Hay que reemplazar a los agónicos partidos políticos

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Partidos políticos en Panamá apuestan al clientelismo.

Por Marco A. Gandásegui, hijo
Profesor de Sociología de la Universidad de Panamá e investigador asociado del CELA

Analistas y políticos han llegado a una misma conclusión: Los partidos políticos han entrado en una fase crítica que posiblemente no tenga retorno. Esta es una realidad tanto en Panamá como en otros países del sistema mundo capitalista. No estamos diciendo que los partidos políticos –como mediadores de la ciudadanía– han llegado a su fin. Afirmamos que en esta coyuntura la ciudadanía ha cedido toda su representación a intereses económicos altamente concentrados.

Todo indica que el sistema pasa por un período de transición. El capitalismo mercantil hegemónico hasta fines del siglo XIX dio lugar a la aparición de los partidos políticos modernos: Los partidos liberales y conservadores. El capitalismo industrial y sus magnates crearon los partidos “populistas” y se apropiaron de los social-demócratas (socialistas). También generaron una fusión entre los partidos liberales y conservadores que desaparecieron en el siglo XX. Los industriales “populistas” (demócratas en EEUU, social-demócratas en Europa y radicales renovadores en América Latina) transformaron el espectro político incorporando de lleno a los trabajadores, mujeres y jóvenes a la dinámica política electoral. La crisis del capital industrial creó el espacio para el surgimiento del neoliberalismo. La nueva modalidad basada en la globalización de la economía y la desregulación del Estado, a pesar de su éxito en el mundo financiero, no ha tenido su contraparte política.

En la actualidad, los neoliberales se han apoderado de todos los partidos políticos tradicionales (del “establishment”). No han creado partidos propios. A su vez, algunos remanentes del “populismo” industrial han tenido éxito arropados en discursos “nacionalistas” que tratan de levantar el pasado como el mejor futuro (Trump, LePen y otros). La izquierda (con sus programas históricos de cambios comprometidos con los trabajadores) fue duramente golpeada por los neoliberales. En Europa casi no existe. En EEUU se levantó el fenómeno de Bernie Sanders que hay que ver como evoluciona. En América Latina hubo una respuesta al neoliberalismo muy fuerte con países como Venezuela, Bolivia y otros a la cabeza. Sin embargo, la reacción neoliberal no tardó en responder con golpes militares, golpes parlamentarios e, incluso, triunfos electorales.

En 2018, se definirá en Panamá qué partidos participarán en las elecciones de mayo de 2019 con posibilidades de triunfo. A diferencia de las experiencias en el siglo XX, liberales y conservadores no serán los contrincantes. Los partidos panameños actuales compiten entre sí para ver cuál es el mejor equipado para ejecutar las políticas neoliberales que han logrado imponer los sectores económicos dominantes. Hay tres partidos que han llevado a la Presidencia sus candidatos en el marco del régimen surgido después de la invasión militar norteamericana en 1989. Los tres –Partido Panameñista, Partido Revolucionario Democrático (PRD) y Cambio Democrático– comparten un mismo programa de gobierno y principios políticos.

Privilegian las políticas que garanticen las inversiones extranjeras en el área del transporte marítimo y almacenamiento. Igualmente, promueven las inversiones en los sectores de turismo e inmobiliario. En los últimos 25 años, han desmontado la agro- industria y el sector industrial. El 95 por ciento del PIB se concentra en el sector de servicios. Los tres partidos defienden la desregulación y la privatización. Los tres coinciden en que los acuerdos con la RP China –500.000 millones de dólares en 20 años– no deben contribuir al desarrollo nacional. Ideas que se acerquen a los conceptos de desarrollo y planificación deben erradicarse de los acuerdos con inversionistas interesados en usar la plataforma panameña.

El sector financiero que controla la economía panameña, en mancuerna con instituciones norteamericanas (BID, BM y FMI), garantizan que los partidos políticos tradicionales presenten candidaturas cónsonas con sus intereses. En este juego, los partidos pueden fraccionarse, consolidar alianzas e, incluso, levantar consignas particulares (Asamblea constituyente, Salud para todos o Guerra a la inseguridad). Consignas que no tienen posibilidades de realizarse.

La izquierda panameña –que representa el cambio al régimen actual– aún no presenta un programa que enfrente a los partidos políticos de la facción financiera. Carecen de los recursos para intervenir en una campaña que invertirá centenares de millones de dólares. La gran mayoría del 75 por ciento de los panameños que concurrirá a las urnas quiere poner fin a la corrupción política y sus consecuencias nefastas sobre la juventud. Quiere cambios. La izquierda tiene que encontrar –urgentemente– las herramientas para orientar a los panameños hacia la elección de alternativas no comprometidas con los sectores que especulan con las riquezas del país.

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