El oficialismo rema hacia el ojo del huracán

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El gobierno del presidente Juan Calos Varela tomó un rumbo equivocado, al dirigir a la nave del Estado directo al centro de un huracán, en contra de los presagios de destrucción. La analogía hace referencia a la actitud obstinada de los jefes de flotas que a lo largo de la historia condujeron a sus tripulaciones al desastre, sin tomar en cuenta el entorno, el medio y las complejas condiciones imperantes.

Un compromiso íntimo con las élites del poder habría sellado el alejamiento del oficialismo respecto al plan original de campaña electoral de 2014, en el que sobresalía un pacto con los sectores populares. En los casi cuatro años de gobierno, han sido protegidos los negocios que identifican al capital financiero, así como el modelo de importación, en perjuicio de los productores locales

En ese mismo período, ha sido notable el grado de subordinación de la política exterior panameña a Washington y su alineamiento en los planes para bloquear a Venezuela en el ámbito hemisférico. Alejada del principio de respeto y autodeterminación de los Estados y la construcción de la paz, Panamá ha optado por imponer medidas de retorsión a Venezuela, en busca del ridículo espaldarazo extranjero.

El desprecio mayúsculo a los esfuerzos de concertación y diálogo latinoamericano, han llevado al gobierno panameño a creer que dispone del aval y el reconocimiento para una gobernabilidad libre de obstáculos, al amparo de Washington. Sin embargo, esos vínculos de supeditación son herramientas insuficientes para resolver las contradicciones generadas y la indudable corrupción del sistema.

Panamá vive inmersa en una burbuja de aparente prosperidad. No obstante, el país carece de un plan B para enfrentar el momento crítico cuando se desinfle y destape la cruda realidad de la exclusión y el fracaso del modelo. Quienes dirigen la nave del Estado olvidan las condiciones adversas imperantes, sin que hayan podido descifrar los graves problemas sociales que mueven a la masa de indignados.

Sin liderazgo, sin prestigio y sin un plan de unidad de la nación, en el que aún sigue comprometida y amenazada la soberanía panameña, es imposible concretar objetivos de desarrollo y diseminar confianza en una población defraudada y ávida de soluciones. Está claro que remar hacia las zonas de catástrofe no ayudará en la búsqueda de una salida decorosa a la crisis en un país saqueado y degradado.

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