Trabajadores panameños encaran desafío global

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La celebración del Día Internacional del Trabajo encuentra a los obreros panameños sin un claro horizonte en el desempeño de acciones unitarias frente a las amenazas que se ciernen sobre la producción nacional y las industrias que la sustentan. Tampoco está claro cómo los sindicatos se proponen convertirse en un freno al modelo económico importador, que desprecia las manufacturas locales y los productos agropecuarios nacionales.

En los últimos 10 años, la dolarizada economía de Panamá ha dado un giro dramático hacia un modelo importador y desnacionalizador, en el que las principales industrias de capital panameño fueron adquiridas o absorbidas por multinacionales. El efecto inmediato de esa tendencia ha sido la fuga de divisas, la reducción de las plantillas laborales, la incorporación de mano de obra barata removible, la explotación y el debilitamiento de las organizaciones sindicales.

Empresas de capital foráneo poseen en el mercado panameño  las principales empresas de telefonía móvil, panificadoras, fábricas embotelladoras de refrescos, puertos, minas, flotas de transporte selectivo y casinos. Ese proceso de impacto ha sido aplicado en medio de la atomización de un movimiento sindical que sobrevive, pero desprovisto de fórmulas para generar propuestas coherentes de organización y mecanismos unitarios contra las políticas de expolio, corrupción y abusos laborales, que se repiten en todo el mundo.

La realidad de un complejo entorno repleto de amenazas, incluso en el ámbito tecnológico, obliga a la clase obrera a un urgente despertar para ir de la mano con los movimientos sociales que reivindican el desarrollo humano, la formación profesional y el empleo decente. En otras palabras, hay que enarbolar los pabellones de lucha e infundir aliento a una masa laboral desorganizada y desencantada, que requiere reglas justas para regir al capital y al trabajo, y defender el sistema de seguridad social, contra la privatización.

Es inconcebible un movimiento popular sin un papel protagónico de la clase trabajadora a la que arrebataron la ideología revolucionaria. Las centrales obreras aún beligerantes deben ir más lejos del economicismo tolerado por el capital financiero, en procura de la integridad. Pero, ninguna organización debilitada recuperará fuerzas colectivas mientras perdure en ella la mentalidad de waiter, la propina, la autoexclusión y el sometimiento. El único camino válido, es el que conduce a la unidad, la soberanía y la equidad laboral.

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