Laicos ayudan a indígenas a trepar a carro del desarrollo

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Xuaco Arnáiz. (Foto Bayano).

Un nuevo estilo de producción y comercialización ha sido emprendido en Panamá, con miras a un comercio justo.

Por David Carrasco

En las remotas comunidades indígenas de la etnia Ngäbe-Buglé de Panamá, no es extraño ver la silueta de un asturiano delgado, de voz moderada, que colabora con pueblos originarios y campesinos para mejorar sus vidas, a través del trabajo organizado, sustentado en un modelo participativo transformador.

Su nombre es Xuaco Arnáiz, un asturiano jovial de 58 años de edad, laico e hijo de mineros, en cuyo currículum resalta la formación teológica y humanista. En la actualidad, coordina un movimiento denominado “Semillas, Saberes y Sabores”, que tiene que ver con una economía rural solidaria y la conservación de los ecosistemas, a través de una agricultura orgánica en la provincia de Chiriquí.

Indígenas panameños incorporados a la iniciativa “Semillas, Saberes y Sabores”.

Los cultivos orgánicos han elevado la cantidad de alimentos disponibles y generan ahorros, al desechar la compra de productos químicos contaminantes aplicados en zonas agrícolas.

Arnáiz, quien se describe como un educador popular, recordó que durante 25 años trabajó con los obispos católicos Rómulo Emiliani y José María Ariz, en comunidades indígenas Emberá, en la selvática provincia de Darién, en proyectos para la producción de alimentos frescos. Asimismo, ha dedicado largas a favor del desarrollo de la Teología de la Inculturación en Latinoamérica.

“Estamos empeñados en la formación de comunidades y de organizaciones de campesinos e indígenas que trabajan el tema de agricultura y de la comercialización de esos productos, de cara a la soberanía alimentaria”, comentó el laico, coautor (con Paulino Montejo) del libro “Los pueblos de la esperanza frente al neoliberalismo, pastoral indígena”.

El proyecto solidario en Panamá abarca a unas 250 familias campesinas e indígenas y unas 100 familias compradoras en la ciudad. La iniciativa se sustenta en cuatro ejes principales:

  1. Formación permanente de las organizaciones.
  2. Fortalecimiento de la producción agroecológica por medio de maestros de campo.
  3. Reconstrucción del tejido social, con la participación de jóvenes y familias de productores.
  4. Creación de las redes en Panamá.

Reseñó que “la solidaridad entre campo y ciudad es necesaria para romper círculos de extrema pobreza”, y encontrar sinergias en contra de los modelos de la mala e injusta comercialización.

Arnáiz reconoció que el movimiento emprendido en suelo panameño es todavía pequeño, pero aclaró que en Ecuador hay medio millón de personas incorporadas, y, en México, la participación es masiva. El enfoque privilegia la economía endógena como una alternativa distinta, ya que  “no hay autonomía, sin una economía endógena”.

El activista laico aclaró que “nosotros no vamos a sacar a nadie de la pobreza. Simplemente, hay que salir de ella”. Enfatizó que la propuesta es válida para comunidades rurales que están fuera de sistema y apuestan por la soberanía alimentaria, lo más estratégico que debe tener cualquier país para ser efectivamente soberano.

“La alimentación no es un negoción (…) es un derecho humano de primera generación, pero ese derecho no se respeta”, comentó Arnáiz, al advertir que los recursos del Estado panameño no llegan al 80 por ciento de productores pobres que produce comida, sino a las cadenas agroalimentarias de quienes dominan el mercado.

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