Equivocada posición de Panamá en la OEA

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La Organización de Estados Americanos (OE), la misma que en 1964 eximió de culpas a Estados Unidos en la masacre perpetrada en contra de jóvenes indefensos que exigían soberanía total, fracasó en el intento de iniciar una intervención disimulada en Venezuela. Países plegados a Washington se coaligaron para tratar de aislar al gobierno de Caracas, pero no pudieron concretar ese objetivo.

Entre los emplazamientos maliciosos a Venezuela, figura el recurso esgrimido por Panamá, cuya política exterior zigzagueante la aleja de objetivos de integración. De hecho, la vicepresidenta y canciller panameña, Isabel De Saint Malo, intervino en la reunión consultiva de la OEA para proponer que el gobierno venezolano diese pasos inmediatos hacia la liberación de los “presos políticos”, el respeto a la libertad de expresión y desista de la asamblea constituyente.

Saint Malo jamás se refirió a las campañas de incitación a actos terroristas, desestabilización y crímenes promovidos por las multinacionales petroleras contra el pueblo de Venezuela. Tampoco mencionó que la mayoría de los medios particulares sudamericanos han sido alineados para desinformar y socavar el proyecto económico del legítimo gobierno del presidente Nicolás Maduro, quien apuesta por una asamblea constituyente para preservar el legado democrático venezolano frente a los planes subversivos.

¿Acaso, no fue un compromiso del presidente Juan Carlos Varela, la organización de la Asamblea Nacional Constituyente? ¿Por qué Panamá critica a un país hermano y solidario, de hacer algo similar a favor de la democracia? No existe una única respuesta a esas preguntas, pero es evidente que tras el debate en la OEA, este país demostró ausencia de personalidad propia e independencia para abordar con seriedad temas inherentes a la integración regional y los conflictos derivados de planes intervencionistas y golpistas.

Más diáfana fue la posición asumida por Bolivia, cuyo canciller, Fernando Huanacuni Mamani, remarcó en debate hemisférico sobre la situación en Venezuela: “el Derecho Internacional explícitamente reconoce que cada Estado tiene la facultad a elegir su sistema político, económico y social, y organizarse de la forma que más le convenga sin injerencias externas. Es tarea de todos nosotros fortalecer la integración y el diálogo político, a través de la diplomacia de los pueblos para el Vivir Bien de las Américas”.

“O se sigue por el camino del diálogo y el respeto a los países hermanos, o se sigue por el camino de la confrontación e imposición, o se trabaja respetando la institucionalidad y el Derecho Internacional, o se desconoce toda la normativa, continuando con el intervencionismo y la vulneración de la soberanía de los Estados Miembros, destruyendo el multilateralismo y la confianza mutua construida entre nuestros pueblos de las Américas”, dijo con buen tino el ministro de Asuntos Exteriores de Bolivia.

Para Panamá, queda un largo trecho en la recuperación de la imagen perdida de gestor anfictiónico, promotor de la paz, la liberación nacional y la integración orientada al desarrollo. Las ataduras al capital financiero internacional y la subordinación a Washington han malogrado la política exterior panameña, desdibujada en el contexto de un sistema interamericano inoperante. No hay duda alguna, este país, huérfano de liderazgo, eligió la vía equivocada para arribar a la OEA y hoy necesita una antorcha para encontrar una salida digna.

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