Omar Torrijos en la conciencia de los panameños

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Omar Torrijos.

Omar Torrijos en la conciencia de los panameños

  • (Intervención de Ricardo De La Espriella, ex presidente de la República, en los 35 años de la desaparición física del General Omar Torrijos, en acto realizado en la Fundación Omar Torrijos).

No es para mí fácil hablar de Omar Torrijos porque me emocionan los recuerdos y mi corazón llora la pérdida del amigo.

Quisiera hoy recordar con ustedes a ese Omar, ser humano como nosotros, no al Jefe de Estado y su actuar. Quiero más bien referirme a él como el hombre sencillo, común, con sus virtudes y debilidades.

Ya se ha hablado bastante sobre sus obras, sus logros, sus realizaciones y los cambios que logró hacer para el país.

Realmente todos sufrimos, por diferentes razones, la perdida de Omar.

Pero quien más sufrió fue el propio país que perdió a su Paladín. Al hombre que le importaba su pueblo y que sufría con él sus vicisitudes.

Omar fue un ser humano muy sensible y le dolía profundamente el sufrimiento de los pobres.

Su primera preocupación fue siempre el ser humano. Por eso, para los que lo conocimos nos es absurdo el ataque de sus enemigos acusándolo de dictador asesino.

Para él no había nada más sagrado que el derecho a la vida, y luchó porque siempre se respetara el derecho del hombre a ser mejor; a tener una educación que le permitiera superar la pobreza y que le consiguiese una vida mejor y digna.

Le preocupaba el futuro de la niñez panameña. Por eso construyó escuelas en los lugares más recónditos del país, porque creía que la educación era el camino para lograr esa vida mejor.

Estos sentimientos sólo podrían provenir de un hombre sano, de corazón noble, porque había vivido en carne propia las privaciones de la pobreza.

Fue amigo y maestro, autodidacta, tenía avidez por el conocimiento. Trató siempre de rodearse de gente que él consideraba lo podrían ayudar a tener más conocimientos de todo.

Recuerdo sus discusiones filosóficas y de principios con su amigo Chuchú Martínez. Recuerdo sus encuentros con García Márquez y con otros intelectuales, como el presidente López Michelsen, con Graham Green, con su amigo Rómulo Escobar, a quien consideraba un intelectual y hombre práctico, y con el que siempre discutía sus planteamientos políticos

Poseía un conocimiento nato de la conducta humana. Le decía a sus subalternos que nunca arrestaran a un hombre frente a sus hijos, por las consecuencias que eso producía.

“Yo trabajo con los componentes buenos del hombre, hasta que él me demuestre lo contrario”.

Siempre decía que había que mirar atrás de la persona, porque todos teníamos familia e hijos y eso era un indicador de la clase de persona que éramos.

Era un gran organizador y le gustaba el trabajo en equipo. Era tolerante en extremo y aceptaba la crítica por dura que fuera.

Un día, un periodista de un tabloide publicó una columna muy dura y ofensiva en su contra. Algunos nos sentimos muy molestos y dos de nosotros fuimos a verlo, para decirle, que este tipo de libelos no se podían permitir. La respuesta de él fue una enseñanza que nunca olvidamos: Ustedes porque vienen a mi casa a faltarme el respeto. ¿Ustedes piensan que el Torrijos del cual ese señor habla soy yo? Yo no sé qué Torrijos habla él, ni me interesa, pero de mí no es.

A Omar no le gustaba la ostentación; por el contrario, siempre fue sencillo y no le gustaba el alarde de poder en ningún momento, ni para transitar por calles congestionadas.

Jamás cargaba dinero, cuando necesitaba siempre le pedía prestado a sus jefes de escolta o a sus amigos que le acompañaban en ese momento. Se jactaba de no haber firmado nunca un cheque ni haber tenido una cuenta bancaria. Decía que el dinero era el gran corruptor de los hombres. Les decía a sus amigos que si a él le llegaba a pasarle algo, que ayudaran a sus hijos a educarse.

Cuando regresaba de un viaje al exterior donde le habían honrado con muchos “bombos y platillos” como decía él, pedía que lo dejaran en Rio Hato y allí, tomaba el Twin Otter y se iba a Coclesito a poner los pies en la tierra, a volver a sus orígenes. Nunca aceptaba recibimientos y homenajes al volver de sus exitosos viajes. He ahí una muestra de su humildad.

Por ahí andan con la teoría nuevamente del accidente. Tengo muchas razones, como también la tienen muchos compañeros, por la cual no la aceptamos.

A Omar, nos lo quitaron hace 35 años. ¿Quiénes exactamente fueron? Es todavía una incógnita. Pero ello causó mucha felicidad a sus permanentes enemigos, quienes aún todos los días se toman su dosis de odio y quisieran poder seguir matándolo, con sus falsedades y amarguras.

Jamás podrán aceptar que un hombre nato del pueblo, un cholo de Veraguas, los despojó del poder que creían suyo por derecho divino, y les cambió el país para siempre.

¡Viva Omar Torrijos!

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