El gobierno de Varela, de la incapacidad al golpe de estado financiero

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Hay pronósticos de una crisis tormentosa al final del camino.

El gobierno de Varela, de la incapacidad al golpe de estado financiero

Por George Kurani S.

Tres ministros y un viceministro y algunos directores de agencias descentralizadas, han tomado el camino de separarse de sus cargos para regresar a sus esferas profesionales. Otros han sido destituidos por competencias que no llenaron las expectativas de la razón social de posiciones en las que fueron honrados por Servicio Público.

La ponderación de la percepción social, es que el equipo de Gobierno no consolida una gobernanza estable. Parece que las presiones sociales demandan mayores expectativas del Gobierno y la capitalización de las políticas. ¡No logra un cauce de esperanzas de mejoría de calidad de vida del pueblo!

En el medio de todo ello, el Gobierno lucha contra la corrupción del “régimen martinelliano”, con una eficacia judicial endeble, aparte de que las condiciones globales de la economía y de las presiones hegemónicas de los intereses norteamericanos (OCDE, GAFI), han producido un “golpe financiero soft”, que desencajó la capacidad de respuesta interna.

La incompetencia en política exterior demostró que el Gobierno tardó en reaccionar en la defensa de la Soberanía Nacional Fiscal Territorial, creando una atmosfera de lenta respuesta para proteger la imagen de la marca Panamá. El síntoma de ellos es un desequilibrio y descontrol en casi todos los sistemas estratégicos que afectan la economía nacional. Esa situación puso en evidencia las acefalias de los “ministros y funcionarios naif”, que abandonan el barco de S.E. Juan Carlos Varela. El mandatario intenta ser mesurado en público, pero carece de improntas para convocar la unidad nacional.

En realidad, el presidente sólo cuenta con un equipo comparable a “avestruces”, ya que pocas veces sus integrantes “dan la cara” a los medios. En cambio, persiste una atmosfera de “fantasmas fácticos económicos y de intereses”, que responde a presiones y posicionamientos en las perspectivas de control de los negocios estratégicos, y de patrimonios con las garantías de apoyo oficial.

La percepción social de comparar a figuras que accedieron al poder, reduce el debate ideológico al populismo del Varelismo y la corrupción de Martinelli, con aliento a Guillermo Tell, porque el héroe es un villano y el jefe de Estado un acolito de fe teocrática, en un mundo laico gubernamental ¡escéptico de su gobernanza!

Hoy, hay en Panamá una sociedad clientelar y crematística deformada en los cimientos de los poderes del Estado, lo que se traduce en una debilidad institucional democrática, susceptible a un golpe por ingobernabilidad y falta de fe del pueblo en sus gobernantes. Se requiere un cernidor social, nuevos liderazgos y gobernanzas concatenadas de todos los sectores y estamentos de la sociedad, y de una capacidad de contrición para corregir males institucionales y las malas prácticas, que aún perduran debido a las maltrechas leyes y partidos políticos.

El país sufre con una clase política amanuense del poder fáctico y el oportunismo mercantilista de clanes y gamonales. El punto de equilibrio social y económico y cultural exige el fortalecimiento de la democracia nacional, que se asemeja a un espejo roto, con refracciones distintas por las fracturas sociales no compatibles con las necesidades reales de la proyección de crecimiento y desarrollo.

Por otro lado, se ventila en diversos círculos la idea de convocatoria de constituyentes en varias modalidades. El sistema de Gobierno no tiene músculos, ni espina dorsal. Sólo una piel de forma, que ampara el Tribunal Electoral y la Corte Suprema de Justicia, a duras penas, con magistrados y fiscales cuestionados. Ambas instituciones están en jaque, subsistiendo al embate de cargos morales, al estar inmersas en grados de corrupción, lo que hace difícil una salida a la crisis de legitimidad del Gobierno.

La administración varelista puede explorar varias opciones en ese complejo escenario económico y político, que afecta a su propia imagen: adelantar las elecciones y/o disolver la Asamblea Nacional, y gobernar por decretos. Por un año, podría montar en paralelo una reforma constitucional, con carácter de constituyente distractora, y llamar a elecciones anticipadas antes del 2019.

Salir airado es preferible, a tener que ser enjuiciado por la Asamblea Nacional, o dimitir por alguna dolencia, como excusa justificada. También puede hacerlo ante la “inanición económica del Estado”, causada por su propio equipo de Trabajo y los efectos negativos de políticas sectoriales ineficaces, produciendo un “golpe de Estado Soft”. Con ello, saldría sin violencia y regresaría a su práctica privada industrial, y dejaría en manos del Partido Panameñista y el aliado Parido Popular el arreglo y pormenores de la estampida ministerial. Le toca al presidente Varela abrir el espectro político.

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