El independentismo catalán y la amenaza de un efecto dominó en Europa

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Manifestantes agitan banderas catalanas.

Por Rachel Pereda Puñales

La Habana (PL) – Las acciones de las autoridades de Cataluña en busca de la independencia atraen la atención mundial, en particular de Europa, una región donde ese contexto podría desencadenar un efecto dominó.

No obstante, la situación actual apunta a que la ficha catalana no será derribada, al menos por el momento, luego de que el Ejecutivo central español aplicó el artículo 155 de la Constitución que habilita acciones para evitar la secesión de esa comunidad autónoma.

Según analistas políticos, múltiples naciones como Italia, Reino Unido, Bélgica, Alemania, Polonia, Francia y la propia España, podrían servir de escenario a nuevos procesos separatistas.

Como resultado de sus particularidades históricas y culturales, en la nación ibérica existen otros movimientos separatistas más allá del catalán.

En este escenario aparecen otras comunidades como Navarra, Galicia y el País Vasco, donde diversas fuerzas promueven la secesión.

Tal situación explica, apuntan observadores, el hecho de que los partidos independentistas vascos y gallegos puntean como los mejores aliados del separatismo de Cataluña.

Producto de este contexto, para el Gobierno de esa nación el aceptar la implementación de un referendo separatista catalán entraña el peligro de una reacción en cadena que lleve a una mayor fragmentación de España.

Con diferentes características y condiciones, se endurecen en la comunidad europea los aires nacionalistas, también presentes a lo largo de la historia regional, pues no se trata de ningún fenómeno nuevo.

Desde tiempos remotos existen en esa parte del mundo muchas comunidades que no se sienten identificadas con los Estados a los que pertenecen.

Las regiones italianas de Véneto y Lombardía suman fichas importantes en el juego. La dificultad de la partida comienza a sentirse.

La complejidad es mayor, pues estos territorios forman parte de un movimiento secesionista más amplio que incluye otras zonas del norte de Italia como Aosta, Piemonte, Liguria, y Emilia-Romagna.

En los años 90 del siglo XX la situación se volvió extrema ante un reclamo por varias fuerzas políticas para la independencia de esa vasta zona identificada como “Padania”, del nombre italiano “pianura padana”, en referencia al valle del Po.

Para el Ejecutivo central de Alemania, el panorama también resulta riesgoso, ya que en Baviera, oficialmente denominada Estado Libre, varias formaciones secesionistas promueven la separación del gobierno germano.

Considerado el mayor de los dieciséis estados que conforman la República Federal de Alemania, estos grupos alegan que el país bávaro existía aún antes que el alemán.

A principios de 2017, el Tribunal Constitucional alemán falló en contra de un referendo secesionista, como respuesta a la interrogante de un ciudadano acerca de la legalidad de una consulta popular de autodeterminación.

En Reino Unido también preocupa la posible caída de dos fichas: Escocia e Irlanda del Norte.

El Partido Nacional Escocés (SNP) de la ministra principal, Nicola Sturgeon, aplazó sus intentos de lograr la independencia luego de perder apoyo en las elecciones anticipadas del mes de junio.

En 2014, se realizó una consulta acordada con Londres en la cual los escoceses se manifestaron, por estrecho margen, en contra de la independencia.

A diferencia de lo sucedido en Cataluña, la ministra principal rechaza cualquier acción unilateral, sin la requerida aprobación del Parlamento británico.

En Irlanda del Norte un importante sector nacionalista es partidario de escindir ese territorio de Reino Unido.

El partido Sinn Fein, principal exponente actual de esta corriente, busca la unidad con la República de Irlanda y ve en la separación británica de la Unión Europea (UE), o Brexit, una nueva oportunidad para lograr ese objetivo.

Como otra pieza en esta larga fila podría mencionarse también a la isla de Córcega, en Francia, aunque su objetivo inmediato es alcanzar “un estatus de autonomía”, como expresó el jefe del Gobierno regional, el nacionalista Gilles Simeoni.

Entre los territorios europeos donde corren aires separatistas se encuentran, además, Flandes, en Bélgica; Moravia, en República Checa; Alta Silesia en Polonia, y Transilvania en Rumania. En Groenlandia y en las Islas Feroe, pertenecientes a Dinamarca, existen, igualmente, movimientos independentistas.

Los groenlandeses consiguieron en 1979 la autonomía, con un Gobierno propio, y tras un referendo en 1982, salieron de la Comunidad Económica Europea (CEE), predecesora de la UE.

Las Feroe, por su parte, aspiran a la independencia plena con la celebración de un referendo, en abril de 2018, para tener una Constitución.

Los conflictos secesionistas pueden provocar, en opinión de expertos, un desequilibrio en el orden europeo actual.

Para el presidente de Rusia, Vladimir Putin, Europa recoge ahora las consecuencias de su estrategia, aplicada por décadas, de estimular el separatismo, mientras mantiene “una política de doble rasero”.

En este contexto, el mandatario se remonta a diversos casos donde el bloque regional trató “como separatistas violentos a unos y como luchadores por la soberanía a otros”.

Asimismo, analistas recuerdan lo ocurrido en el asunto de Yugoslavia, cuando los europeos reconocieron de inmediato los procesos separatistas que llevaron a la formación de Serbia, Eslovenia, Croacia, Macedonia, Montenegro y Bosnia-Herzegovina.

También es válido mencionar el caso del apoyo a la escisión de Kosovo del territorio de Serbia, el cual no contó siquiera con una resolución de la ONU.

El primer vicepresidente del gobierno y ministro de Asuntos Exteriores serbio, Ivica Dacic, expresó que la ruta de Kosovo y de Cataluña es idéntica, “pero el único problema es que las grandes potencias no apoyan a Cataluña, mientras en el otro caso el interés es diferente”.

Para el titular, la actuación de la UE puede calificarse de “hipócrita”, al apoyar la independencia de Kosovo porque querían una Serbia débil y afirmó que en ese caso no prevalece la legalidad, sino una política de fuerza.

Tan unilateral es el acto de Cataluña, como lo es el de Kosovo, resaltó Dacic, mientras hizo especial énfasis en la resolución 1244 de 1999, la cual reconoce la integridad territorial y la soberanía de Serbia.

Aunque la comunidad europea intenta diferenciar ambos casos, el canciller serbio aseveró que “el mundo no debe basarse en si amas o te desagradan las grandes potencias, sino en el derecho internacional”.

“Los 22 países de la UE que reconocieron Kosovo debían cambiar hoy su criterio, pero no lo harán, sería como escupir para arriba”, opinó.

Las fichas separatistas están colocadas en fila. Cataluña intenta empujar la primera pieza, mientras el Gobierno español trata de evitarlo a toda costa, y los aires nacionalistas siguen batiendo en Europa amenazando desatar el temido “efecto dominó”.

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