La historia de una campana de luchas

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Campana del Instituto Nacional. (Foto Bayano)

Por David Carrasco

El 9 de enero de 2018, representantes de varias generaciones de institutores esperaron pacientemente su turno para tomarse fotos y videos, junto a una pequeña campana colocada en la azotea que colinda con el aula máxima del Instituto Nacional, conocido como el Nido de Águilas.  La campana sustituyó a la original que desapareció tras el golpe de Estado de 1968, y que al ser repicada servía para movilizar a los estudiantes de las aulas de clases en el principal plantel de enseñanza media de Panamá.

Mítines y arengas de contenido patriótico sucedían tras el intenso repicar de ese dispositivo metálico simple, con un valor sentimental comparable a las campanas de la Catedral de Notre Dame, forjadas con el material fundido de cañones de la guerra de Crimea. Cuando la campana era tañida, todos concurrían al patio para responder al llamado de los dirigentes estudiantiles. El sonido movilizador se propagó antes y después de la gesta de enero de 1964, en la que la juventud estudiosa se enfrentó al ejército de Estados Unidos en defensa de la soberanía nacional.

Tal vez, no tuvo la notoriedad de la Campana de la Libertad (en inglés Liberty Bell), localizada en Filadelfia, Pensilvania, Estados Unidos, cuyo toque más famoso ocurrió el 8 de julio de 1776, para convocar a los ciudadanos de Filadelfia en la lectura de la Declaración de Independencia. Sin embargo, la modesta campana institutora está ligada a un pasado de luchas nacionalistas y sus emblemáticos sonidos son rememorados con alegría por quienes se mantienen fieles a los principios de soberanía y mayor uso colectivo posible de los bienes canaleros recuperados.

Fachada del Instituto Nacional de Panamá (Foto: Isaías Montilla).

En 1970, durante las negociaciones con el gobierno militar para la liberación de los presos políticos y la democratización del país, el general Omar Torrijos ‒representante de la corriente democrática en aquellas filas castrenses heterogéneas‒ se acercó al Nido de Águilas para dialogar. El comandante se comprometió a blindar al plantel con la coraza de Monumento Histórico Nacional, para evitar que el centro secundario, fundado en 1909 y trasladado a su actual ubicación en 1911, fuese presa de posteriores regímenes oligárquicos. Ese paso fue concretado a través del Decreto de Gabinete el 28 de enero 1971, y la profunda restauración dirigida por expertos en recuperación de obras monumentales.

Previamente, los activistas de esa clase instituta cuestionaron a Torrijos sobre el paradero de la campana desaparecida. Torrijos dijo desconocerlo, pero previó que una campanada movilizaría a los institutores en la lucha por la soberanía y la transformación social del país. Su pronóstico fue registrado con interés y dudas, debido al tradicional papel represivo ejercido por la Guardia Nacional. Sin embargo, los hechos demostraron que la apuesta por la soberanía era el camino correcto para poder resolver las contradicciones internas y marcar los derroteros de la nación.

Al grito de la consigna ¡un solo territorio, una sola bandera!, la clase institutora de1970 asumió el reto y acompañó a Torrijos en la recuperación de la base de Río Hato, 120 kilómetros al oeste de la capital panameña, que Estados Unidos pretendía retener como parte de su control geopolítico en América Latina. Además, participó en campañas de alfabetización en el campo y en la incorporación de trabajadores bananeros al sistema de seguridad social, en el contexto de un nuevo modelo aplicado en un país tradicionalmente sometido a ricos hacendados explotadores y partidos políticos clientelistas y promotores de fraudes.

No en vano el escritor Ernest Hemigway utilizó el elemento unificador de las campanadas en su novela anti fascista ¿Por quién doblan las campanas?, en la que refleja la multiplicidad humana y el ser colectivo. en circunstancias difíciles. Para los institores, tendrá siempre un valor imperecedero la vieja campana gris que repica, no como un instrumento de uso litúrgico, sino como un elemento unificador de reivindicaciones, como la firme defensa de la integridad territorial y el justo reconocimiento en memoria de los mártires caídos en la gesta de 1964.

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