Renegociación del Tlcan: muchas señales de alarma

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Las banderas de Estados Unidos, Canadá y México, socios con diferencias en el Tlcan.

Renegociación del Tlcan: muchas señales de alarma

Por Martha Andrés Román
Corresponsal jefa de Prensa Latina en EE.UU.

Washington (PL) – La cuarta ronda de renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan), celebrada en Estados Unidos, terminó con más señales de alarma que las mostradas hasta ese momento en las tensas conversaciones.

El diálogo fijado en un inicio para celebrarse del 11 al 15 de octubre se prolongó finalmente por dos días más, y terminó con un comunicado trilateral y declaraciones particulares que evidenciaron las fuertes diferencias entre los miembros.

Para quienes defienden la continuidad del mecanismo vigente desde 1994 entre esta nación, México y Canadá, la buena noticia es que todos los miembros siguen en la mesa de negociación, con fecha para el próximo encuentro y una alegada voluntad de continuar el proceso de modificación.

Sin embargo, las malas noticias parecen mayoría, y unidas a las reiteradas amenazas del presidente estadounidense, Donald Trump, de ponerle fin al pacto si no lo considera lo suficientemente favorable para su país, son muchas las fuentes que se cuestionan el futuro del Tlcan.

Una señal de alerta que resultó de esta cuarta ronda de renegociación fue que se dio un plazo de un mes para celebrar la siguiente, cuando las conversaciones anteriores ocurrieron separadas por periodos más cortos.

La Ciudad de México será el escenario de la siguiente etapa, del 17 al 21 de noviembre, pues los jefes negociadores pidieron a sus equipos aprovechar ese tiempo para explorar formas creativas de salvar las lagunas y las “diferencias conceptuales significativas” entre las tres naciones.

En el comunicado suscrito por todos los miembros se reconoció la existencia de propuestas que han creado grandes desafíos.

A fin de tratar de superar esos desacuerdos, “las partes planean tener un periodo entre sesiones más largo para evaluar todas las propuestas”, indicó el texto leído por el representante comercial estadounidense, Robert Lighthizer.

Junto a la canciller canadiense, Chrystia Freeland, y el secretario mexicano de Economía, Ildefonso Guajardo, el titular anfitrión confirmó, además, que se programarán reuniones adicionales durante el primer trimestre de 2018, pese al deseo anterior de concluir el rediseño este año.

Los socios del Tlcan están trabajando arduamente para garantizar que el nuevo acuerdo proporcione un marco sólido para crear empleos, crecimiento económico y oportunidades para la gente de América del Norte, manifestaron en la declaración.

¿Diferencias irreconciliables?

El tono más conciliador del texto conjunto pareció desvanecerse cuando las partes hablaron por separado.

Durante los siete días de trabajo varios medios de prensa divulgaron que Estados Unidos había realizado exigencias sobre las que México y Canadá no estaban dispuestos a ceder, y esa postura evidentemente molestó a Washington.

De acuerdo con el representante estadounidense, su país tuvo dos objetivos con estas conversaciones: actualizar un acuerdo de 23 años para “reflejar nuestra economía moderna” y reducir el déficit comercial de 500.000 millones de dólares con los otros integrantes del mecanismo.

Pero Lighthizer se dijo sorprendido y decepcionado porque los socios negociadores se resistieron a realizar modificaciones en ambas prioridades.

Hubiera pensado que, por ejemplo, podríamos haber aprobado capítulos relacionados con el comercio digital, las telecomunicaciones, la anticorrupción y varios anexos sectoriales, apuntó.

El funcionario de la administración Trump sostuvo que no ha visto ningún indicio de que las otras partes “estén dispuestas a realizar cambios que produzcan un reequilibrio y una disminución en estos enormes déficits comerciales”.

Ahora entiendo que después de muchos años de beneficios unilaterales, sus compañías se han vuelto dependientes de preferencias especiales y no sólo de ventajas comparativas. Los países son renuentes a renunciar a una ventaja injusta, manifestó.

Las exigencias a las que se oponen México y Canadá incluyen modificar las reglas de origen en la industria automotriz, imponer una cláusula de expiración del Tlcan y terminar los mecanismos de solución de controversias.

Según las reglas de origen actuales, para evitar impuestos fronterizos un automóvil debe tener al menos el 62 por ciento de sus partes provenientes de cualquiera de los tres territorios de América del Norte.

Pero Washington propuso elevar ese umbral al 85 por ciento y que la mitad de esa cifra proceda de Estados Unidos.

En cuanto a la cláusula de extinción, en tanto, la administración estadounidense busca que el acuerdo expire a los cinco años a menos que todos los miembros se inscriban para el quinquenio siguiente, lo cual crearía demasiada incertidumbre para la inversión extranjera, según los críticos de esa demanda.

Con relación al tema de las controversias, este territorio desea eliminar la posibilidad de que empresas extranjeras puedan demandar a los gobiernos, al argumentar que esa sección del tratado constituye una invasión a la soberanía nacional.

Para los otros dos socios, en tanto, es necesario mantener ese apartado para evitar que se reste confianza a los inversionistas al dejar en mano de los países el arreglo de discrepancias comerciales.

La agencia Bloomberg lo resume de este modo: “Trump quiere diluir los procedimientos de solución de diferencias del pacto, vitales para asegurar a las economías más pequeñas que sus intereses no serán pisoteados”.

A decir del medio, el mandatario republicano desea normas de contenido local más fuertes para el comercio del Tlcan, lo que interrumpiría las cadenas de suministro y desalentaría el intercambio intrarregional.

Él también quiere una cláusula de extinción con la cual se gestaría un acuerdo temporal, en lugar del sistema de comercio establecido y predecible que es, apuntó la publicación.

Rechazar esas demandas, de acuerdo con el secretario mexicano de Economía, no se trata de una postura de intransigencia, sino de sensatez.

“Nuestro país sigue buscando soluciones constructivas y estamos dispuestos al diálogo, pero en orden, para que este esfuerzo pueda realmente tener beneficios”, afirmó Guajardo, quien llamó asegurarse de que las decisiones de hoy no los persigan mañana.

La canciller canadiense, a su vez, criticó la mentalidad de que un ganador se lo debe llevar todo y el enfoque que persigue socavar al Tlcan en lugar de modernizarlo.

En medio de esta coyuntura, algunos analistas señalan la posibilidad de que Washington realice exigencias tan difíciles de aceptar precisamente porque pretende con ello una retirada del tratado, a pesar de tantos sectores estadounidenses que se pronuncian por lo contrario.

Preguntada sobre el tema, la secretaria de prensa de la Casa Blanca respondió que el convenio comercial no está muerto, “todavía”.

Frente a los augurios de un posible fin, México y Ottawa toman medidas de cara a un posible fin del mecanismo.

Según el presidente de la nación latinoamericana, Enrique Peña Nieto, ante una eventual salida de Estados Unidos los otros dos miembros podrían mantener el acuerdo en términos bilaterales.

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