Economía panameña en arenas movedizas

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Vista del Centro Bancario Internacional. Los bancos enfrentan nuevos retos. (Foto: La Estrella de Panamá).

Cuándo y Cómo la Deuda Privada se convierte en Deuda Pública y sus implicaciones.

Por Francisco Bustamante
Economista, Consultor Internacional
Cédula: 8-190-65

Un axioma del mundo capitalista, es que el sector privado invierte para obtener ganancias que superen el riesgo de perder. En el proceso, ofrece bienes y servicios de manera competitiva, cuando es inevitable, logrando incrementar el bienestar general.

En otras ocasiones, cuando se tiene un poder de mercado, se proveen los bienes o servicios, pero a precios mayores que los de competencia, favoreciendo a los dueños de la inversión a costa de los consumidores, si no tienen otra alternativa de mercado. ¿Qué pasa cuando no hay utilidades y si hay pérdidas?

Durante la crisis del 2008, los bancos que operaban en los mercados financieros como en los mercados reales, se vieron arrastrados a la mayor insolvencia de los últimos años. A diferencia de 1929, cuando hubo una contracción del apoyo del Banco de la Reserva Federal en Estados Unidos, en esta ocasión se proveyó a los bancos de abundante recurso financiero, a tasas mínimas cercanas a cero. Como contra prestación, canjearon créditos o inversiones que fueron llamados “activos tóxicos” por los recursos recibidos.

La idea era que utilizaran los recursos recibidos para financiar a los consumidores e inversionistas y reactivar la economía. No sucedió así. Los bancos utilizaron los recursos para mantenerse a flote, ya que eran tan grandes que no podían quebrar sin causar daños sistémicos mayores.

Casi 10 años después de la crisis, los bancos han crecido aún más, y la deuda privada o tóxica, como fue llamada, se convirtió en deuda pública incobrable en los registros de los organismos estatales.

En Panamá, gracias a que no hay una Banca Central, los bancos que no pueden solventar sus obligaciones, pasan por el doloroso proceso de absorción por otros bancos, liquidación o venta.

Actualmente, la deuda privada del mundo es mayor que la deuda pública. Es decir, las deudas privadas sean de consumidores o de negocios, superan a la deuda de los gobiernos. Y la economía, como apuntan algunos economistas, ha entrado en una etapa de estancamiento secular, debido a los desbalances entre ahorro e inversión, cambios en la población, tecnologías, etc.

En este panorama, las crisis de los negocios o de los entes financieros, puede presionar a que se den mayores rescates de parte de los gobiernos. Y esto se hace invariablemente pasando deudas privadas al gobierno. El efecto de largo plazo es terrible. La ampliación de deuda pública por absorber deudas privadas, le reduce al Estado capacidad de gasto e inversión. Incentiva la tentación a mayores impuestos. Y como estos son impopulares, sí, adivinaste. Aumentan el endeudamiento público aún más, comprometiendo la capacidad de crecimiento de la economía por el servicio o pago de la deuda. E, inevitablemente, presiona hacia la creación o aumento de mayores impuestos.

En los últimos años, el Fondo Monetario Internacional (FMI), a la luz del Artículo Cuarto, que les autoriza a evaluar la situación económica de los países, ha reiterado su recomendación a Panamá, que no tiene banca central, a que cree un fondo de préstamo de último recurso para cubrir potenciales faltas de liquidez de los bancos privados. Claramente, es una invitación a incentivar los riesgos morales de que los banqueros aflojen sus controles y tomen riesgos mayores, y que las ganancias sigan siendo privadas, y en crisis, de nuevo, las deudas privadas se conviertan en deudas públicas. Con cargo a nosotros, los contribuyentes.

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