El misterio de lo panameño

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La particular forma de ser de los panameños y las ´panameñas tiene un origen histórico, social y económico.

El misterio de lo panameño

Por César Del Vasto
facetas@laestrella.com.pa
(Este artículo fue publicado previamente en el diario La Estrella de Panamá en 2015)
Cuando una sociedad se corrompe, lo primero que se gangrena es el lenguaje. La crítica de la sociedad, en consecuencia, comienza con la gramática y con el restablecimiento de los significados, sostiene Octavio Paz. Esto es lo que ha ocurrido en Panamá. Hemos perdido el sentido de las cosas, de los significados y en esto incluyo la capacidad de pensar autónomamente. ¿A qué se debe esta situación?
Uno de los primeros que trató de desentrañar las razones que mueven al panameño a pensar como piensa, fue Diego Domínguez Caballero. El transitismo, la naturaleza y los condicionantes económicos y políticos han marcado su razón y actuación. Desde el calor hasta la cultural, pasando por los aspectos biológicos, psicológicos y sociales. Todos estos elementos han determinado nuestra forma de ser y actuar.
De no haber fallecido el 11 de marzo del 2011, Caballero hubiera celebrado sus cien años. Lastimosamente, la vida no le alcanzó para pasar de las fronteras de lo filosófico. Es decir, de una de las vertientes de lo social, no siendo el primer profesional de la filosofía en hacerlo, ya que hubo otros antes de él. Pero dedicó gran parte de sus obras, y de sus razonamientos intentando aproximarle al misterio de porqué el panameño es como es.
Actualmente, no son muchos los que se orientan en esas elucubraciones filosóficas, aunque existen pensadores como Pedro Rivera, quien sostiene que el habitante determina la clase de país en el que se vive.
La idiosincracia, que no es otra cosa que la suma de hábitos, creencias, destrezas tecnológicas y formas ideológicas-morales de cada sociedad, es, en cualquier circunstancia, recurso decisivo para organizar los procesos productivos. El cerebro humano, y no otra cosa, es el motor del desarrollo.
Carácter y tránsito
Los principales defectos del panameño son, de acuerdo con Caballero, su irresponsabilidad, desorganización y falta de constancia. De acuerdo con un estudio realizado hace más de 20 años por la periodista Rosalina Orocú, entre las virtudes de los istmeños están la calidez humana, nobleza, sencillez, cordialidad, paciencia y la alegría. Son los mismos que se presentan en cualquier ciudad puerto.
Por un lado, está la incultura, el afán de no pensar y vivir el momento, satisfaciendo los sentidos o, en su defecto, a la carne. En el otro extremo se ubican los que “juegan vivo”, que tratan de enfrentar a la clase “dueña de las riquezas”, la que paga bajo salarios pero destina elevados honorarios a sus amigos. O que te deja morir sin atención médica, porque no tienes el capital para operarte o te envenena con dietilenglicol.
También está el extremo de la mera supervivencia, que representa el modus vivendi de más del 50% de los panameños sumidos en la economía informal, en el país de los 80 mil millones generados por el Canal y de las enormes filas que se observan en los centros comerciales.
Al momento de evaluar el legado de Domínguez como el promotor del estudio del ser filosófico panameño, lo hago desde el referente universitario, entendiendo que hubo filosofía antes de la existencia de las universidades, e incluso de la academia misma. Es pertinente recordar, que las visiones del mundo se construyen históricamente, y gravitan con mayor o menor fuerza, dependiendo de la influencia ideológica.
Hoy, como siempre, es necesario pensar y filosofar con crítica positiva y negativa, sobre todo frente al páramo de ignorancia, intolerancia y mediocridad que el intelectual debe recorrer en su camino hacia la iluminación.
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Intelectual innato
Diego Domínguez Caballero (1915–2011) se graduó en la Universidad de Panamá en 1940. Desde el inicio surgió su amor por las letras y la filosofía, vocación que nunca abandonó. Fungió como catedrático, decano de la Facultad de Humanidades, colaborador de revistas, compilaciones nacionales e internacionales y lo más importante, fue abono intelectual de pensadores nacionales.

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