EDITORIAL: Las fiestas patrias y los valores de la juventud

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Las fiestas patrias y los valores de la juventud

Cada generación de panameños se ha empinado sobre obstáculos para ascender y escalar posiciones más elevadas en la materialización de los objetivos nacionales, imbuidos de valores, la urgencia histórica y el coraje. Esa actitud hacia la cúspide, en un constante relevo, es lo que algunos analistas denominan el alpinismo generacional, que se contrapone a las prácticas entronizadas de corrupción y clientelismo político.

La expresión de uso frecuente en la actualidad fue utilizada por el desaparecido general Omar Torrijos y otros estudiosos de los fenómenos sociales para describir el avance, algunas veces con retrocesos esporádicos, en la materialización de los ideales de una nación que lucha para crear las bases de la unidad, la defensa del territorio y reclamar equidad. En el caso panameño, ese ascenso de generaciones ha estado marcado desde hace años por el sacrificio y la inmolación de los mártires y la valoración de su ejemplo.

Una conducta valerosa, inspirada en contiendas legendarias, adquiere un valor particular durante la fiestas patrias, cuando se apela a la historia y a la recuperación de la memoria colectiva, que sistemáticamente ha tratado de ser borrada del calendario de la nacionalidad para desconectar al ser panameño del rencuentro con sus raíces, tradiciones ancestrales y orígenes libertarios.

La defensa de los símbolos patrios ha sido acogida por la juventud estudiosa en numerosas jornadas épicas, tachonadas de rebeldía y actos heroicos en los siglos XIX y XX, para definir la panameñidad. Una respuesta justa siempre emergió de voces de mando en comunidades organizadas frente a los retos del autoritarismo, el despojo de los recursos naturales y la venta del patrimonio, que contradicen el anhelo de materializar un país libre y soberano.

En el Mes de la Patria, cada pecho debe ser una trinchera contra los sectores que promueven el expolio, la pérdida de los derechos económicos y sociales de la población, y aquellos que abusan del poder para alimentar sus arcas personales. De ese modo, la festividad tendrá verdadero sentido y las marchas adquirirán una función movilizadora, mientras es izada en el asta del Cerro Ancón el emblema tricolor que inspira a multitudes de jóvenes a defender el patrimonio canalero y asumir el relevo, ganando cada peldaño en la construcción de un futuro digno y sin ataduras infames.

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