Liberen a Moncada, a Guardia y a los chacales

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Chacales en su ambiente natural y salvaje.

Liberen a Moncada, a Guardia y a los chacales

Por Olimpo A. Sáez M.
Ex embajador en Brasil, Nicaragua y Cónsul General en Vietnam.

La fiesta “de país por cárcel o casa por cárcel”, lo mismo que las “fianzas cómodas” para liberar a varios de los altos funcionarios y comerciantes, amigos del pasado Gobierno de Martinelli, acusados de robos millonarios, son una burla a la justicia panameña.

A pesar de todo, allí siguen los fiscales, jueces y magistrados como si nada pasara, achancándole a la prensa, a los periodistas, la confusión y la desinformación y los enemigos del Gobierno de JC Varela de venganza y persecución política.

Desde el principio de la administración Varela, llamó la atención folclórica como Martinelli y su secretario privado pudieron salir por Tocumen, sin que nadie lo detuviera, a pesar de todo lo que se conocía y de todo de lo que se les acusaba y sin embargo la “salida expedita”, dejó un ambiente de “perfume” cómplice.

Llama la atención que funcionarios como Papadimitriu, Suárez y Shamah, por ejemplo, de alto perfil en el Gobierno de Martinelli, que mucho deben de aclarar sobre sus actuaciones en el Gobierno de su protector, anden por playas, restaurante y fiestas, como Pedro por su casa, sin que sean llamados a rendir cuentas.

Y no deja de causar vergüenza, la suerte de 18 mil presos en las cárceles de Panamá, muchos sin juicios, pagando penas por el robo de un celular, una cartera, una vaca, un cerdo, una gallina o un tanque de gas. Lo mismo que cientos de muchachos presos por vender cocaína o marihuana en las esquinas de la calle o del barrio, y que no le han robado los millones de millones al Gobierno, como muchos de estos políticos y empresarios de la administración anterior.

Para que no sigan burlándose de la ciudadanía, que se queja, pero no hace nada para cambiar las cosas. Que se decrete la libertad de Moncada y de Guardia, quienes se atrevieron a confesar sus delitos y a los chacales de nuestro pueblo, cuyos delitos no son comparables a los cometidos por los de “cuello blanco” de la sociedad panameña.

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