La clase trabajadora debe apostar por la unidad

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La clase trabajadora debe apostar por la unidad

Enfrentada a un modelo de exclusión, pero sumida en divisiones estériles, la clases trabajadora panameña está obligada a apelar al sentido de unidad y a la historia, para poder sortear los obstáculos impuestos a la sociedad panameña por un modelo económico dominante y perverso que ha impedido el acceso de los sectores populares a las instancias de decisión administrativa y política.

En las últimas dos décadas, el capital financiero y sus mecanismos de control se asentaron en la jefatura del Estado para dirigir la políticas públicas a favor de grupos concentradores de riquezas, que excluyen a las mayorías del bienestar colectivo. Ese modelo de gestión fue investido con un aparente manto de democracia para torcer la voluntad de sectores que reaccionan en forma fraccionada.

Trabajadores desmovilizados, quienes en otros momentos alzaron estandartes de lucha y acuñaron consignas afines al movimiento social, se encuentran en una situación de desventaja que induce a la búsqueda de consensos y programas mínimos de acción, ante una coyuntura regional desfavorable generada por el realineamiento de las fuerzas oscuras del intervencionismo y la represión brutal.

Hoy, ningún proyecto liberador serio puede prosperar donde impera el sectarismo y la desconfianza, o donde se pierde de vista el sentido táctico de una lucha que atañe al movimiento social organizado. Para obtener resultados concretos, es necesario alentar el dialogo a favor de la unidad, salvaguardar principios elementales, defender la soberanía nacional y combatir la oprobiosa corrupción rampante.

Es evidente que una clase obrera disminuida, un movimiento comunitario reduccionista y un sector agrario empobrecido pero despojado de reivindicaciones, no podrán alcanzar metas comunes ni transformar la realidad, si desprecian un esfuerzo mancomunado para recuperar al Estado del despojo, la corrupción y prácticas arbitrarias que han desembocado en una crisis institucional.

La juventud panameña que derrotó a las corrientes entreguistas en el período de vida republicana, vuelve a estar convocada para reasumir su participación en la lucha contra grupos autoritarios generadores de pobreza, abusos y engaños, a los que se terminó el argumento del garrote y la limosna. La tarea suprema se resume en la recuperación urgente del Estado y el diseño de una sólida alianza estratégica.

El viejo estilo de aferrarse a nichos o capillas, sin tomar en cuenta los hechos complejos que disipan los anhelos de democracia en Panamá, deben dar paso a un esfuerzo válido de colaboración entre patriotas, más allá de las diferencias políticas, como resultado lógico de un ejercicio para entrelazar a organizaciones hermanas y crear redes que contribuyan a definir el rumbo del movimiento social.

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