Malestar en el Kremlin tras reunión de ministros de Defensa de la OTAN

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Malestar en el Kremlin tras reunión de ministros de Defensa de la OTAN

Por Juan Pablo Duch
Corresponsal del periódico La Jornada

Moscú, feb – La decisión de los ministros de Defensa de los 28 países que forman la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que concluyeron el jueves su reunión de dos días en Bruselas, de reforzar la “presencia militar” de este bloque –financiado en cerca de 70 por ciento por Estados Unidos– en su franja oriental, causó gran malestar en el Kremlin.

La OTAN busca justificar el despliegue de una “pequeña fuerza multinacional rotatoria de soldados y armamento” en la frontera misma con Rusia –desde Estonia, Letonia y Lituania hasta Polonia– con una dudosa tesis: la pretendida necesidad de “disuadir” a Moscú, calificado de “amenaza”, de cometer “una agresión contra cualquier país miembro” de la alianza noratlántica.

Planteado en esos términos, es una inaceptable afrenta para Rusia. El Kremlin, aunque no dudaría en recurrir a su arsenal nuclear –como lo determina su renovada doctrina militar–, para repeler una agresión foránea, tampoco ha dado muestras de tener intenciones suicidas de atacar a ningún país de la OTAN, consciente de que cualquiera de estos dos eventuales escenarios desataría como respuesta una hecatombe nuclear.

Considera, por el contrario, que la decisión tomada en Bruselas es un nuevo gesto hostil hacia Moscú, por cuanto desestabiliza la región al poner en tela de juicio el Acta Fundacional de Relaciones Mutuas, Cooperación y Seguridad, documento que establece las reglas de convivencia entre Rusia y la OTAN desde que se firmó en 1997.

Según este pacto, la OTAN se compromete a no estacionar tropas de modo permanente en la frontera con Rusia, recordó en una primera reacción de la cancillería rusa su director de control de armamentos, Mijail Ulianov. Por ello, haciendo gala de malabarismo verbal, la OTAN elude el término “permanente” y habla de una presencia militar “persistente” o duradera”, conceptos cuya temporalidad supuestamente tiene un comienzo y un fin.

Rusia sigue muy de cerca los movimientos de la OTAN junto a sus fronteras, toda vez que, aparte de esta fuerza multinacional que se va a crear, la alianza noratlántica este año pondrá a funcionar en países de Europa central y del este ocho centros de coordinación en situaciones de crisis –con hasta 40 especialistas militares cada uno– y centro de mando único desde Lituania.

En la franja occidental de la alianza en Europa, existe también una fuerza de reacción rápida con 40 mil soldados y armamento adicional, formada por la OTAN después de la anexión de Crimea por Rusia, y se acaba de anunciar que Estados Unidos va a proporcionar este año a la alianza atlántica 3.400 millones de dólares para habilitar antiguas infraestructuras de la guerra fría, que volverán a albergar tanques, carros blindados, piezas de artillería y efectivos, entre ellos un contingente estadunidense de 5.000 soldados.

Pero Moscú no sólo observa, también exhibe su capacidad de defensa ante una hipotética agresión. El Kremlin informó que se desarrollan con éxito las maniobras que el presidente Vladimir Putin ordenó realizar de manera sorpresa, hace tres días, al poner en estado de alerta las tropas y la aviación de combate del distrito militar sur, que incluye la región del Cáucaso del norte, Crimea y tres bases militares fuera del territorio ruso: en Armenia, Abjazia y Osetia del Sur.

“Ante todo, quiero subrayar que nuestros militares se están comportando a la altura, demuestran gran profesionalismo y pueden garantizar la seguridad de Rusia en el estratégico flanco sudoccidental, incluida la península de Crimea”, afirmó Putin en el fragmento de una videoconferencia –tras escuchar un reporte del ministro de Defensa, Serguei Shoigu, desde el cuartel de las maniobras– difundido esa tarde por la televisión pública.

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