De Ítaca a Panamá

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Pueblo panameño en el Canal de Panamá.

Juan Carlos Mas C.

A su retorno de Troya y buscando la ruta que lo llevase a su natal Ítaca y los brazos de Penélope, Ulises encontró peligros y aventuras sin fin. Una de ellas, fue el paso por el estrecho de Messina, que separa a Sicilia de Calabria. La imaginación de los antiguos le adjudicaba a los promontorios rocosos de ambos lados el nombre de Escila y Caribdis, monstruos que atraían a los marinos hacia sus respectivas rocas y el naufragio consiguiente. Pero, hete aquí que la atracción fatal la ejercían las sirenas ubicadas a ambos lados, quienes poseían una dulce voz y con su atractivo canto impelían a los marineros a desviarse del centro y encallar finalmente.

Ulises tenía referencias acerca del hermoso canto y estaba ansioso de escucharlo, pero no quería naufragar. Taponó con cera los oídos de los marineros y él se hizo amarrar al mástil de la nave para escucharlas, pero inmovilizado ante la fatal atracción.

En la historia del istmo de Panamá, primero hermanados con los grancolobianos y los granadinos, conocimos de la fatal atracción de los cantos de sirena emitidos a través de la política y diplomacia de las grandes potencias. Oyendo el canto de sirena, quisimos pasar entre Escila y Caribdis.

En 1835, el gobierno de lo que quedaba de la Gran Colombia, pensando en fomentar una vigorosa y soberana marina mercante, adoptó un criterio arancelario, favoreciendo a la mercancía que llegase a sus costas en barcos colombianos. Hasta ese momento, Inglaterra había sido privilegiada, transportando víveres y pertrechos a una Colombia en armas contra el imperio español. No era un gesto altruista, sino la pretensión de monopolizar el tráfico marítimo hacia nuevas naciones. Aquella ley motivó que los barcos de una nación pretendidamente aliada, como Inglaterra, bombardease al puerto de Cartagena, para enseñarles a los colombianos, y con ellos a los panameños, quién dictaría las normas del tráfico marítimo.

Aquello generó una reacción compensatoria en la Colombia de entonces. Rápidamente, buscó a Estados Unidos, que fue invitado a asociarse en paridad con Inglaterra en la protección del comercio marítimo y del paso por el istmo de Panamá. Creíamos, como Ulises, que habíamos encontrado un paso entre Escila y Caribdis, pero nunca taponamos con cera el oído de los panameños. Pronto los cantos de sirenas enloquecerían a los grupos gobernantes.

Después, cuando la mano se puso pesada en aquellos 50 años de cooperación con bandoleros de levita o de traje vaquero, Colombia y con ella los panameños, intentaron balancear nuevamente la relación, introduciendo a los franceses en el negocio canalero. Los malos manejos y ¿quién lo duda? el sabotaje desde del ferrocarril hundieron aquel proyecto. Luego, Inglaterra quedó neutralizada por las aventuras en el Lejano Oriente, reprimiendo a los patriotas Bóxer y por la guerra contra los Boers en Sudáfrica. Estados Unidos quedó solo en la cancha. Entonces, Panamá no discernía si la roca que impedía su desarrollo independiente se llamaba Escila o Caribdis, pero fue un peso abrumador.

Fue con Omar Torrijos cuando Panamá retomó la estrategia de balances y contrapesos, y frente al mundo occidental controlado por Estados Unidos buscó el apoyo del Movimiento de Países No Alineados y los países socialistas. Tal estrategia obtuvo frutos con la devolución del Canal. Como es sabido, la invasión estadounidense de 1989 tuvo el objetivo de anular las potencialidades de Panamá de cimentar su independencia a través de una política propia y neutral.

Hoy, cuando el mundo ha dejado de ser unipolar y Estados Unidos entra al undécimo round de una pelea en Medio Oriente, que lo ha magullado y extenuado, reemerge Rusia como contrapeso y se asoma nuevamente el diseño posible de un paso digno, soberano y próspero, navegando sin peligro entre Escila y Caribdis. Todo un reto para una diplomacia y política fundamentada en el conocimiento de la historia y de las luchas del pueblo panameño. Se requiere el ejercicio de la soberanía, la independencia y la cooperación entre iguales, blindada por un orgullo nacional que le impida prosternarse ante procónsules arrogantes que pretenden regresarnos al pasado del protectorado que fuimos.

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