El héroe de la capa blanca

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Dr. José Renán Esquivel.

El héroe de la capa blanca

  • El pediatra y primer ministro de Salud del país será reconocido durante la primera Conferencia Internacional de Salud Pública de Panamá.
  • Durante muchos años, Panamá fue un referente mundial en políticas de atención primaria, la protección de la niñez y la prevención, bajo el concepto de “Salud Igual para Todos”.

Por Ana María Pinilla V.

“Aquí no entra nadie armado. Si lo hacen será sobre mi cadáver”, advirtió José Renán Esquivel a un pelotón de soldados estadounidenses mientras obstruía con su cuerpo vestido de blanco la puerta del Hospital del Niño.

Los soldados accedieron, dejaron sus armas y los escoltó para que revisaran el hospital. Ocurría la invasión de los Estados Unidos a Panamá: 20 de diciembre de 1989. La ciudad era bombardeada. Aunque las calles eran un reguero de escombros, sangre y pólvora, José Esquivel permaneció por días atendiendo niños, cosiendo heridas y frenando los soldados armados. A los gringos los despachó diciéndoles: “Yo era el ministro de Salud del gobierno de ayer. De este gobierno no soy nada”.

La anécdota la cuentan todos los que trataron al fundador del Ministerio de Salud, en 1969, el mítico pediatra que se enfrentaba al gremio de galenos “conservadores y elitistas”, que cambió el concepto de medicina en Panamá y colocó el país como ejemplo en materia de salud pública, en las décadas del 70 y 80.

Para 1989, Esquivel tenía 64 años, estaba casado, tenía siete hijos, era médico pediatra especializado en salud pública y otros pergaminos más. Fue director del Hospital del Niño, director de la Caja de Seguro Social, fundador y primer ministro de Salud y planificador del proyecto de salud pública impulsado en 1969. Su historia empezó un mes de noviembre, en Chiriquí.

Sus raíces

Nació y creció en Boquete, en la finca de sus padres Adriana Oses de Esquivel y Ricardo Esquivel, en Bajo Mono. Si bien quería a su padre, la madre le despertaba devoción: “Fue mi madre quien influyó en mi formación. Decía ella que había que trabajar con la gente, los campesinos, con los más humildes. Que había que estar cerca y ayudarles a que pudieran mejorar”, dijo Esquiven a Kurt Dillon y Jorge Ventocilla, en la entrevista titulada “Un encuentro con José Renán Esquivel”.

Para ir a la escuela, como todos sus amigos, caminaba por tramos de tierra a la sombra de los árboles. A los habitantes del lugar, los ngäbes buglés, los veía como sus amigos. En su casa tenía colgada una bandera ngäbe, obsequiada por el cacique Celestino Gallardo.

De niño, aprendió la crudeza y las bondades de la vida comunitaria. Rubio, blanco de ojos verdes, de facciones caucásicas, alto y con un temple verticalista, fue en su tierra natal donde Esquivel construyó su vocación comunitaria, un rumbo que lo llevó a estudiar medicina en Brasil, pediatría en México y Salud Pública en Suiza. Un periplo donde mantuvo vocación y compromiso, con el saber ‒accedió a todos los cargos que tuvo por concurso‒ y con las personas ‒la medicina, la suya, siempre estuvo al servicio de la gente‒.

De la palabra práctica

Cuando regresó al país, se propuso plasmar lo aprendido: organizar, enseñar, atender a los niños de aquí.

“En esa época, no había pediatría en Panamá. Así que empezamos formando enfermeras, médicos, haciendo escuela. Traíamos conferencistas de fuera”, dijo en una de las últimas entrevistas que dio antes de morir.

El sociólogo Marco A. Gandásegui hijo, llama al trabajo de su amigo José Renán Esquivel, “la revolución de la salud”, y profundiza en el pensamiento del médico. “Él estaba convencido de que la organización de la gente puede garantizar la producción de la salud. La salud no es magia y, mucho menos, una pastilla. La salud son las comunidades organizadas para adquirir los conocimientos que les permiten elevar su calidad de vida y enfrentar con éxito todas las amenazas a su bienestar”, cuenta el sociólogo.

Así, con ese concepto y la rigurosidad que no evitaba las bromas que combinaba con las anécdotas, el psiquiatra José Calderón lo conoció en 1987, cuando se graduaba de medicina. Nunca esconde la admiración que siente hacía “el galeno panameño por excelencia”, como lo describe.

Calderón recuerda con media sonrisa que “cuando uno se sentaba a conversar con José Renán Esquivel, no era para hablar, sino para escuchar”. Esquivel dejó una huella profunda en Calderón, como en muchos otros colegas. Para él, Esquivel tuvo una historia de vida ejemplar, dedicó cada instante a la enseñanza. “Muchacho joven, nos decía, como llamado de atención”, asegura Calderón.

Científico social, su vocación comunitaria lo llevó a experimentar desde el conocimiento, pues José Renán Esquivel llevaba a sus estudiantes de medicina a las comunidades, para que investigarán el entorno de cada persona enferma, “el primer centro de salud es el hogar”, decía.

Casi treinta años después de ser parte de los médicos aprendices de Renán Esquivel, Calderón hace un balance de lo que significó la guía dentro del Hospital del Niño, “él impuso una mística que puso al Hospital del Niño en los primeros lugares de atención de América Latina en los años 70 y 80”.

Durante esa época, era bien sabido que si querías a tus hijos, ante cualquier problema de salud, debías llevarlo al Hospital del Niño. La guía y el equipo de Renán Esquivel eran de público conocimiento.

Él mantenía las puertas abiertas para todos y así como su palabra era inapelable, su acción también. Los lunes, a las 6:00 a.m., el pediatra hacía una ronda por todo el hospital, acompañado por quien así lo quisiera hacer, era para ver y aprender.

“Era su dinámica. Él decía que de lunes a jueves era médico y de viernes a domingo agricultor”, recuerda José Calderón.

Es en una de estas giras, que queda plasmada una anécdota que cambió la historia de salud pública del país.

José de Jesús “Chuchú” Martínez cuenta en uno de sus libros, cómo José Renán Esquivel llamó al general Omar Torrijos para que fuera testigo de un niño que se comía los dedos de la mano. Él le enseñó al general que en Panamá había hambre.

Sin embargo, Esquivel no se consideraba torrijista, más bien era comunitario y pediatra consagrado a su tarea.

Decía “Chuchú” Martínez, que el general Torrijos tuvo la gran fortuna de poder contar con el doctor Renán Esquivel, como teórico y práctico de los centros de salud que se extendieron por todo el país. Esquivel sería el primer ministro de Salud que tendría el istmo, de 1969 a 1973.

Parte de su trabajo, como ministro de Salud y director del Hospital del Niño, fue la sectorización de la salud. Él decía que la enfermedad tenía una tipología según la procedencia del individuo y la siembra de los centros de salud, en los lugares más recónditos. El galeno aseguraba que el nivel de atención primaria era la base fundamental de todo el sistema de salud.

Dr. José Renán Esquivel, recibiendo el Premio Abraham Horwitz, a la excelencia de la Salud, conferido por la OPS.
Dr. José Renán Esquivel, recibiendo el Premio Abraham Horwitz, a la excelencia de la Salud, conferido por la OPS.

La herencia

El compromiso de José Renán Esquivel no sólo era profesional. Él era una persona aferrada a sus ideas, así lo recuerda María Inés Esquivel, una de sus siete hijos.

Entre risas, recuerda: “cuando a mi papá se le metía algo en la cabeza nadie lo convencía de lo contrario. Creía tanto en la colectividad que hasta los regaños eran colectivos”.

Tal era la terquedad que cuando recibió una herencia, de entre 500 mil y un millón de dólares la donó completa al Hospital del niño.

“Fue para finales de los años 80. No lo recuerdo bien”, cuenta María Inés, la única de su prole que estudió medicina.

Pero una de las más grandes obras del doctor Esquivel, fue la creación de los comités de salud, llamados a ser los regentes de salud, los que se formaban alrededor de un centro de salud. Ese comité tenía que decidir temas que tenían que ver con la basura en el área, las vacunas, la atención preventiva. La misión era formar a la comunidad y empoderarla en su lugar.

También crea un programa de huertos en el Ministerio de Salud, pues vinculaba la salud con la alimentación.

Minerva Lara, quien trabajó en el Ministerio de Salud, recuerda la humildad y compromiso de José Renán con la salud y niñez panameña.

“Él tenía visión a futuro de lo necesario en salud pública. Él propugnaba la salud preventiva. Él crea el programa de “educadores” para salud, la semilla de los centros de salud. Eran estos educadores los que hacían las campañas masivas de vacunación, de exámenes de Papanicoláu”, afirma Lara.

En los años 80, Panamá erradica la sífilis congénita, la polio, la difteria y el mosquito Aedes aegypti.

Lara también hace memoria y recuerda que el doctor Esquivel crea el logo “Salud Igual para Todos”, que casi 30 años después lo adopta la Organización Mundial de la salud, pero dándole un giro: Salud igual para todos en el año 2000”.

Lara evoca los aportes del pediatra y exige, para el especialista, su lugar en la memoria del país, “los panameños queremos desconocer lo que no está en consonancia con nuestras posiciones políticas y no reconocer méritos. José Renán Esquivel es estigmatizado por ser el primer ministro de Salud de la época de Omar Torrijos Herrera’, enfatiza, para luego agregar, ‘que nos hemos olvidado del compromiso con la salud pública”.

En un país como Panamá, donde todavía mueren personas por dengue, chikungunya, zika, donde nacen niños con sífilis y aumenta la mortalidad infantil desde el año 2009, según la cifras del Minsa y la Contraloría, es difícil imaginar que alguna vez se alcanzaron los primeros lugares en las estadísticas regionales de salud pública.

Para la investigadora Minerva Lara, “se necesita un compromiso, como país, para que surjan los otros José Renán Esquivel que se esconden asfixiados por la burocracia y la mediocridad del sistema”.

Esquivel murió rodeado de todos sus hijos y su esposa Vilma, el 2 de noviembre de 2010. En una de las últimas entrevistas, dos años antes, estaba preocupado por el deterioro del sistema de salud, ‘pero se mantenía optimista. Él tenía la virtud de encontrar una salida y el lado positivo a todo’, recuerda su hija María Inés.

El médico, quien fue candidato presidencial en 1987 con el Partido de los Trabajadores, afirmaba al recorrer su finca: “Van a venir generaciones, que mejoren todo, ¡Seguro! ¡Ajóoo!. Los médicos nuevos suelen desconocer la realidad social, pero siempre es posible cambiar”.

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