EDITORIAL: Basta de xenofobia y chauvinismo

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Basta de xenofobia y chauvinismo

Los persistentes llamados a rechazar o excluir a las personas por su origen, no tienen cabida en un país apegado al respeto de los valores humano. Las voces que se han unido al coro de los que quieren que en Panamá no haya extranjeros, desconocen la historia, el valor de la solidaridad internacional y el rico intercambio de genes que han dado un perfil propio a la población panameña.

Una interpretación xenófoba y chauvinista a los problemas sociales impide ver que el origen de la pobreza y la exclusión, no radica en los extranjeros y extranjeras que han decidido compartir su destino con los panameños, sino en los niveles de explotación y abusos que surgen de las clases económicas en el poder.

Países poderosos del mundo se nutrieron de oleadas de peregrinos y artesanos que abandonaron sus tierras ante el avance del oscurantismo, guerras de exterminio o graves padecimientos humanos, como la hambruna que azotó a Irlanda, de 1845 a 1849.

Holanda, con un territorio pequeño respecto a sus vecinos, se benefició al abrir las fronteras a la inmigración de hombres de ciencia y pensadores que en la Edad Media eran perseguidos por la Inquisición, Oros países adoptaron políticas de tolerancia, al crear refugios contra los perseguidos y las minorías discriminadas por regímenes autoritarios y genocidas.

Un antecedente aleccionador surge de la historia regional. En las luchas emancipadoras de América cabalgaron junto al Libertador Simón Bolívar guerreros de muchas nacionalidades, entre ellos panameños. Algunos dieron su sangre en los campos de batalla de Junín y Ayacucho, porque compartían el sueño de crear un mundo nuevo y romper las cadenas de la esclavitud y el colonialismo.

Hoy, ante los nuevos y masivos desplazamientos humanos, es necesario que ese proceso migratorio que ha desatado un intenso debate, sea realizado con apego a las normas legales vigentes, y con controles en materia de seguridad. La población demanda de las autoridades una gestión transparente, y que no haya resquicio para el abominable tráfico de seres humanos, a cambio de dinero.

Panamá debe ser un modelo en la región, para el respeto de los derechos de los migrantes, sin que ello implique ceder ni un ápice frente a los que fomentan la xenofobia, la segregación racial y el ultraje injustificado contra seres humanos de diverso origen, con el argumento de la defensa de los intereses nacionales.

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