Gentrificación del “Casco Antiguo” de Panamá, sin los negros del arrabal

Al parecer, los de adentro, recordarán sus antepasados, que vivían en una ciudadela completamente amurallada por el Baluarte de “Mano de Tigre”.

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Baluarte “Mano de Tigre”.
  •  El Casco Antiguo de Panamá ha dejado de tener el sabor popular que alguna vez tuvo, debido a una concepción de casta que privilegia el lujo.

Por Abdul Nieto
Estudiante de la Universidad de Panamá
Especial para Bayano digital

La remodelación del barrio de San Felipe de Panamá y la restauración de algunos edificios, que inicio en 1997 cuando la Unesco lo proclamo Patrimonio de la Humanidad, dio inicio a su transformación, incluido el cambio de nombre por el de “Casco Antiguo” .

La gentrificación, avalada y financiada por los gobiernos neoliberales, que se sucedieron desde el comienzo del proyecto de la llamada recuperación del patrimonio histórico, empezó con la colocación de adoquines en las calles y la reconstrucción de los edificios coloniales. En esa área de la metrópoli, fueron instalados hoteles boutiques y lujosos apartamentos, y se produjo la expulsión de los habitantes pobres de las llamadas “casas condenadas”.

A la fecha, aún queda un reducto de personas que se resiste a ser desalojadas de vetustos inmuebles. Entre ellas, figura una pequeña población que ha vivido en caserones en la Avenida A, que alguna vez tuvo días gloriosos en la urbe. Esas personas están en precarias condiciones dentro de las antiguas instalaciones del plantel educativo Nicolás Pacheco, de propiedad estatal.

Con la remodelación del Corregimiento de San Felipe y la construcción de la Cinta Costera Tres, aumentó la valorización de las tierras en ese pequeñísimo pero rico sector, llegando a un monto de 3.442 dólares el metro cuadrado. Como resultado de ese proceso catastral, el Corregimiento de San Felipe pasó a ocupar uno de los primeros puesto de valorización dentro de la ciudad.

Las aceras de Odebrecht para la gentrificacióm

La gentrificación de los barrios de El Chorrillo, Santa Ana y Calidonia, que incluye la compra de terrenos y la edificación de inmuebles con valores que nos son accesibles para la población del arrabal, las expulsa a la periferia en condiciones precarias.

El destino de esos seres humanos expulsados son los sectores empobrecidos de San Miguelito, Chepo y Pacora (al este), Chilibre (al norte) y Arraiján, La Chorrera y Capira (al oeste). Ello explica los motivos que inspiraron el costoso plan de remodelación de calles y aceras contratado con la constructora brasileña Odebrecht, por parte del alcalde de la ciudad de Panamá, José Blandón.

  1. Ciudadelas amuralladas sin acceso para los de afuera
NUEVO BALUARTE DE LA DESIGUALDAD.

Ese “plan”, atribuido al capital financiero local y extranjero, convierte al centro de la ciudad en una zona exclusiva, de alta renta, donde residen en lujosos condominios y mansiones entre muros, magnates y personas acaudaladas. El diseño de planificación urbana elitista, quedan sin acceso los de afuera, a menos que sean parte de la servidumbre. Ejemplo de ello, es la ciudadela amurallada que es construida a lo largo del Corredor Sur.

Una ciudad con exclusiones

Mapa antiguo de San Felipe en el período colonial.

Al parecer, los de adentro recordarán a sus antepasados, que vivían en una ciudadela amurallada por el Baluarte “Mano de Tigre”, que separaba a los de adentro,  los “rabiblancos” –denominación popular que alude a la oligarquía criolla–, a la que solamente entraban los elegidos, o los “rabiprietos” del “arrabal de Santa Ana”, si eran parte de la servidumbre.

Hoy día, se aprecia cómo sobre los restos de los muro del Baluarte “Mano del Tigre”, ha sido reconstruida la desigualdad de clases, bajo la supuesta recuperación del valor histórico y el desarrollo turístico del llamado “Casco Antiguo”, ¡sin los negros del arrabal!

La ceremonia de fundación del Casco Antiguo, en San Felipe, se realizó el 21 de enero de 1673, dos años después del ataque pirata a Panamá La Vieja. Inicialmente, estuvo formada por unas 300 viviendas pertenecientes a las familias pudientes de la época y rodeada por gruesas murallas que la excluían del resto de la población. El punto central de esa ciudad hispánica lo ocupaba la Plaza Mayor, frente a la cual se yergue la Catedral Metropolitana.

Hoy, esa zona vuelve a convertirse en un sitio segregado, regido por una concepción urbanística y paisajística excluyente, que enorgullece a los poderosos y ofende al sentimiento de generaciones de patriotas que lucharon por un país soberano y democrático.

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