Panamá tras la sombra de la manipulación

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Sumida en un sentimiento de abandono e incredulidad, la población panameña reacciona con desdén ante la oferta de partidos políticos atados a arreglos tras bastidores para manejar en forma holgada el clientelismo del que dependen las candidaturas y el patrocino de los nominados que surgirán en los comicios generales de 2019. Ello pone a prueba el libreto de subordinación aplicado para tratar de desarticular a los movimientos de indignados y quienes proponen transformar por vías distintas la realidad social imperante.

Es evidente el malestar demostrado por ciudadanos que rechazan el espectáculo circense que ofreció al país la Asamblea Nacional, en busca de una mayoría oficialista dócil y maleable. Para alcanzar ese objetivo oficialista, varios parlamentarios fueron obligados a ejercer el transfuguismo y elevar a la jefatura de ese órgano del Estado a una figura sustraída del opositor partido Cambio Democrático (CD), en un hecho que desfigura el concepto de armonía e independencia de el trinomio que debería asegurar un balance democrático.

No fue una jugada política aislada, surgida de la agitación interna en el hemiciclo lleno de desavenencias. La presidenta de la Cámara Legislativa fue postulada para opacar un divorcio con elementos del opositor Partido Revolucionario Democrático (PRD), cuya extraña relación carecía de futuro. Por ello, cuando se anunció la suspensión de las donaciones permitidas a los diputados, esas palabras tuvieron un tono de sorna que abochorna a un pueblo ávido de Justicia y opuesto a la validación de la impunidad en casos de alto perfil.

El control absoluto de los tres órganos del Estado por una clase económica gobernante, engreída y dueña de los grandes negocios financieros del país, va más allá de la oferta electoral. En realidad, con ello se asegura un mecanismo de manipulación para tratar de contener la crisis que se asoma a causa del desgaste del mandato presidencial, el amarre de los negociados y el pobre desempeño económico, respecto a otros períodos administrativos.

Obviamente, la colocación en línea de los tres poderes del Estado no contendrá a un movimiento contestatario emergente que enfrenta al modelo de expolio y la privatización. Las máscaras intercambiables de los políticos que entran en escena e intentan seducir a los espectadores, como en el teatro chino, ya perdieron atractivo frente al electorado vejado y ridiculizado, y ofendido por el estallido de numerosos escándalos y el descarado asalto al erario público.

Las manipulaciones políticas en Panamá no son bien recibidas por la opinión pública y se acentúan en momentos decisivos para América Latina. En ese escenario, las organizaciones sociales beligerantes tienen la obligación de desarrollar una agenda vigorosa, apegada al interés nacional, aunque ello implique generar nuevas alianzas y fórmulas de avenimiento. Reorientar a la nave del Estado demanda valor, entereza y compromiso patriótico, para salvar al país del marasmo y del endeudamiento externo y el desenfreno.

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