Panamá en la era de la subordinación

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Hubo un tiempo en que Panamá encaró con firmeza los problemas internacionales para recuperar los derechos inalienables que habían sido conculcados por fuerzas extranjeras. Esa forma de proceder encuentra asidero en la frase: “siempre de pie, nunca de rodillas”, que acuñó el desaparecido general Omar Torrijos en la estrategia diplomática y política emprendida con audacia para recabar apoyo internacional al proyecto nacionalista y soberano panameño.

Las manifestaciones de coraje y habilidad negociadora que sobresalieron en la década de 1970 se desmoronaron años después y las posiciones oficialistas se hicieron más proclives a los dictados de Washington. Con el ascenso de Donald Trump a la Casa Blanca, ha sido articulado un nuevo esquema de sometimiento, pero esta vez más radical y grotesco, en el que se exige a países subordinados, entre ellos Panamá, lealtad absoluta en temas de Seguridad.

Lejos de esgrimir el manoseado papel de paladín de la democracia y los derechos humanos, Estados Unidos volvió a humillar a México, por segunda vez en la historia. Primero, le arrebató con cañones y amenazas gran parte de su territorio y ahora deporta en masa a los mexicanos, pese a que ambos países mantienen vigente un tratado de libre comercio. Washington no ha reparado en miramientos para llevar al extremo a sus vecinos, y exigirles que se hinquen.

Ese modelo de imposiciones se deriva del complejo escenario que enfrenta Estados Unidos para mantener su hegemonía militar en un mundo cada vez más contestatario, donde desaparecen las opciones de sostenibilidad para un modelo económico neoliberal con señales de deterioro A ello se debe que Panamá haya sido llamado para recibir una nueva cartilla de instrucciones de manos del presidente estadounidense. La tarjeta de invitación extendida al presidente Juan Carlos Varela muestra un camino enrarecido a Washington.

En ese sentido, Panamá debe definir una clara política exterior hacia Estados Unidos, y no esperar a que le impongan agendas externas difíciles de cumplir sin que aumente la fragilidad interna. Hoy, no tiene cabida conceder el territorio nacional para conspirar contra países y pueblos hermanos de la región. El importante patrimonio canalero, conquistado a través de gestas soberanas, no puede ser entregado alegremente a potencias extranjeras involucradas en proyectos bélicos desestabilizadores e intervencionistas.

Si hay un hecho histórico que hizo grande a los panameños, fue, precisamente, la lucha por su soberanía y el coraje de varias generaciones que se inmolaron para recuperar el territorio usurpado y el Canal, al que Panamá asignó la neutralidad permanente. Es deber de todos, la defensa de ese principio y asumir una postura erguida, sin dobleces, cuando Washington intenten poner a este país de rodillas y despojarlo de su dignidad, en la búsqueda de un nuevo orden mundial inspirado en la fuerza, las armas y la exclusión.

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