El 9 de Enero de 1964

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Estudiantes del Instituto Nacional se enfrentan con policías estadounidenses, al ver la panameña desgarrada.

Por Omar Jaén Suárez

(Extracto de un extenso artículo publicado en 2013)

La mayoría de los panameños de hoy no recuerdan, pues nacieron después de 1979 o porque eran todavía muy pequeños, que existió en el corazón geográfico del país, en el límite de las ciudades de Panamá y Colón y de Arraiján, la Zona del Canal como un enclave de tipo colonial. Se trataba de un territorio extranjero con leyes y autoridades norteamericanas donde se discriminaba y despreciaba a los panameños. Territorio delimitado por una cerca, el muro de la ignominia, que separaba dos comunidades desiguales, la panameña y la estadounidense. Territorio que además partía el país en dos partes unidas apenas por un pequeño y lento ferry que atravesaba el Canal en La Boca y luego por un puente en ese mismo lugar, que llamamos de las Américas, inaugurado en octubre de 1962. Muchos panameños de hoy no lo recuerdan porque no lo vivieron, cuando surgió, desde principios de la década de 1950, una religión patriótica, la de “Panamá Soberana”, que reivindicaba el territorio de la Zona del Canal y el Canal de Panamá, y que terminó por lograr su cometido. Esta es la breve historia de esa conquista, de esa recuperación territorial, de honor y dignidad que sucede en una odisea que alcanza su mayor dramatismo con la gesta del 9 de enero de 1964.

La Zona del Canal, enclave colonial en el corazón de la República

La Zona del Canal se crea en 1904 como un territorio de 1,432 kilómetros cuadrados entre el Atlántico y el Pacífico alrededor de la vía interoceánica, bajo jurisdicción exclusiva de los Estados Unidos. Se desarrolla rápidamente como un enclave de tipo colonial en el corazón de Panamá. Se instaura desde el principio, en la Zona del Canal, una segregación social y racial rigurosa legalmente constituida, separándose la población en blancos y de color, con sus poblados, viviendas, escuelas, dispensarios, almacenes, fondas, restaurantes y transporte público segregados. Habrá beneficios menores para los negros al igual que una justicia selectiva en la que los panameños y los negros llevan la peor parte. Se crean dos grupos de paga muy inequitativa: los de silver roll, empleados de color y los del gold roll, empleados blancos de origen norteamericano de preferencia. Se practica el “apartheid” como en Sudáfrica y se discrimina al panameño. Se impone el inglés como lengua oficial. Se aplican las leyes de Estados Unidos y los panameños son tratados como extranjeros indeseables que incursionan en un territorio de otra potencia. Solo pueden vivir y circular libremente en la Zona del Canal los empleados por el gobierno de Estados Unidos, civiles y militares. Policías, tribunales, jueces y funcionarios federales, con sus temibles cárceles, intimidan a los panameños y los mantienen fuera del territorio. Atrapar un mango que cae de los numerosos árboles que florecen en la Zona del Canal, cometer una falta de tránsito o arrojar basura en la calle es un grave delito penado al igual que cazar en sus tupidos bosques creados para mantener a los panameños a lo lejos del oasis de opulencia y de prosperidad, con sus casas bien cuidadas en medio de prados impecables y jardines magníficos, todo pulcro y limpio. Toda esa ciudad jardín es pagada con los altos ingresos por la operación del Canal mientras que Panamá solo recibe, por ese motivo, una anualidad de migajas.

El cerro Ancón queda en la Zona del Canal y se convierte en el símbolo del territorio perdido, cantado en hermoso poema por la poetisa Amelia Denis de Icaza. Pero esa situación del enclave colonial no puede durar eternamente. Mientras tanto, Panamá está creciendo y se está poblando; los panameños, en especial los jóvenes estudiantes, son cada vez más conscientes de que tienen clavado en el corazón de su territorio la espina de una colonia extranjera, en donde son vejados todos los días. Territorio en el que además se impide que se aplique plenamente la soberanía panameña. Nace así desde principios de la década de 1950 la religión de “Panamá soberana” con sus rituales laicos, se fortalece el nacionalismo que se extiende a todas las capas sociales y aparece la siembra de banderas por parte de grupos de patriotas en la Zona del Canal. Es un gesto pacífico pero lleno de fuerte significado simbólico que tendrá felices consecuencias mucho más tarde, a fines de la década de 1970.

Panamá plenamente soberana y dueña del Canal

El 1 de octubre de 1979 sucede un evento fenomenal, un verdadero sueño para todos los panameños: ese día desapareció la Zona del Canal y Panamá pudo ejercer su jurisdicción sobre todo su territorio, la cual había perdido de hecho desde 1904. Su bandera pudo flotar, al fin, de frontera a frontera entre Colombia y Costa Rica y no hubo más policías, ni jueces, ni tribunales, ni cárceles, ni leyes extranjeras en el suelo patrio. Cesó en esa fecha un sistema bochornoso en el corazón del país y de América, entre las ciudades de Panamá y Colón, dominado desde 1904 por la discriminación y el apartheid contra los panameños y la gente de color. Sistema que hacía que los panameños fueran extranjeros y ciudadanos de clase inferior en parte de su propia tierra y que impedía aprovechar plenamente el principal recurso natural del país, la excepcional posición geográfica y las tierras aledañas al Canal de Panamá.

El 31 de diciembre de 1999 ocurre otro acontecimiento impensable para generaciones de panameños: pasó el canal interoceánico y todas sus instalaciones al exclusivo control de la República de Panamá, ganando el país un bien muy productivo que podrá administrar para provecho de todo su pueblo. Se completó, de tal forma, el sueño de generaciones de panameños que lucharon, con las armas de la razón y de la justicia, para que Panamá pudiera ejercer la plena soberanía en todo el país y explotar totalmente su posición geográfica, su principal recurso natural. Panamá se aprovecha de los ingentes recursos del Canal que va a administrar mucho mejor que los estadounidenses, obra interoceánica que moderniza rápidamente y que comienza a ampliar desde 2011 con un tercer juego de esclusas para transportar barcos más grandes. Mientras tanto y desde 1979 los poblados y las bases militares de la antigua Zona del Canal van a ser vendidos, ocupados y transformados por miles de panameños, por empresas nuevas y grandes puertos internacionales y se integran a las ciudades de Panamá y Colón. Se convierten en el área más dinámica del país en donde al fin pueden circular los panameños sin ningún obstáculo como en el resto del territorio nacional.

¿Cómo llegamos hasta esa situación? 

La multitud inerme desafía al ejército de Estados Unidos en la actual Avenida de los Mártires. En la foto, figuran vehículos volteados y quemados.

El 9 de enero de 1964 propicia los acontecimientos increíbles para generaciones de panameños que soñaban con liberar al país y que hacen cambiar, radicalmente, la relación de fuerzas entre la República de Panamá y los Estados Unidos de América e inauguran una nueva era en su historia conjunta. Gracias a esos eventos se inicia ese mismo año una negociación más radical que concluye finalmente con la concertación de los Tratados Torrijos-Carter de 7 de septiembre de 1977. Estos convenios internacionales ponen fin a la Zona del Canal y a la perpetuidad de la extraordinaria concesión otorgada por Panamá a Estados Unidos en 1903 en circunstancias dudosas, por un francés, Philippe Bunau-Varilla, que traicionó a los próceres y su objetivo de lograr la construcción del Canal de Panamá con todas las ventajas para la nueva república. Esos tratados Torrijos-Carter, producto de 13 años de largas y complejas negociaciones entre los dos países, abrogan el Tratado Hay-Bunau Varilla del 18 de diciembre de 1903 y le otorgan a Panamá una reparación moral y material ante una injusticia histórica, y un nuevo sentido de dignidad. Justifican las acciones y el sacrificio de los jóvenes próceres del 9 de enero de 1964.

Los acontecimientos de principios de enero de 1964, surgen del protagonismo del pueblo panameño que se unió frente a la agresión injustificada de la población zoneíta y de las fuerzas armadas estadounidenses. Estas enfrentaron a los jóvenes estudiantes del Instituto Nacional que penetraron de manera pacífica el 9 de enero de 1964 en la Zona del Canal para izar la bandera panameña en la Escuela Secundaria de Balboa junto a la estadounidense, en cumplimiento de un pacto solemne entre los gobiernos de Panamá y Estados Unidos, acuerdo que desconocían los zoneítas. Se trataba de jóvenes estudiosos, inspirados en los escritores y poetas, en los intelectuales y los patriotas panameños que lucharon desde el inicio de la vida de la república por la solución de una situación anormal que surgió de la traición sufrida por los próceres en 1903 mediante el tratado Hay-Bunau Varilla y de la imposición del imperialismo de Estados Unidos en Panamá por el presidente Teodoro Roosevelt.

¿Quiénes fueron los héroes del 9 de enero?

Los mártires caídos bajo la metralla americana o sus consecuencias entre el 9 y el 12 de enero de 1964 se convierten así, en los más jóvenes próceres de la república y sus nombres quedarán inscritos en letras de oro para recuerdo y ejemplo de la posteridad. Fueron panameños humildes y anónimos, que actuaron movidos por un ideal patriótico, como reacción espontánea y natural de un pueblo herido a la ofensa al pabellón panameño infligida por los soldados estadounidenses y la turba norteamericana que ignoraba el compromiso y la autoridad de su propio gobierno. La mayoría cayó en una acción directa de protesta. Otros, de manera accidental, fueron abatidos sofocados por el humo de incendios o de las bombas lacrimógenas o por balas perdidas que provenían de la Zona del Canal. La mayoría murió en Panamá y algunos en Colón. Todos, al fin, serán héroes porque sufrieron la misma suerte por eventos de resistencia a una acción armada extranjera.

Los mártires de enero, en orden alfabético y con sus edades entre paréntesis, son Ascanio Arosemena Chávez (20), Maritza Ávila Alabarca (6 meses), Luis Vicente Bonilla Caco (15), José del Cid Cobos (16), Teófilo Belisario de la Torre (38), Gonzalo Antonio Crance Robles (14), Víctor Manuel Garibaldo Figueroa (29), José Enrique Gil (17), Ezequiel González Meneses (28), Víctor Manuel Iglesias Kandwich (26), Rosa Elena Landecho Lasso (13), Carlos Renato Lara (18), Rogelio Lara Arrocha (69), Ricardo Murgas Villamonte (40), Alberto Nicolás Constance (35), Etanislao Orobio Williams (18), Jacinto Palacios Cobos (23), Ovidio Lizardo Saldaña (25), Rodofo Sánchez Benítez (33), Alberto Luis Oriol Tejada (36) y Celestino Villarueta Ruiz (43). Esta pléyade de héroes entregó su vida, en Panamá y Colón en las jornadas de enero de 1964, por la patria panameña herida en su dignidad. Fueron 21 hombres y mujeres, en su mayoría jóvenes arrojados, que sufrieron la metralla extranjera. Se añaden a centenares de otros compatriotas heridos de bala y hasta de bayoneta, entre el 9 y el 12 de enero de 1964, algunos lisiados para siempre. Se unen a decenas de miles de panameños que sufrieron el escarnio y la agresión descontrolada de los zoneítas y de los soldados del Comando Sur. Ellos son los que borran, con su sacrificio, la afrenta del Tratado Hay-Bunau Varilla de 1903 y sus enmiendas en 1936 y 1955 las cuales, a pesar de los progresos relativos que traen para Panamá, no logran eliminar la causa profunda del colonialismo que sufre el país y la presencia de un estado extranjero que domina en su corazón, en la zona más valiosa de su territorio.

Testimonios

El escritor David Robinson, familiar de Estanislao Orobio Williams comenta, que Estanislao tenía 18 años, estudiaba en la nocturna del Instituto Nicolás Victoria Jaén. La noche del 9 de enero decenas de estudiantes salen del colegio hacia la Zona del Canal, él portaba la bandera, es abatido por dos proyectiles, herido es conducido al Hospital Santo Tomás, muere el 11 de enero. Sus últimas palabras fueron todo es por la patria. Ernesto Endara le dedica a Estanislao, la obra teatral Una Bandera Premio Ricardo Miró en 1977. Ezequiel González Meneses, mártir penonomeño, también estudiante del mismo colegio nocturno, es muerto en la misma acción patriótica.

El profesor José Alberto Del Cid Felipe, hermano de dos mártires, Jacinto Palacios Cobos y José Del Cid, manifiesta que Jacinto no llegaba a la casa y su madre envía a su hermano José a buscarlo. Los dos mueren, el 9 de enero en la Avenida 4 de julio, hoy Avenida de los Mártires. Agregó que también dos primos mueren ese mismo día, la niña Rosa Elena Landecho Robles (13), estaba en su casa, en San Miguel y le dispararon desde la Zona del Canal y Gonzalo Crane Robles (14).

El Dr. Rodolfo Ermocilla Bellido, es el patólogo que atiende a Ascanio Arosemena, quien muere por una bala calibre 45, le dedica su poema “Panameño tú siempre dices sí”.

El Dr. Guillermo Rolla Pimentel, es golpeado por los zonians cuando recoge a los heridos colonenses, era médico del Hospital Amador Guerrero. La bandera de los manifestantes de Colón fue entregada por él, al Municipio de Colón. Afirma que Andrés Galván y otros dirigentes de esa provincia fueron detenidos por el oficial Omar Torrijos, siguiendo órdenes de Bolívar Vallarino, jefe de la Guardia Nacional.

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