EDITORIAL: El comandante Fidel Castro, más vigente que nunca

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El comandante Fidel Castro, más vigente que nunca

Más allá del homenaje póstumo y de la presencia de jefes de Estado y delegados oficiales en la exequias oficiales en La Habana, para despedir con los más altos honores al comandante Fidel Castro Ruz, jefe histórico de la revolución, está claramente demostrado que su legado de luchas y sacrificios sigue vigente, y que su desaparición física no ha opacado su obra universal y tangible.

Fidel fue un dirigente respetado porque fue consecuente con sus ideas de cambio y asumió riesgos en la construcción de un proyecto revolucionario que se consolidó, pese al bloqueo y la conspiración urdida durante décadas por los sectores más retrógrados en Estados Unidos y territorios utilizados para conspirar contra Cuba.

No hay en el período contemporáneo ningún otro ejemplo de resistencia prolongada al bloqueo y al acoso, como lo vivió Cuba. Todos los planes desestabilizadores causaron daño, pero fracasaron en el intento de destruir el proyecto socialista. Con Fidel al frente, los cubanos y cubanas soportaron la escasez de medicamentos, el hambre, la falta de insumos agrícolas y el aislamiento geográfico acentuado por el embargo, y rechazaron el entreguismo.

En enero de 1964, cuando jóvenes panameños intentan izar el pabellón tricolor en la antigua Zona del Canal y son masacrados por las tropas estadounidenses, la primera voz internacional de aliento en ser escuchada a través de las ondas hertzianas fue la del comandante Fidel, quien no titubeó en manifestar su apoyo solidario a las víctimas del acto genocida, colonialista e intervencionista.

El principal apoyo internacional a la lucha de Panamá, en las negociaciones para concretar un nuevo Tratado del Canal, provino, precisamente, del comandante Castro. En ese período, Cuba puso a disposición de Panamá sus embajadas, oficinas y contactos diplomáticos en África y Asia, para privilegiar en la agenda del Movimiento de Países No Alineados (NOAL) la causa soberana en la cintura geográfica de América.

¿Cómo puede morir un proyecto internacionalista que ha devuelto la Salud, la dignidad y la visión a millares de latinoamericanos pobres, a los que llegó además el alfabeto y la instrucción gratuita? De las aulas de universidades en Cuba emergieron como profesionales legiones de jóvenes que hoy sirven en sus países de origen. Las naciones de América Latina, entre ellas Panamá, tienen una gran deuda de gratitud con el líder de la revolución cubana, fallecido a los 90 años de edad sin que hubiese perdido jamás su capacidad crítica y el anhelo de ayudar a construir una América Latina unida.

Inspirado por el ejemplo del apóstol de la independencia José Martí, Fidel se yergue a lo largo del tiempo como un héroe de batallas, un político visionario quien sobrevivió a más de 600 intentos de asesinatos y supo empinarse sobre las adversidades para convertir cada revés en una victoria colectiva resonante. Sin duda, Fidel sigue vivo en los adelantos biotecnológicos, científicos y educativos, y en el desplazamiento de brigadas médicas cubanas en zonas de desastre en cualquier parte del mundo, donde se requiera la solidaridad humana efectiva y haya una apuesta sincera por la vida y la paz.

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