Pianista Danilo Pérez utiliza el pentagrama para cambiar vidas de jóvenes en riesgo social

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Danilo Pérez. (Foto: Revista ARCADIA).

Por Deina Arrocha
Estudiante de Periodismo
Deynagisvel@gmail.com

“La buena música ayuda a crear buenos ciudadanos, pero la mala música crea corrupción”, dijo el pianista, compositor y jazzista panameño Danilo Pérez, en declaraciones exclusivas a Bayano digital, en las que resaltó la contribución musical al desarrollo y la influencia y poder transformador que puede tener una canción.

Pérez, de 52 años de edad y ganador del Premio Grammy, mantiene desde hace varias décadas el respaldo a jóvenes talentos con vocación musical en barrios pobres, donde son escasas las oportunidades para sufragar los gastos en una academia privada. De hecho, muchos de los resultados han sido vinculados al Panamá Jazz Festival, que dirige el músico desde 2003.

Adujo que el Panamá Jazz Festival “es la principal vitrina para el reclutamiento de nuevos artistas” con elevado potencial, quienes necesitan apoyo y orientación para poder descollar.

Su proyecto ha permitido que prospectos musicales que emergen en entornos hostiles en la urbe, encuentren en la buena música o en el dominio de los instrumentos musicales una oportunidad para dar un giro radical a sus vidas, en procura de un país con mejores ciudadanos y jóvenes responsables que valoren la Cultura.

“Desde hace siglos, la música ha sido utilizada como método de aprendizaje, relajación, comunicación, protesta y ayuda a la cohesión social”, lo que incita a los individuos a comprender la belleza de la vida y la paz, comentó Pérez en alusión a diversas propuestas regionales a favor de la masificación de la Cultura.

Un Si sostenido en Latinoamérica

Varias iniciativas de inclusión han sido emprendidas en Latinoamérica con el reconocimiento mundial, entre ellas la Orquesta de la Basura (Landfill Harmonic), en el pueblo de Cateura, Paraguay, donde hijos de pepenadores aprenden música con instrumentos fabricados con desechos en rellenos sanitarios.

El maestro paraguayo Luis Szarán, director de la iniciativa Sonidos de la Tierra, describió esa respuesta solidaria con una clara definición: “la música es la sonrisa del alma y el ser músico permite entrar en el alma de las personas”. Así surgió en Sudamérica un proyecto inspirador que convierte a la música en un elemento de transformación social en áreas empobrecidas.

Asimismo, en la ciudad de Medellín, Colombia, conductores de música unieron voluntades para que niños y adolescentes pobres vinculados a pandillas, cambiasen pistolas por violines y fuesen capaces de descubrir un nuevo camino hacia el encuentro con la Cultura, a través del hilo conductor de la música.

Ese principio ha sido asimilado por jóvenes talentos panameños, a quienes un encuentro inesperado con Bach, Beethoven, Liszt, Vivaldi, Brahms. Chopin, Händel, Albinoni, y representantes del canto lírico, ha abierto un abanico de posibilidades. Otros se han inclinado por la música popular afrocaribeña, o el jazz, un género musical que nació en Estados Unidos en el siglo XIX. En todos los casos, la clave de éxito ha sido la perseverancia en el estudio.

De lo elemental al estrellato

Pérez aún recuerda cómo materializó ese sueño a partir de la creación, en 2003, del Panamá Jazz Festival. A través de la Fundación que dirige, consiguió que la Asamblea Nacional de Diputados aprobase una de las primeras leyes en el mundo a favor de la música y la asignación de 250.000 dólares anuales como contribución económica directa a ese festival.

La Fundación Danilo Pérez fue creada en 2005 y busca canalizar el respaldo a favor de acciones integrales para beneficiar a niños y jóvenes con talento artístico. La organización trabaja en forma coordinada con la Alcaldía de Panamá, la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Panamá, el Instituto Nacional de Cultura (INAC), y recibe apoyo del Ministerio de Turismo.

Como parte de los objetivos trazados, la Fundación ofrece becas a prodigios carentes de recursos económicos, con la idea de que los beneficiarios puedan acceder a las artes, talleres de capacitación y se conviertan en artistas profesionales. Esas actividades de formación están dirigidas a todo público, con el fin de fortalecer la Educación y la Cultura en Panamá.

Pérez resaltó que, debido al impulso a favor de la formación musical, algunos jóvenes panameños han podido ingresar en centros de prestigio como Berklee College of Music, New England Conservatory y el Conservatorio de Música de Puerto Rico, de donde han salido formados como grandes músicos.

Niños y niñas reciben clases de música en el Panama Jazz Festival.

Tocando vidas

Pérez comenzó en la música a la edad de tres años, cuando fue entrenado por su padre, quien era un cantante y líder de orquesta, lo que permitió su ingreso a un mundo de notas y acordes que lo cautivó e inspiró para seguir perfeccionándose.

A la edad de 10 años, estudió el repertorio de piano clásico europeo en el Conservatorio Nacional de Panamá. Después de graduarse en electrónica, se ganó una beca para ingresar en el Indiana University de Pennsylvania, Estados Unidos, y en 1985 estudió jazz en el Berklee College of Music.

Entre 1985 y 1988, cuando aún era estudiante, compartió con celebridades como Jon Hendricks, Terence Blanchard, Claudio Roditi y Paquito D’Rivera. Adicionalmente, produjo el disco Reunión y tocó en el disco ganador de un Grammy, Danzón.

En la década de 1980, grabó con varios jazzistas de renombre, entre ellos Dizzy Gillespie, Jack DeJohnette, Charlie Haden, Michael Brecker, Joe Lovano, Tito Puente, Gerardo Núñez, Wynton Marsalis, John Patitucci, Tom Harrell, Gary Burton, Wayne Shorter, Roy Haynes y Steve Lacy.

El pianista panameño formó parte de la Orquesta de las Naciones Unidas dirigida por Dizzy Gillespie, y fue el integrante más joven del grupo. Asimiló los estilos del be-bop y post-bop y fue miembro del disco premiado con un Grammy, Live At The Royal Festival, y embajador de buena voluntad de la UNESCO.

Pese a todos los trofeos y galardones obtenidos, el músico panameño no se ha dejado obnubilar por la fama y trabaja en su proyecto de jóvenes que representan el relevo generacional. Con la batuta en la mano del Panama Jazz Festival, busca abrir nuevos espacios y escenarios a los menos favorecidos.

Pérez resaltó que el “sector naranja”, como es conocida el área artística del país, contribuye con el tres por ciento a la economía nacional y, pese a ello, no se genera desde las altas esferas el apoyo suficiente a los nuevos artistas nacionales, quienes tienen mucho que dar a favor del desarrollo cultural del país.

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