Retorno a la guerra aumenta riesgo de confrontación

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Las recientes elecciones europeas han dejado traslucir el fuerte sentimiento de las posiciones recalcitrantes trasladadas al ámbito de las confrontaciones políticas e ideológicas. Los comicios que obligan a una segunda vuelta electoral en Francia, confirman el avance de las corrientes de derecha y la necesidad de examinar ese fenómeno en una Europa con severas cargas y resentimientos en un escenario de gran complejidad con raíces históricas.

El secretario general del Partido Socialista, Jean-Christophe Cambadélis, formuló un llamado a “batir la extrema derecha” en la segunda vuelta electoral e instó a votar a favor del candidato centrista-liberal, Emmanuel Macron. A su vez, la Gran Mezquita de París publicó un mensaje en el que insta a todos los musulmanes a respaldar a Macron, así como el sindicato Alliance, mayoritario entre los policías de Francia. El pronunciamiento tiene que ver con un intento de frenar el avance de la derecha retadora y beligerante.

La reaparición de movimientos ultraconservadores evoca el período previo a la Segunda Guerra Mundial y la etapa de la llamada Guerra Fría, en la que se alinearon las posiciones más radicales contra el pensamiento progresista y el desarrollo social y humano. Fenómenos como el brexit, la xenofobia y el apoyo a las causas intervencionistas son alentados por fuerzas ultraconservadoras que aprovechan la crisis del sistema para agitar las banderas del falso nacionalismo, de la que se valió Donald Trump para hacerse de la silla presidencial en Estados Unidos, en un entorno con señales evidentes de deterioro.

Los planes para asaltar al mundo, doblegarlo por medio de la fuerza y dejar fuera del bienestar a millones de personas han sido puestos en marcha en contra de millones de voces sensatas que consideran que otro mundo es posible sin la amenaza nuclear. Ningún conflicto local debería servir para justificar intervenciones que se conviertan en el detonante de una Tercera Guerra Mundial o en la muerte masiva de personas. La desestabilización programada de gobiernos para imponer regímenes disolutos y subordinados, es una abierta amenaza a la seguridad mundial y a la sostenibilidad.

Los caminos que conducen a una conflagración mundial y el alarde de poderío de una ultraderecha envalentonada en las principales capitales del mundo, no son elegibles para la mayoría de la humanidad. Sin embargo, no basta el rechazo contundente a esas propuestas armamentistas y sectarias. Es necesario generar efectivas propuestas solidarias y antibélicas, para neutralizar y desmontar esos proyectos trasladados al ámbito latinoamericano. El diseño de la paz pasa por la defensa de la Cultura y la Educación, y la proscripción de los modelos de muerte, racismo, neocolonialismo y exterminio.

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