Panamá y la OEA: relación de desventajas

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La OEA da señales de fraccionamiento.

Por Federico Tuñón Wong

En el centenario del origen de la Organización de Estados Americanos (OEA), se da uno de los mayores genocidios sufrido por pueblo americano. El maestro José Martí llamaba el “Convite” de Washington”, a la Conferencia Internacional Americana.

El enfrentamiento con Inglaterra presionaba al novel y pujante capital monopólico yankee a lograr un organismo regional. El pretexto fue la unificación aduanera continental.

De la conferencia en 1889, sólo unos meses bastó y en 1890 se funda la Unión internacional de Repúblicas Americanas. Cambia su denominación en 1910 a Unión Panamericana.

Se desarrolla un proceso de institucionalización jurídico político: Corte Interamericana de Justicia, Convención de derechos y deberes de los miembros, Código Bustamante, etc.

En 1948, luego de la Segunda Guerra Mundial, se funda la OEA.

El reparto del mundo postguerra se hace efectivo.

Así, en 1962, sanciona a Cuba con la expulsión.

Antes, en 1950, se funda el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

En 1965, Estados Unidos invade República Dominicana con el silencio unánime de la OEA. Ocurrió igual que en muchas intervenciones realizadas por el país más genocida del mundo, en los que ellos denominan su patio trasero.

En 1964, el ejército estadounidense desató una masacre en Panamá, con in saldo de varias decenas de panameños asesinados al tratar e izar la enseña patria en la antigua Zona del Canal.

Debido a ello, Panamá rompió relaciones diplomáticas con Estados Unidos. La OEA nombró entonces una comisión. Los panameños exigieron que el acto fuese calificado de agresión armada. Sin embargo, ese objetivo no se logró, pese a estar documentado con informes de agresiones registradas en 1958 y 1959. La comisión integrada por diversas representaciones de países latinoamericanos se pronunció dócil: “uso innecesario de la fuerza”

Meses después de la gesta de 1964, iniciada por los mártires, fueron reiniciadas las relaciones con Estados Unidos y comenzaron las negociaciones para los nuevos tratados del Canal. La lucha por la descolonización continuó.

La OEA siguió su actitud de debilidad ante el imperialismo. Durante la década de 1970 se reactivó el histórico reclamo de descolonización, que cristalizó en la firma de los Tratados Torrijos-Carter, en 1977. En 1982, la OEA refleja inoperancia en la Guerra de las Malvinas.

Durante la Revolución Sandinista, Washington se empeñó en destruir el avance Nicaragua y de otras fuerzas revolucionarias en Centroamérica para mantener su hegemonía. En ese período, Noriega se insubordinó y Estados Unidos decidió derrocarlo.

La OEA fue nuevamente contra Panamá. En Resolución del 17 de mayo de 1989 decía la OEA: “Que los graves acontecimientos y abusos del Gral. Manuel A. Noriega en la crisis y elecciones podrían desatar una escalada de violencia con los consiguientes riesgos a la vida e integridad de los panameños”. Condicionaban favorablemente la probable invasión genocida de George Bush padre.

La OEA violó su propia Carta Democrática, la cual reconoce el derecho a la no intervención. Incluso, la OEA cometió un exabrupto al pedirle al general Noriega que entregase el poder a la oposición, sin terminar de contar los votos. En ninguna de las provocaciones y agresiones de Estados Unidos contra Panamá se pronunció ese organismo del sistema interamericano.

En la invasión a Panamá fue utilizada una logística militar avanzada. Todavía es inmedible cuántos murieron. La ruindad prevaleció. Destruyeron a Panamá en sus estructuras económicas, políticas, sociales y culturales, y aún perduran las secuelas. Seguimos afectados por su secuela. No estamos repuestos.

Hoy, no existe reconocimiento oficial e internacional de la invasión. No hay responsables del delito de genocidio y demás crímenes. No se ha indemnizado a nadie. El rol de la OEA es nulo, como de costumbre. Sólo favorece a Estados Unidos.

Después de Vietnam, Panamá fue el objetivo donde más fuerza psicológica y convencional fue utilizada. La realidad de los vejámenes de la OEA en detrimento del pueblo panameño no termina con la invasión genocida de George Bush padre.

Hace un año, el flamante secretario general de la OEA, Luis Almagro, opinó en los medios frente al plan imperialista de monopolizar centros financieros y habló sobre los llamados “Panama Papers”, que desataron un escándalo financiero,

La opinión de Almagro se tradujo en una censura a los políticos de los gobiernos de países que representa como secretario general de la OEA. Especuló, sin mediar consulta, investigación o argumento alguno. Respecto a Panamá dijo: “Debía estar ajustando su legislación y transparencia”. Olvidó mencionar que hay centros financieros en Estados Unidos, Canarias, Bahamas, Francia, Inglaterra, Hong Kong. Ese daño en la imagen reputacional tampoco ha sido resarcido al pueblo panameño.

Finalmente, es necesario destacar que el procedimiento de la OEA respecto a Brasil, Paraguay, Honduras, y los golpes producidos han sido totalmente ilegales e inadecuados. Peor, la complicidad delictiva contra el hermano pueblo de Venezuela. La OEA está en extinción. No olvidemos a Miguel Ángel Rodríguez y su corta estadía al frente del organismo. Sin duda, Almagro está acelerando su final. de la OEA.

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