Perdidos en el Espacio y atrapados sin retorno

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Con el sugestivo nombre de “Lost in Space” (Perdidos en el Espacio), la CBS creo a fines de la década de 1960 una comedia infantil de ciencia ficción para la TV, sobre una familia que arriba a un planeta desconocido y no puede regresar al terruño. Los viajeros sobreviven con la ayuda de un robot que repite las frases “Peligro” y “No es computable”, en aquella odisea sideral absurda.

El argumento de esa historia podría ser adaptado a la realidad panameña, donde la nave del Estado es conducida en forma arbitraria y en curso de colisión, en situaciones complejas, pero alejada de un plan coherente de vuelo para emprender una peligrosa travesía, sin escuchar las señales de alarma sobre las amenazas que se ciernen sobre la tripulación y los que confían en ella.

En una crisis institucional y de evidente falta de liderazgo, el gobierno aparece rodeado de peligros internos y externos generados por la falta de articulación de una estrategia de desarrollo nacional y el impacto de sucesivos escándalos financieros y de corrupción que han maniatado a la actual administración, aislándola de la matriz social y exponiéndola a los duros reclamos poblacionales.

La dificultad de gobernar es una consecuencia lógica de la falta de interés de entenderse con una clase popular irritada con el ejercicio de una política de usurpación de bienes públicos y la inaceptable alianza con las elites que representan al capital financiero, con el objetivo de materializar un proyecto concentrador y excluyente que genera dependencia y una marcada pérdida de la soberanía.

El gobierno decidió embarcarse en esa aventura que ha provocado fisuras en la conexión con los órganos judicial y legislativo, lo que deja expuestas a sus figuras más emblemáticas. A esas desventajas se suman el alto grado de subordinación externa oficial y la incapacidad de lidiar con la carga de problemas sociales creados por las contradicciones del modelo inhumano e insostenible.

Empecinado en proseguir al frente de una gestión pública que favorece al gran capital, el gobierno no atina a elegir la opción del dialogo y la concertación, ante el creciente número de personas indignadas que exigen un rumbo claro de la nave del Estado, en la que faltan tripulantes experimentados para salvarla y evitar que encalle a causa de la crisis y tormentas políticas devastadoras.

El gobierno está perdido en el espacio y las medidas de fuerza a las que puede recurrir serán insuficientes para controlar situaciones explosivas de coyuntura que desnudan las falencias del ostentoso equipo presidencial. Es evidente que haberse alejado de su primera agenda y las promesas de campaña, sin un plan de respaldo, exponen al oficialismo a un nivel crítico, con riesgo elevado de fracaso.

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