Desgaste del modelo económico impulsa al movimiento social a buscar alternativas

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Desgaste del modelo económico impulsa al movimiento social a buscar alternativas

Como ha sucedido en otros momentos de la vida republicana, las fuerzas sociales más aptas están obligadas a diseñar un proyecto liberador que sustituya lo antiguo por lo nuevo y garantice la creación de vías alternativas y salidas a la crisis institucional que se refleja en la pugna entre los órganos del Estado y los grupos económicos que se disputan la hegemonía política.

Los panameños han sido testigos del rápido declive en el ritmo de crecimiento económico y las amenazas de sucesivos escándalos de corrupción que afectan al sistema bancario y financiero de Panamá, así como la pérdida de imagen del Estado soberano, lo que configura la realidad de un país dependiente y subordinado que dispone de escaso sentido de integración regional.

Pese a ello, aún no ha sido posible hallar una salida coherente única, debido a resquemores y falta de cohesión entre diversas organizaciones políticas e ideológica del país que deberían disponer de un proyecto unitario para definir el derrotero de una nación asfixiada por conflictos que se derivan del asalto al erario público, la corrupción, el crimen y la inequidad social.

Algunos sectores, con argumentos políticos serios, buscan encontrar en una Constituyente originaria  la fórmula para resolver la crisis y salir del fondo del pantano en que ha sido sumergida la gobernabilidad. Sin embargo, ese mecanismo útil en casos de crisis sistemática, como la nuestra, va a tener toda su utilidad, consistencia y perspectiva real,  cuando contemos con un movimiento organizado con la capacidad para contribuir a crear y defender un Estado democrático.

La Constitución de 1972 que generó un modelo de representación popular desde los corregimientos (unidad básica administrativa del país) fue posible porque había una fuerza militar organizada, cuya conducción fue asumida por una corriente democrática opuesta al proyecto político que sellaba el matrimonio sórdido entre oligarquía, malos curas y comandos derechistas.

El movimiento social panameño no debe ni puede ser indiferente a los intentos de grupos económicos de manipular el proceso electoral de 2019 y los planes para evitar el ascenso de fuerzas progresistas a instancias del poder por la vía del sufragio. Es necesario fortalecer las metas populares a través de formas de organización novedosas y del consenso político audaz.

La búsqueda de alternativas es una prioridad en la construcción de un proceso democrático que exige inteligencia y una gran dosis de tolerancia y entendimiento para reunir fuerzas ante los embates del capital financiero, que se aferra a un modelo desgastado para someter a las mayorías del país. Nuevas formas de unidad deben ser exploradas para generar un firme ascenso popular.

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