EDITORIAL: La mala Educación convertida en lastre

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La mala Educación convertida en lastre

La finalización de la huelga que había sido convocada por 17 gremios de docentes, en una acción coordinada y unitaria del sector magisterial, dejó al descubierto las grandes lagunas educativas y la poca capacidad de maniobra del gobierno, que se retractó de haber roto el diálogo entablado con movimientos beligerantes.

Desde la década de 1970 cuando se realizó el primer gran intento serio dirigido a dar perspectivas a las capas medias y grupos marginales, en procura de un salto cualitativo en el campo de la enseñanza, es relativamente escaso el avance en materia de resultados de calidad en el sistema de instrucción pública, desbordado por la acumulación de problemas y conflictos.

Esas dificultades van desde el desgreño administrativo hasta la incompetencia para resolver en forma planificada el deterioro físico de centros o complejos escolares, en gran parte desabastecidos de las herramientas pedagógicas que poseen otros países con menos recursos materiales que Panamá. Un presupuesto asignado menor al seis por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), revela no sólo la desatención a este sector de importancia estratégica, sino la falta de una visión de Estado para alcanzar metas de desarrollo humano..

Un indicador que insta a generar un debate sobre la Educación y las abismales diferencias entre los planteles públicos y los particulares, es el hecho de que más de 1.000 “escuelas ranchos” (chozas convertidas en aulas de clases) siguen en pie en un país que se ufana de ser un modelo exitoso de economía en el ámbito regional. Sin duda, la Educación pública tiene un rostro de pobreza, y no hay los suficientes mecanismos para cambiar con rapidez la realidad de exclusión en la que permanecen muchos jóvenes y adolescentes.

Es difícil imaginar un futuro promisorio para Panamá, sin una Educación de calidad, estructurada sobre pilares democráticos y la incorporación de la ciencia y la tecnología en el pensum académico. La lucha por aplicar un modelo transformador en la Educación debe concitar la participación de las Universidades y los talentos en el ámbito de la docencia, para el diseño de una estrategia que asegure el proceso de formación y aprendizaje, y evite que la población más vulnerable sea esclavizada por la ignorancia o la exclusión, o por el abandono de un sistema en el que gana espacio la violencia.

Más allá de celebrar un acuerdo final entre docentes y representantes gubernamentales, divididos por antiguos reclamos, es necesario responder a desafíos que pasan, además, por hacer atractiva la carrera de educador en un país en el que son privilegiados negocios multimillonarios, megaproyectos y la transferencia de fortunas de un banco a otro, mientras muchas familias envían a sus hijos a las escuelas, pero sin libros y sin haber recibido un desayuno digno, con la esperanza de que el Estado pueda tenderles la mano.

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