Elecciones en Venezuela. La compartimentación ética de Juan Carlos Varela

El régimen de Varela expresa ésta posición al reconocer las fraudulentas elecciones Honduras, en tanto desconoce los resultados de los comicios celebrados en Venezuela.

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Juan Carlos Varela Ejecutor de primera línea de la política exterior de los Estados Unidos hacia Caracas.

Por Cecilio E. Simon E.
Redacción de Bayano digital

El Dr. Jacobo Scheffer, reconocido activista costarricense del movimiento LGBT, asegura que ser católicos de fe y no obedecer su moral religiosa han sido característicos de la cultura latinoamericana. A esa conducta la denomina compatimentalización discursiva, empleada como un mecanismo que permite que convivan pensamientos y sentimientos opuesto o simplemente diferentes y que se manifiestan de acuerdo a la conveniencia de cada situación.

Solo una explicación de esta naturaleza justifica la compartimentación del discurso del presidente Juan Carlos Varela, que profesa la fe católica forjada en el Opus Dei, condicionada por la convivencia con su pensamiento y sentimientos políticos.

En efecto, Varela manifestó al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu que le “impresiona el compromiso de su gente para construir y proteger este hermoso país”, en momentos en que el Estado sionista masacra a los palestinos en Gaza; en tanto que en Ramala, empleó su discurso compartimentado para instar al presidente palestino Mahmud Abás a restablecer una mesa de diálogo, que ponga fin al conflicto Palestino-Israelí.

Según Scheffer la compartimentación permite que convivan pensamientos y sentimientos opuesto o simplemente diferentes que se manifiestan de acuerdo a la conveniencia de cada situación. El régimen de Varela expresa ésta posición al reconocer las fraudulentas elecciones en Honduras, en tanto desconoce los resultados de los comicios celebrados en Venezuela. En un escueto comunicado en el que la cancillería de Panamá legitima el fraude señala que: “En el ámbito del respeto a los principios democráticos el gobierno panameño hace un llamado (a los hondureños) para que las fuerzas políticas busquen entendimiento por la vía del diálogo”.

La compartimentación discursiva tiene la capacidad de organizar las respuestas culturales del individuo al punto de hacer funcionar cada una de manera independiente, generando una forma de personalidad esquizofrénica que evita la toma de conciencia de las contradicciones internas, asegura Scheffer.

Las contradicciones esquizofrénicas de Varela y su canciller Isabel de Saint Malo los lleva a situarse como ejecutores de primera línea de la política exterior de los Estados Unidos hacia Caracas. Ellos, junto con el Club de Lima y el Secretario de la OEA Luis Almagro propician el sabotaje al dialogo entre oposición y gobierno. Justifican la violencia opositora en las calles y la quema personas  vivas que suponen sean chavistas. Alientan un golpe de estado contra el gobierno bolivariano de Venezuela.

La política exterior del régimen Varela – Saint Malo hacia Venezuela, que llegó al poder con un 39.1% de los votos válidos, se presenta con esa personalidad esquizofrénica, al cuestionar el contundente 68% alcanzado por el Presidente Nicolás Maduro, que además obtuvo una ventaja superior al 50%; en tanto que a Varela lo distanció apenas un 7.7% de su más cercano contendor.

La contradicción entre lo racional y emocional entrará en conflicto y el débil equilibrio de las relaciones entre Panamá y Venezuela, alcanzada hace pocas semanas después de la virtual ruptura de relaciones diplomáticas, excede la capacidad del presidente Juan Carlos Varela y de su vice presidenta Isabel de Saint Malo para adecuar su comportamiento al equilibrio entre Washington y los poderes fácticos que verán nuevamente afectadas sus intereses económicos.

Según Scheffer la contradicción racional o emocional individual puede llegar a superar la capacidad del individuo de resolver y enfrentar el conflicto, por lo tanto adecuar el comportamiento social a circunstancias específicas que permite una forma de equilibrio endeble y transitorio, pero que alivia la posible presión cultural del entorno inmediato. Scheffer tuvo que viajar a los Estados Unidos, para liberarse de los tratamientos psiquiátricos, a los que sus familiares lo sometió por su condición y “salir del closet”.

¿Podrán nuestros gobernantes “salir del closet político” que le impone la compartimentación esquizofrénica hacia Venezuela, para defender los intereses nacionales?

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