Participación del sector agropecuario en la economía, cerca de desaparecer

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En los últimos 15 años, se perdieron más de 100.000 hectáreas de producción.

El presente trabajo periodístico muestra el serio reto del sector agropecuario, enfrentado a desafíos económicos, políticos y sociales. Debido a su valor documental, compartimos con los seguidores de Bayano digital el contenido de este artículo que pone de relieve la crisis que alcanza a muchos productores panameños.

En 1950, el sector agropecuario representaba un cuarto de la producción de la economía nacional (25%), pero 66 años después solo un 2.2%

Mirta Rodríguez P.
mrodriguez@laestrella.com.pa

La participación del sector agropecuario en la economía nacional apunta a desaparecer en los siguientes años. Así lo demuestra la tendencia de estadísticas oficiales que publica la Contraloría General de la República.

En 1950, el valor de la actividad económica agropecuaria, medido a través del Producto Interno Bruto (PIB), representaba el 25% del valor total de la producción nacional. A mediados de los 50, por cada dólar que se generaba en el país, 25 centésimos eran producidos por el sector agropecuario.

A partir de 1950, se observa un fuerte deterioro del peso de este sector económico en el PIB nacional. Como resultado, veinte años después, en 1970, el aporte del sector agropecuario a la economía nacional se redujo a 15%.

Después de los 70, la pérdida del peso de esta actividad económica persistió. En el año 2000, el PIB del sector agropecuario representaba apenas el 7% de la economía nacional.

Cuando se pensó que la situación había tocado fondo para los productores, resultó que no era así. En 2010, la participación del sector agropecuario en la economía nacional descendió a apenas 3.1% y en 2015 se ubicó en apenas un 2.2%.

En 2016, las cifras de la Contraloría General de la República revelan que la caída económica del sector agropecuario no se pudo detener, y que su participación en la economía nacional volvió a descender, cuando se redujo a 2.2%.

Competencia salvaje

Con la apertura de los mercados y la firma de acuerdos y tratados de libre comercio, a partir de la década de 2000, el sector agropecuario fue arrojado a un modelo de competencia salvaje, pero con el compromiso del gobierno de mejorar su capacidad de competir tanto en el mercado nacional como internacional.

En este nuevo modelo de competencia para el campo panameño, el gobierno se había comprometido a realizar importantes inversiones públicas para mejorar las capacidades de este sector.

Los compromisos gubernamentales involucraban inversiones en sistemas de riego para el campo, y construir y poner en operación la cadena de frío, los mercados periféricos, infraestructuras para almacenamientos y centros de acopio, entre otros.

Es decir, el Estado debía invertir en la logística que requiere el sector agropecuario para poder competir en el mercado nacional e internacional, al igual que lo ha hecho para otros sectores de la economía.

Por ejemplo, en el Aeropuerto Internacional de Tocumen el Gobierno ha invertido varios miles de millones de dólares, lo que ha permitido convertir a Panamá en el “Hub de la Américas” y un centro de trasbordo internacional de pasajeros altamente competitivo.

Además de los compromisos anteriores, el Gobierno debía fortalecer las capacidades del Instituto de Investigación Agropecuaria de Panamá (IDIAP) y mejorar, para el sector agropecuario, el financiamiento del Banco de Desarrollo Agropecuario y el Banco Nacional de Panamá, y los seguros que ofrece el Instituto de Seguros Agropecuarios.

Igualmente, debía fortalecer las capacidades de capacitación para el campo, sobre todo del Instituto Nacional de Formación Profesional y Capacitación para el Desarrollo Humano, el Instituto Nacional de Agricultura, la Universidad de Panamá, el Ministerio de Desarrollo Agropecuario y otras entidades.

Lo que sí hizo realidad el Gobierno, fueron sus compromisos con la Organización Mundial del Comercio, cuando eliminó algunos incentivos y subsidios al sector.

El resto de los compromisos con el campo panameño siguen a la espera.

Como resultado de todo lo anterior, en Panamá se perdieron más de cien mil hectáreas de producción agropecuaria en los últimos quince años y las exportaciones agropecuarias se redujeron más de la mitad en los últimos nueve años.

Escasez de mano de obra

A la situación anterior se suma la escasez de mano de obra en el sector agropecuario, producto —principalmente— de que otras actividades ofrecen mejores condiciones económicas y estabilidad laboral.

La falta de mano de obra en el campo panameño fue reconocida por el ministro de Desarrollo Agropecuario, en una entrevista previa, en la que sostuvo que está consciente de que la oferta laboral en el campo es cada vez más limitada, y sobre todo en las provincias centrales.

“La demanda laboral agropecuaria es creciente y la oferta es menor. Incluso el MIDA ha tenido dificultades para conseguir personal especializado en algunas de las regiones del país. En Chiriquí y Bocas del Toro la situación es menos preocupante”, aclaró el ministro Carles.

Sobre los rezagos en el crecimiento económico del sector agropecuario, el ministro Carles sostiene que, actualmente, el Gobierno se concentra en crear un mejor ambiente para la inversión privada. “En los próximos años, tendremos un sector productivo que verá la luz”, concluyó Carles.

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