Eloy Alfaro propone elevar política exterior panameña

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Ex embajador Eloy Alfaro.

Eloy Alfaro, ex embajador de Panamá en Estados Unidos, y un conocedor de los intríngulis de las relaciones internacionales, conversó con Bayano digital, a través de la sección Café Bayano, para hablar sobre los principales retos diplomáticos de este país.

El ex diplomático se sinceró con este medio informativo y compartió su visión sobre la forma en que Panamá debe empinarse para recuperar su imagen vulnerada por sucesivos escándalos y una pobre respuesta oficial.

Por Cecilio E. Simon E.

Una política exterior activa representó su presencia en Washington. ¿Cómo se interpreta de que, en este momento, al final de los dos mandatos del presidente Barack Obama, el presidente Varela no haya sido recibido en La Casa Blanca?

Esa pregunta te la tendría que contestar en Cancillería en Panamá y en el Departamento de Estado de Estados Unidos. El protocolo para recibir mandatarios extranjeros en Washington es muy particular, y depende del interés de los Estados Unidos. Francamente, yo no me atrevería a adelantar una razón por la cual el presidente Varela no haya tenido una visita oficial en los Estados Unidos, puede haber varias razones, entre ellas es que ya había programada una Cumbre en Panamá, que reunió una serie de mandatarios, en la cual participó el presidente Obama.

A parte de eso, yo diría que Panamá ha tenido en los últimos años una política exterior muy pasiva. No seguimos el ejemplo y no aprendimos la lección del general Omar Torrijos, cuando congregó una opinión pública internacional en apoyo a la causa panameña para la recuperación del Canal, que tuvo éxito con la firma de los Tratados. Fue una presión muy importante, sin la cual, tal vez Estados Unidos no se hubiera avenido a entregar la administración del Canal y no estaría Panamá ahora ejerciendo esa administración. No hemos seguido esa ruta, no hemos aprendido bien esa lección. En los últimos años, hemos estado muy aislados en temas de la política exterior, con el mundo entero, con Europa, Asia, y eso nos resta importancia, a pesar de que la tenemos por razón de la administración del Canal.

Recientemente, Panamá fue designada presidente de la Comisión Anti-terrorismo. Panamá también asumió un roll activo en la alianza contra ISIS. ¿Qué significa eso en materia de política exterior de Panamá, involucrarse a la lucha anti-terrorista, cuando no estamos en condiciones de luchar contra una banda en el territorio nacional?

Es un error y es un peligro para Panamá y, además, no consecuente con los compromisos adquiridos por este país en los Tratados Torrijos Carter, sobre todo en el Tratado de Neutralidad. Yo sé que hay opiniones diferentes, hay quienes opinan que la neutralidad del Canal no tiene nada que ver con la del país, pero yo francamente no entiendo cómo puede desvincularse una cosa de la otra. Creo que Panamá, con la poca capacidad que tiene para contribuir a esa supuesta guerra contra el terrorismo, no tiene nada que hacer levantando la bandera roja para poner en peligro, casualmente, la seguridad del Canal y del país, sino que más bien debe actuar de manera congruente con sus obligaciones en el Tratado de Neutralidad y mantenerse al margen del conflicto. Eso no quiere decir que Panamá no va a tomar medidas para la protección de su sistema financiero, pero sin hacer ese alarde de levantar la mano, porque yo creo que eso, en realidad, corresponde a presiones de Estados Unidos a Panamá. Cada vez que quieren hacer una coalición de ese tipo, presionan a los países supuestamente amigos para que se lancen a participar en ella y muchas veces los países terminan apoyando proyectos de guerra y proyectos bélicos de Estados Unidos en otros países.

Tres aciertos de la política exterior en Panamá, porque no puedo pensar que todo ha sido malo. Usted dijo que la Cumbre de las América aquí en Panamá fue asertiva desde el punto de vista de la política exterior. Dígame tres aciertos adicionales.

Yo no los he contado, pero creo que, efectivamente, es uno de ellos, creo que fue un acierto reunir en Panamá esa cumbre, sobre todo en los momentos en que como comenté que Panamá está tan aislado del resto del mundo en temas de política exterior. También creo que es un acierto apoyar la celebración en Panamá diferentes tipos de foros, de congresos, de reuniones internacionales que le permitan al país mejorar la imagen deteriorada que tiene. En las últimas semanas, hemos visto esos foros desarrollarse en Panamá, sobre distintos temas, y creo que eso es positivo.

La imagen de Panamá ha sido deteriorada en los últimos años. El registro nos indica que hay dos casos que lesionan enormemente la imagen de Panamá: Los “Panama Papers” y el caso Waked. ¿Cómo usted visualiza la actitud de Panamá en términos de su política exterior, su participación en estos dos casos y muy particularmente la posición del jefe de las Relaciones Internacionales de Panamá, que es el Presidente de la República?

Los dos casos son distintos. Desafortunadamente, han coincidido en el tiempo y la conjunción de estos dos casos ha contribuido a perjudicar la imagen de Panamá, que ya venía de cierta forma deteriorada. En el caso del mal llamado “Papeles de Panamá”, conocemos lo que reveló. Sabemos que a pesar de que se trataba de una firma panameña y de oficinas de esas firmas en otros países, la gran mayoría de los casos a que se refieren los papeles, no se referían ni a sociedades panameñas, ni a bancos panameños, sino al resto del mundo, sobre todo en Europa. Así que llamarlo “Papeles de Panamá”, fue una infamia que, por cierto, fue apoyada por algunos panameños, sobre todo de ciertos medios de comunicación.

El caso Waked es un caso que todavía es un enigma. Van varios meses a la fecha de hoy, desde mayo, cuando el gobierno de Estados Unidos anunció la inclusión de una serie de 68 personas naturales y jurídicas en la llamada Lista Clinton. Es una medida administrativa de Estados Unidos que se impone de manera extraterritorial. El propósito de esa legislación, que sirve de base para esa medida, es precisamente burlar, evitar la protección de los derechos fundamentales que tienen los individuos y las personas en los Estados Unidos, de manera que se pudiera aplicar medidas drásticas de forma arbitraria, sin que los afectados tuvieran protección, como son: el derecho a la defensa, la presentación de pruebas, la presunción de inocencia y algún tipo de proceso que les permita a un tercero juez de tribunal, determinar la culpabilidad o la inocencia. Eso es lo que ha pasado en el caso Waked.

Tiene el pretexto o el velo, el disfraz de que es una medida que los Estados unidos impone a sus propios ciudadanos, pero eso es una tontería, porque todos sabemos el efecto perjudicial que en el caso Waked, al aplicársele a tantas compañías y a personas. Ello ha tenido un efecto económico muy negativo para el país. Me parece que el gobierno debió haber protestado contra esa arbitrariedad que implica la aplicación extraterritorial de una medida administrativa de Estados Unidos en otro país. No porque tenía que defender a ninguna de esas empresas, ni a los Waked ni a nadie, sino que creo que lo que hubiera correspondido y todo lo que debiera hacerse, es protestar contra una violación de los principios más elementales de Estados Unidos, y que sirve de base para todo el sistema de justicia en ese país que se evade a través de esta arbitrariedad.

Todo embajador aspira en algún momento en ser Canciller. ¿Cómo usted enfocaría una política exterior dirigida desde el corzón de Panamá?

La política exterior de Panamá debe ser más amplia. Debe ser menos unipolar. Los panameños tenemos la tendencia a todos los niveles y por la experiencia que tuvimos de convivir con un contingente importante de estadounidenses en Panamá, durante la administración del Canal por Estados Unidos. Tenemos la tendencia a pensar que las relaciones con Estados Unidos son las únicas importantes o que, si uno queda bien y tiene el apoyo de Estados Unidos, con eso basta.

Todo el período de lucha por las aspiraciones panameñas, antes de la firma de los Tratados, que dirigió el general Omar Torrijos, ya demostró que eso no necesariamente es así. Este era un país chico, enfrentado con una gran potencia, y que logró apoyo de la comunidad internacional a favor de una causa justa. Creo que tenemos que hacer más de esto. Desarrollar otros polos de apoyo, de relación, tanto en Europa como en Asia, que es lo que nos ha faltado en los últimos años. En cuanto a Estados Unidos, es innegable que es nuestro socio más importante tradicional, en términos económicos, políticos y, por supuesto, que es una relación muy importante que no se debe descuidar y no hay por qué estar desgastándose en controversias innecesarias con los Estados Unidos.

Pero pienso que ha llegado a un punto, como el caso Waked. Había que hacer un alto y hacerle ver a Estados Unidos que un país como Panamá, amigo tradicional de ellos, donde tienen ventajas y privilegios que tal vez no consiguen en otros países. No era la manera de tratar a un país como Panamá, con esa arrogancia y con esa arbitrariedad que ha causado efectos económicos a un grupo empresarial importante. Lo ha puesto de rodillas, lo ha destruido sin que se haya presentado pruebas, ni haya habido un proceso, ni oportunidad de defensa. Es decir, que ha violado los principios más fundamentales del sistema de justicia de Estados Unidos. Haberlo permitido en este caso, de manera sumisa por parte del gobierno nacional, no le hace bien a Panamá, porque puede suceder en el futuro con otro grupo empresarial o banco. Tendríamos entonces ese perjuicio de no haber protestado desde la primera oportunidad.

Canal de Panamá, el principal patrimonio de los panameños.

La salida del contingente militar de Estados Unidos, en realidad estaba ya pautada y comprometida por los propios Tratados Torrijos-Carter. Hacia el final, cuando Estados Unidos o algunos elementos, en Estados Unidos se dieron cuenta de que ya venía el momento de cumplir y que iban a perder ese pie de apoyo estratégico que habían tenido en Panamá durante tantos años, hicieron un intento para permanecer en Panamá, a pesar de lo que se había comprometido en los Tratados. Hay que reconocer que cuando uno habla de Estados Unidos, está hablando de mucha gente. Incluso, a nivel institucional, hay distintas opiniones, distintas agencias, no todas piensan siempre de la misma manera y en ese sentido, no estaban todas de acuerdo. El Departamento de Defensa, por ejemplo, no estaba de acuerdo y hubo gran discusión dentro de los distintos estamentos de Estados unidos.

El presidente Ernesto Pérez Balladares sostuvo en todo el tiempo de negociación, sobre el Centro Multinacional Antinarcótico, que él no tenía ninguna dificultad en negociar una base, pero lo que no podría permitir es que hubiese una base bruja, disfrazada de centro. De allí, surgieron las controversias que dieron al traste con esa iniciativa. Creo que ya hay indicios claros de que eso es así, y de que en Panamá, Estados Unidos tiene ciertas oportunidades y dispone de facilidades para hacer vuelos de reconocimiento, por ejemplo, desde el Aeropuerto de Tocumen al territorio colombiano, en el tema del control del narcotráfico. Si eso es así, si un país como Panamá le ofrece a Estados unidos ese tipo de facilidades y de privilegios, cómo puede ser posible que se tolere que Estados Unidos trate a Panamá de una manera tan arbitraria, como lo ha hecho en el caso Waked.

Estoy completamente de acuerdo. Uno de los problemas que tenemos en política exterior, es que nos hemos entregado, en cierta forma, a que las decisiones las tomen otros. En el caso de Estados Unidos, incluso con la participación de asesores de crisis, de imagen, están teniendo demasiadas influencias en la toma de las decisiones de fondo. Es un peligro que la política exterior de Panamá, de alguna manera esté tan influida por el criterio de otros, sobre todo, de personas de nacionalidad estadounidense.

En el caso de Colombia, pasa lo mismo, tampoco hemos sabido hacerles frente a las presiones políticas, porque toda política es local y en Colombia los políticos que están en el gobierno tienen presiones políticas y asumen una actitud fuerte y firme contra Panamá en el tema arancelario. Panamá se aboca, primero, a la negociación. En segundo lugar, al ejercicio de sus derechos ante los organismos internacionales para dirimir las controversias, pero llega un punto donde eso ya no basta. Hay que hacer otras cosas. En ambos casos, son países amigos con los que tenemos que mantener buenas relaciones, pero sin la necesidad de tolerar abusos y exageraciones.

La política fiscal de Panamá tradicionalmente es una política fiscal territorial, es decir, en Panamá se cobra impuesto que generan las actividades ejercidas en su territorio. El panameño o extranjero que ejerce actividades económicas fuera de Panamá no están sujetos al pago de impuestos en este país. Es una filosofía fiscal que Panamá adoptó hace muchísimo tiempo y que, dicho sea de paso, le ha sido muy exitosa. Además, poca capacidad tenemos para cobrar los impuestos que se generan por actividades que se llevan a cabo dentro de Panamá, para estar preocupándonos por actividades que se generan fuera del país. De allí viene el problema, porque otros países que se pasan correteando a sus contribuyentes para recabar impuestos por actividades que ejercen fuera de sus fronteras y consideran que esa posición de Panamá es una especie de competencia desleal. Quieren imponernos el mismo concepto fiscal que ellos tienen. Como soberana, Panamá tiene todo el derecho, y creo que sería un grandísimo error rendirnos en ese sentido.

Todos estos organismos responden a las potencias que los dominan y son un método de esas potencias, de presionar a quienes a ellos les conviene, Creo que Panamá tiene que continuar firme con su criterio y filosofía tributaria, y decirle a esos países que si no quieren ese tipo de competencia, que no esquilmen a sus contribuyentes con impuestos excesivos.

La debilidad de la política exterior y el aislamiento internacional que detiene a Panamá, afecta su capacidad de defenderse en estos casos. Algo hay que hacer al respecto. Creo que en parte de lo que se ha hecho es someterse a algunas de las medidas. Algunas son correctivos que tal vez, nos demoramos mucho tiempo en tomarlos. Sn embargo, también es cierto que Panamá desde hace muchísimo tiempo ha tomado medidas de prevención. En el caso por ejemplo, de la actividad bancaria, vaya usted a abrir una cuenta en otro país, en Estados Unidos por ejemplo, y la abre por internet. Sin embargo, vaya y abra una cuenta en un banco panameño, para que vea todo lo que le piden, lo que quieren que declare. Hemos estado tomando medidas que en algunos casos no ha sido suficientes. El imparto del perjuicio a la imagen que se refleja de los casos como los “Papeles de Panamá” y el caso Waked, en nada contribuye a nuestra capacidad de hacerle frente a las presiones internacionales, pero tenemos que seguir en un equilibrio para no suicidarnos a beneficio de otras jurisdicciones que hacen la misma cosa y quieren seguir haciéndola alegremente, y muy campante, en lo que Panamá se rinde y regala la actividad a beneficio del comercio internacional.

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