasa el 15 por ciento el “desempleo crónico” en los jóvenes, los cuales se refugian en las pandillas y el crimen organizado, que mantienen un ambiente violento e inseguro entre los habitantes.

Un cálculo más alarmante del indicador dio el sociólogo Olmedo Beluche, quien ubicó en 25 por ciento los colonenses sin trabajo, al caracterizar el escenario por sus “hospitales decadentes y clínicas mal equipadas”, “aceras decrépitas por donde corren aguas cloacales’ y “edificios a medio caerse”.

En su reciente artículo Colón, ¿intentan una limpieza étnica del centro de la ciudad?, el académico refirió que “el transitismo describe un país volcado a la zona de tránsito (hoy el eje Panamá-Colón, antes, Panamá-Portobelo), controlado por ávidos comerciantes, agentes de intereses comerciales foráneos”.

Aseveró que en esa zona se concentra la mayor parte de la riqueza, dejando casi en el olvido al resto del estado nacional, pues el 80 por ciento del PIB proviene del comercio, servicios financieros y transporte, “cuyo resultado social es una de las peores polarizaciones de la riqueza”.

Beluche recordó que el “transitismo” no proviene ni está dirigido a la población local, que por su baja densidad demográfica y escasa industria no es un mercado atractivo, por lo tanto, el panameño y en particular, el colonense, “sólo ve pasar la riqueza, como antes vio pasar el oro y la plata del Perú” hacia España.

El sociólogo se remontó a 1948, cuando mediante decreto-ley se creó la ZLC a sugerencia de Estados Unidos, con el intento de paliar la crisis económica y fiscal del país, pero “pese a toda esa riqueza que se mueve dentro de las 240 hectáreas que ocupa la zona, la ciudad de Colón es, a la vista del peor miope, una urbe paupérrima”, aseveró.

Renovación Urbana o Gentrificación

Familias que viven en la precariedad exigen techo digno y seguridad en Colón.

Trabajos constructivos simultáneos en un área de apenas 16 calles, crearon un caos a los pequeños negocios y al menos 400 microempresas cerraron sus operaciones, además de la reducción del trabajo informal, según la Cámara de Comercio de Colón, que fijó en dos millones las pérdidas de los propietarios.

Diana Mora, presidenta de la Asociación de Comerciantes del Casco de Colón, dijo al diario Panamá América que “cada vez la empresa constructora destruye más calles y no vemos adelanto en el trabajo de renovación, lo que nos preocupa”.

Otra opinión coincidente provino de Usha Mayani, presidenta de la Asociación de Usuarios de la ZLC, quien fue tajante al opinar que “Colón está en crisis”, por tanto, “nos preocupa lo que está pasando en Colón, pues Colón es nuestro entorno y si nuestro entorno está mal, nosotros también estamos mal”.

En tanto, las autoridades refieren que la reciente huelga general de 48 horas responde a las molestias por la lentitud de los trabajos, y el presidente del país, Juan Carlos Varela, pidió celeridad a los constructores, según reveló a periodistas.

Edgardo Voitier, uno de los líderes del movimiento Salvemos a Colón, dijo a Prensa Latina que la motivación original del reclamo es “el rechazo al perverso propósito de Renovación Urbana” de “expulsión de la gente desde la ciudad” a nuevas barriadas creadas en la periferia.

Según Voitier, de los más de 34.000 habitantes del centro urbano, unos 25.000, mayormente pobres y clase media, serían reubicados a las afueras de la urbe para vender el casco citadino a los ricos, lo que urbanistas llaman gentrificación y que en este caso es racial, porque en su mayoría son afrodescendientes.

“Estamos en la sospecha de que en el fondo hay un proceso de usar los recursos públicos para poner una ciudad bonita, pero para los ricos”, señaló, y reiteró que expulsan a la gente, en vez de plantearse soluciones habitacionales en el centro de la villa.

Mario Etchelecu, ministro de Vivienda, en conferencia de prensa negó que el estado vendería los terrenos ocupados por inmuebles en derrumbe o con extremo deterioro, pero admitió “la posibilidad de concesionarlos para que terceros o la empresa privada puedan sumarse al desarrollo del proyecto”.

Esas palabras fueron interpretadas por Voitier como ratificación de que se trata de “entregarle a un privado un bien público”, o sea, señaló que el propio ministro reconoce “que hay una intención de entregarle a los ricos los terrenos de la ciudad”.

Esa es, a futuro, la mayor incomodidad de los colonenses, pero en esencia, la situación actual torna a la localidad como un lugar inhabitable, donde pululan aguas albañales en sus destruidas calles, junto al deterioro habitacional ausente de reparaciones y alta densidad poblacional, falta de agua potable y nula evacuación de la basura.

La vida en Colón no se corresponde con su aporte al progreso social y económico del país ‒señaló el periódico La Estrella‒, por la falta de un plan de desarrollo integral que llevó a la antaño Tacita de Oro del Caribe, a la apariencia de ser devastada por una guerra.

“La razón de ser de la huelga convocada el martes 13 de marzo fue reivindicativa, no política”, aseguró el diario, el cual sentenció que “la ciudad está enferma” y concluyó con un dramático llamado: “Presidente Varela: Evitemos detonantes sociales, escuche al pueblo colonense”.

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