Felipillo y Bayano

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Cimarrones de palenque, guerreros de la libertad.

(Extracto de un extenso artículo de Daniel García Valdés, publicado en la revista cultural La Soga).

También en Panamá, años antes de la aparición de Biohó, ya había habido revueltas y líderes similares que no tomaron la vía del pacifismo y la integración sino la de la revancha y, en muchos casos, la venganza: en la década de 1540 un líder cimarrón llamado Felipillo se había hecho fuerte junto a sus compañeros, tras escapar de las zonas perleras del istmo. Si bien el trabajo en las minas era duro y peligroso, el de los buceadores perleros no le andaba a la zaga. Decenas de esclavos morían ahogados, por embolias pulmonares o víctimas de ataques de tintorera. Formó un palenque a orillas del golfo de San Miguel, en el Darién, y organizó una guerrilla en la jungla panameña que asaltaba a los viajeros del camino real para despojarles de armas y vituallas y, cobijados por la noche, incursionaban en los asentamientos españoles para liberar a sus congéneres.

Los amos alertaron a las autoridades de la pérdida de gran cantidad de sus esclavos, cosa que comprometía el pago de impuestos al comenzar a escasear la mano de obra, y estas reaccionaron enviando al capitán Francisco de Carreño al frente de un pequeño ejército que combatiera la guerrilla. Tras múltiples escaramuzas logró localizar la aldea de Felipillo y en 1549 la redujo a cenizas terminando con la vida del líder africano. Pese a haber sofocado la rebelión, el germen de la libertad ya había sido plantado entre los esclavos de la zona y pronto hubo otros levantamientos dirigidos por nuevos líderes. Antón Mandinga y el Negro Mozambique fueron caudillos relevantes, aunque no tanto como Bayano.

Fue Bayano el que tomó el relevo de Felipillo. Había sido capturado un par de décadas antes de la tribu de Mandinka, en el actual Sierra Leona, donde era un reconocido guerrero. Reorganizó a los cimarrones huidos en el palenque de Ronconcholon, a orillas de lo que hoy se conoce como río Bayano. Según cálculos de la época habría llegado a tener una población de mil doscientos africanos, lo que lo convertía en una ciudad en toda regla, con un ejército digno de temer. Tras varias negociaciones de paz, en 1555 se estableció una tregua y una ronda de negociaciones para establecer frontera, pero estando reunido con el gobernador de Panamá, Pedro de Ursúa, dicha tregua fue traicionada y Bayano fue prendido. Se le envió a prisión a Perú, pero tan grande era su fama y el temor de los españoles a que organizara otra rebelión, que pronto fue mandado a España, donde falleció.
Aclaración:

Dícese del cimarrón que es todo aquel animal que fue doméstico y que, al verse liberado, huye y se vuelve salvaje. Durante siglos, el mismo sustantivo fue despectivamente utilizado por los blancos españoles y portugueses que vivían en América, para denominar a los esclavos africanos que lograban escapar del yugo de sus amos y se internaban en territorios ignotos, entregándose a una vida de constante defensa, huída y ocultamiento para conservar la libertad. Hubo uno de estos cimarrones que llegó a ser centenario y, por azares, fue entrevistado a mediados del siglo pasado. Sus relatos conformaron una biografía novelada digna de ser divulgada: la historia del último hombre vivo que había sido esclavo y huido; la del último que explicó lo que significaba ser cimarrón.

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