EEUU podría estar al borde de una era liberal, a pesar de Trump

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Eric Foner, uno de los historiadores más prominentes y premiados de Estados Unidos, ganador del Premio Pulitzer en 2011, entre otras distinciones. Es autor y/o compilador de más de una veintena de libros sobre la historia estadunidense. (Foto Tomada del canal de YouTube de The Lawrenceville School).

EEUU podría estar al borde de una era liberal, a pesar de Trump

  • Sanders no creó esta expresión de izquierda, «pero le dio voz».

Este es un país cuya economía fue fundada sobre la esclavitud en sus inicios, cuya raison de etre implicaba desplazar a los indígenas americanos y donde buena parte de su territorio fue arrancada de México. La noción de gente diferente con diferentes niveles de pertenecer viene de bastante atrás.

David Brooks
Corresponsal Periódico La Jornada

Nueva York.

La coyuntura política de Estados Unidos surge de corrientes históricas presentes desde los inicios de este país y, si bien tiene un lado extraordinariamente oscuro con el surgimiento de un candidato demagógico de derecha, también podría ser el amanecer de una era progresista, afirma el historiador Eric Foner en entrevista con La Jornada.

Foner es uno de los historiadores más prominentes y premiados de Estados Unidos, ganador del Premio Pulitzer en 2011, así como de otras distinciones (el Premio Bancroft, el Premio Lincoln) y ha sido presidente de las tres asociaciones nacionales de historia. Es autor y/o compilador de más de 24 libros sobre la historia de Estados Unidos, que abordan en particular la esclavitud, la guerra civil y la reconstrucción, así como sobre movimientos radicales progresistas y profesor de historia durante más de cuatro décadas en la Universidad de Columbia.

La charla transcurrió en su oficina en Columbia, rodeados de libros y de sabiduría colectiva. Esta es una versión editada de la entrevista.

–En esta elección ¿estamos en una coyuntura política única o hay precedentes?

–Sí es inusual, pero no tanto como algunos parecen creer. Es importante recordar que desde la revolución americana en adelante siempre ha existido una tensión en la vida pública en torno a los conceptos del nacionalismo, entre nuestros llamados ideales de libertad e igualdad y un fuerte componente racial que existió desde temprano con la esclavitud, y con leyes iniciales que limitaban la ciudadanía a algunos inmigrantes blancos. Los inmigrantes negros no pudieron volverse ciudadanos hasta 1870, y los asiáticos hasta los años 40 y 50 del siglo XX. En fin, siempre ha existido un fuerte componente racial en la concepción de quién es o no estadunidense.

“Este es un país cuya economía fue fundada sobre la esclavitud en sus inicios, cuya raison de etre implicaba desplazar a los indígenas americanos y donde buena parte de su territorio fue arrancada de México. La noción de gente diferente con diferentes niveles de pertenecer viene de bastante atrás.

“Pero también parte de lo que estamos observando (en esta elección) es la extension lógica de lo que Richard Nixon llamó la estrategia sureña. A finales de los 60 y principios de los 70 para atraer votantes blancos que estaban contra los avances de los movimientos de derechos civiles, y con ello se logró trasladar el voto blanco, antes demócrata, al Partido Republicano. George Wallace (gobernador de Georgia, feroz promotor de la segregación y enemigo violento del movimiento de derechos civiles) demostró que uno podía ganar apelando al resentimiento y el temor.

“Para mí, un Trump es la segunda venida de un tipo como George Wallace, pero con diferentes temas; son 50 años más tarde. Es más bien una combinación, un Wallace con el racismo y el etnocentrismo nacionalista y un Ross Perot, quien hizo campaña presidencial independiente en 1992 como empresario y no como político y fue quien colocó el tema del libre comercio en la agenda.

“Desde el fin de Ronald Reagan, ambos partidos políticos principales han estado en este molde neoliberal que ha sido devastador para mucha gente, y Trump ha captado parte de eso, esa gente que ha sufrido sin tener voz en la política nacional.

«A la vez, hay algunos aspectos inusuales: Trump es una figura extraña; uno tendría que salir de Estados Unidos para encontrar algún equivalente, tal vez Berlusconi, de Italia, con la demagogia combinada con el elemento sexual. Trump es un poco de todo esto, pero no se puede decir que no tiene precedente».

–Pero ¿qué pasó con ese cambio que representaba Obama?

–Primero, Obama demostró que aún no podemos decir que somos post raciales en este país. Obviamente hay mucha gente que jamás aceptó como legítimo a Obama, como demostró ese cuestionamiento sobre su acta de nacimiento, entre otros. Pero también se tiene que agregar a la ecuación la crisis financiera de 2008 y que mucha gente cree, con cierta justificación, que el sistema político está amañado y que está en su contra. Y algunos creen que esto es en parte culpa de Obama; el resentimiento contra Obama no es sólo por la raza.

“Los banqueros la libraron sin ningún costo personal mientras millones perdieron sus hogares durante la crisis financiera. Obama llegó como el candidato del cambio. Enfrentó una crisis económica tremenda. La pregunta era si en verdad iba a cambiar algo, o sólo a remendarlo. Y decidió sólo remendar. Para mí, eso fue un error terrible y mucha gente se siente excluida de lo que ha ocurrido desde entonces y siente que nadie en Washington habla por ella. Por eso Trump logra que se le escuche; él es de fuera de Washington y puso esos temas sobre la mesa… Hasta que apareció Bernie Sanders en el escenario, nadie estaba abordando estos temas.

–Esta elección ha girado en torno al fenómeno de Trump, pero igual de notable es el surgimiento de una expresión de izquierda.

–Sanders no creó esa izquierda, pero le dio voz. Estaban Ocupa Wall Street y Black Lives Matter, entre otros; hay muchas izquierdas: eso es parte del problema, no tienen un paraguas debajo del cual todas puedan trabajar de manera conjunta, pero Sanders demostró la desafección, tal como lo hace Trump. Y él logró empujar al Partido Demócrata hacia la izquierda. La plataforma nacional de ese partido está entre los documentos más progresistas –uno tendría que regresar a la plataforma populista de 1894 o a FDR en 1936 para encontrar algo equivalente.

“Si Hillary gana –una centrista neoliberal– encabezará un partido que ahora está considerablemente a la izquierda de ella”.

–Usted ha escrito extensamente sobre los movimientos radicales y progresistas en este país, y ha recordado que estas expresiones no son nada nuevo, aunque esto suele quedar borrado u oculto aquí.

–Absolutamente no es nada nuevo. Sanders habla de socialismo democrático, pero en realidad él es unnew dealer de izquierda, lo cual ciertamente parece radical dado donde estamos hoy día. Lo que significa el socialismo en el siglo XXI no queda claro. En el siglo XX existía un modelo de socialismo… y todo socialista en el mundo tenía que definirse en torno a la URSS. De cierta manera ahora estamos de regreso a la situación antes de la Primera Guerra Mundial, donde existía un movimiento socialista mundial, incluso en Estados Unidos… pero no existía un Estado socialista, y por lo tanto, socialismo podía significar muchas cosas.

“Sanders colocó la palabra socialismo de regreso en el diálogo político, algo que en sí es notable para cualquiera que creció durante la guerra fría, como yo. El concepto de Ocupa Wall Street, de que hay un 1 por ciento y un 99 por ciento, donde el 1 por ciento está a cargo de todo y captando todos los beneficios, es ahora algo compartido entre amplios segmentos de la población.

–¿Qué le da esperanza?

–Pues, a pesar de Trump, podemos estar al borde de una era liberal considerable… Hay bases para tener cierto optimismo –por la propagación de una visión progresista de Sanders y otros–, que por ahora no se oye por el ruido de Trump, pero que estará ahí después de esta elección.

“Siempre tengo esperanza, ese es mi temperamento. Mi consigna básica es de Gramsci: ‘Optimismo de la voluntad. Pesimismo del intelecto’.”

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