Indignación y resistencia en Colón

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Tras el intenso jolgorio del Carnaval, que sociológicamente sirve para depurar las penas colectivas, la población panameña vuelve a redescubrir la precariedad de comunidades deprimidas, como en la caribeña ciudad de Colón, atrapada en 16 calles, donde crecen la frustración y el evidente malestar ante el abandono oficial.

Debido a su importante papel en el enlace de rutas marítimas y comerciales, Colon y sus áreas de explotación representan una especie de botín por influyentes grupos elite del capital financiero y bancario. La apropiación de la ciudad relega a los colonenses y los convierte en desarraigados y nuevos parias en su suelo.

Sin embargo, en medio del clima de adversidad, dirigentes de organizaciones sociales han tenido el coraje de cuestionar el Plan de Renovación Urbano de Colón y las lagunas administrativas que vuelven vulnerables a los habitantes, duramente golpeados por inundaciones, inseguridad y escándalos de corrupción.

Para conseguir sus objetivos económicos, los acaparadores de tierras empezaron a alejar del centro de la ciudad a las familias pobres, a cambio de la ilusión de una “vida mejor”, que implica el traslado masivo de habitantes de antiguas casas de inquilinato, en una abierta expulsión de esas áreas con alto valor catastral.

En el pasado, hubo otros intentos de excluir a los colonenses del actual entorno y privarlos del derecho a ser protagonistas de su propio destino. Hace décadas, grupos económicos sin mentalidad de desarrollo intentaron convertir a Colón en un garito regional y en Puerto Libre, para maximizar las riquezas y los abusos.

Pero la capacidad de resistencia, el peso de las tradiciones y la suspicacia popular impidieron a los saqueadores burlar las aspiraciones populares. El pueblo colonense puede ser pobre, pero no es tonto. En su sangre, está incorporado el ADN de la rebeldía de los mártires que lucharon por un país libre y soberano.

El gobierno panameño debe reconocer que la garantía de paz pasa por el respeto a la población, que hasta ahora ha visto desfilar las riquezas en manos ajenas. En la formulación de la idea a favor de la equidad y la justicia social coinciden intelectuales, pequeños empresarios, trabajadores, mujeres y jóvenes indignados.

Colón es parte indivisible de la nación y en la actual coyuntura ningún colonenses se postraría de rodillas, cuando su ciudad, repartida a pedazos, permanezca en el menú de unos cuantos. A ello se debe que la voz de una comunidad valiente que jamás se rinde desafíe el despojo brutal y el engaño a las mayorías.

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