Para tener un país seguro hay vencer la inseguridad

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Para tener un país seguro hay vencer la inseguridad

Las encuestas de opinión realizadas en áreas urbanas y rurales de Panamá en los últimos años colocan en primer plano la percepción de inseguridad de los ciudadanos. De hecho, ese ha sido el talón de Aquiles de la administración del presidente Juan Carlos Varela, quien asumió el timón del Estado en 2014, con la promesa de devolver la tranquilidad a las familias azotadas por el crimen.

Algunos hechos ejercidos con brutalidad y alevosía han encendido las alarmas y los pedidos urgentes de la población para delinear un nuevo y eficiente sistema de seguridad pública en el país: la muerte a tiros de dos policías en la provincia de Panamá, las ejecuciones sumarias y el incendio de una cárcel y un cuartel policial en la occidental provincia de Chiriquí. Esos sucesos muestran una cadena de debilidades ante el delito, y demandan exhaustiva evaluación.

Sin embargo, para alcanzar éxitos notables en materia de Seguridad se necesita un claro diagnóstico de todas las falencias institucionales de organismos diseñados tras el desmantelamiento de las Fuerzas de Defensa. Una Fuerza Pública reducida y mal armada emanó de los gobiernos post invasión, a los que poco importaba el concepto de custodia militar del Estado soberano y la identidad nacional.

Un país seguro no puede surgir de una población insegura y de cuerpos policiales seducidos por mafias asesinas. Se requiere un gran espíritu de cuerpo, formación patriótica, lealtad al uniforme, valentía, firme disposición de combate contra el crimen y compromiso de amor al pueblo. Una fuerza policial manipulada, desmotivada y ridiculizada jamás podrá alcanzar esas metas.

En las últimas dos décadas, la Policía Nacional y otros estamentos de la Fuerza Pública han sido arrinconados por grupos del crimen organizado, así como por la reestructuración de las pandillas y el surgimiento de bandas responsables de proteger el ilegal trasiego internacional de drogas. Algunos agentes se han pasado al lado oscuro, y ello es un claro síntoma del deterioro institucional.

La lucha contra el crimen demanda, además, una intensiva labor de Inteligencia, y la necesaria fortaleza para enfrentar al poder dominante, donde hay evidencias de penetración flagrante de los tentáculos del narcotráfico, así como de grupos políticos asociados al fraude. Un cambio de enfoque no es suficiente. Se requiere nueva estrategia y voluntad para luchar unidos contra el crimen, en vez de tolerar que los delincuentes pasen por encima de la población.

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