Reivindicación de los productores agropecuarios se convierte en bandera nacional

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Productores y consumidores en las calles.

Reivindicación de los productores agropecuarios se convierte en bandera nacional

  • La complejidad del momento obliga a los sectores más consecuentes a plantearse una salida a la crisis de la producción y comercialización de alimentos en Panamá.

Por Julio Santamaría Guerra
Investigador agrícola. Especialista en Innovación Institucional

Un gran movimiento nacional de protestas tiene a los productores agropecuarios enfrentados con el poder ejecutivo y sus políticas públicas para la agricultura. La principal reivindicación de los productores es la regulación (detener) las importaciones de alimentos que se producen en el país y la revisión/eliminación de la Autoridad Panameña de Seguridad de Alimentos (AUPSA).

Después de varios años de manifestaciones aisladas y localizadas, las principales organizaciones de productores agropecuarios del país han logrado ponerse de acuerdo para acciones conjuntas y plantear al gobierno un pliego de peticiones para atender con urgencia las carencias del sector agropecuario. Asimismo, han logrado acuerdo en cuanto a sus peticiones, las cuales son justas y representan no solamente el interés de los productores agropecuarios, sino de los consumidores y del país en general, porque reivindican de manera implícita la soberanía alimentaria como el derecho a producir y consumir lo nuestro y a diseñar y ejecutar una política agroalimentaria basada en ese interés nacional, con autonomía y democracia participativa.

La Alianza Estratégica Nacional marcha al lado de los productores.

Por quedarse en el ámbito reivindicativo, la protesta de los productores no cuestiona el sistema capitalista neoliberal, ni el modelo transitista de crecimiento económico nacional y menos aún, el modo de intervención para la producción y comercialización de alimentos, de alta dependencia de insumos externos, especialmente de los derivados del petróleo que amplía la brecha metabólica entre la actividad humana y la naturaleza.

Bajo las premisas de la revolución industrial, la agricultura capitalista se concibió y desarrollo privilegiando la mecanización, quimización e intensificación de monocultivos para la producción de commodities (materias primas) requeridos por la industria. Asimismo, fue concebida para ofrecer alimentos como mercancías de bajo costo que permitiera bajos salarios en las ciudades y excedentes de mano de obra para ampliar la reserva de trabajadores dispuestos a emplearse a cualquier precio. Esto funcionó dentro del sistema capitalista hasta que cambio el modo de acumulación bajo la égida del capital financiero, en detrimento del capital industrial productivista.

Modelo neoliberal empobrece a la gente

La globalización neoliberal exacerbó las contradicciones entre sectores productivos y entre países con grados diferenciados de desarrollo capitalista y estructuró un sistema agroalimentario corporativo. Es decir, ya no se trata de la agricultura en términos del proceso productivo, sino del dominio monopólico de unas cuantas empresas transnacionales, de la producción y comercialización de insumos y semillas por una parte y por otra, de la comercialización de los alimentos hasta llegar a la mesa de los consumidores. Atrapados entre dos conglomerados monopólicos los productores ven cada día el aumento de los costos de producción, la disminución de los precios reales de sus productos y el descenso de su renta, todo lo cual se expresa en el empobrecimiento rural.

Productores agropecuarios avanzan hacia la Presidencia de la República.

En Panamá, con un modelo económico dominado por el sector de servicios y concentrado en la zona de tránsito canalero, la agricultura fue abandonada a su suerte, mientras se desmantelaba la base productiva y los servicios de apoyo ofrecidos por instituciones del sector público agropecuario, creadas en los años setenta, cuando se pretendía la sustitución de importaciones agropecuarias. Con la restauración oligárquica impuesta por la invasión de 1989, el modelo político de alternancia en el poder entre los partidos que representan a la burguesía financiera, comercial y rentista, se profundizó el empobrecimiento rural, en el marco de una crisis generalizada en que los tres poderes del Estado han perdido credibilidad, en medio de la corrupción y clientelismo político que se manifiestan de manera generalizada, abierta y descarada.

Es así como el aporte de la agricultura, ganadería y silvicultura al Producto Interno Bruto disminuyó en términos relativos, pasando de 7,4 por ciento en 1994, a menos de dos por ciento en el 2016. Las importaciones de alimentos representan el 65 por ciento del consumo nacional y somos deficitarios en la producción de arroz, maíz, frijoles leche, cebolla y papa, entre otros rubros. También van en caída las exportaciones de productos agropecuarios, aumentando la brecha en la balanza comercial de productos agroalimentarios. Las importaciones de alimentosa ‒aunque los precios internacionales sean estacionalmente menores a los nuestros y se relajen las normas de calidad e inocuidad para los productos importados‒, no se traducen en menores precios de los alimentos a los consumidores. La balanza comercial con países con los que Panamá firmó 22 Tratados de Libre Comercio” también es deficitaria. Las relaciones de intercambio favorecen solamente a los importadores.

Agricultores demandan el funcionamiento del proyecto de riego Remigio Rojas en la provincia de Chiriquí.

La producción de alimentos también está en medio de críticas y nuevas exigencias por su desarrollo tecnológico, enfocado más en la eficiencia productiva y la rentabilidad económica que en la salud humana y ambiental. Por lo tanto, el modo de intervención para la producción de alimentos, requiere introducir cambios sustanciales orientados a mejorar la inocuidad de los alimentos, la eficiencia energética y tecnológica de la producción agropecuaria y diseñar sistemas productivos que sean social y ecológicamente resilientes a eventos extremos, tanto ambientales (cambio climático), como a efectos perversos del mercado nacional e internacional. Así, la transición hacia sistemas agroecológicos está ganando reconocimiento mundial por su aporte a la seguridad y soberanía alimentaria, y a la sostenibilidad de los modos de vida que dependen del mundo rural para su persistencia.

Hay que desmontar la farsa política

En la coyuntura, en medio de la farsa electoral que no va conducir a la superación de los problemas básicos del país y del pueblo, incluyendo los presentados por los productores agropecuarios, la ganancia a la que podemos aspirar de las movilizaciones que transcurren es el fortalecimiento de la unidad entre organizaciones de productores y de éstas con otras organizaciones del movimiento popular para actuar coordinadamente en un Frente de Acción Común, con el objetivo de transformar el Estado, adecentándolo y refundándolo con democracia económica, política y social.

Ni el órgano ejecutivo ni la Asamblea Nacional tienen hoy la solución a la problemática agraria que se agudiza diariamente. Los productores agropecuarios deben incorporarse a la lucha por una constituyente originaria, soberana y deliberativa para refundar el Estado y salvar al sector agropecuario y a la nación panameña.

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