Cuando un general dijo ¡Dejen que el muerto descanse en paz!

TESTIMONIO de Cecilio E. Simon E.

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OJO, para los clientelistas el torrijismo es un producto de mercadeo político, útil para las campañas electorales.

TESTIMONIO

Cuando un general dijo ¡Dejen que el muerto descanse en paz!

Por Cecilio E. Simon E.
Comité coordinador
Vanguardia Torrijista (VT)

VT
Un general lo llamó el trinchante del diablo.

El 31 de julio de 1982, obreros, campesinos y estudiantes, provenientes del campo y la ciudad, se movilizaron al mausoleo de Omar para rendir tributo en el primer aniversario de su desaparición física. En la víspera la Federación de Estudiantes de Panamá, el Frente de Reforma Universitario, las Columnas Juveniles 9 de enero, FENAMUDE, las Ligas Campesinas y CLUCO preparaban sus pancartas; en tanto que decenas de militantes de la Tendencia, aerosol en mano, salimos a las calles a pintar grafitis con la consigna OMAR VIVE y al lado las siglas de VT.

Ante el contagio generalizado de la consigna, el consternado General Rubén Darío Paredes gritó airado, “Ustedes, los de las pancartas con el trinchante del diablo… dejen que el muerto descanse en paz.”

En esa asoleada mañana de julio, ese general,  el ¡desde ya!”, quien a la muerte de Torrijos lideró el “pacto de los coroneles” que se turnarían en el poder, abolió el repliegue de los militares y lideró “gargantazo.  Él reformó la constitución y trasladó los poderes de la Guardia Nacional para hacerse Presidente de la República.

Ese general presidio el entierro del proyecto “yunta pueblo” de Omar, para casarse en segundas nupcias con los poderes fácticos que combatieron los Tratados Torrijos Carter, juraron volver al poder para acabar con los 505 burros (así llamaban a la Asamblea Nacional de Representantes), con los asentamientos campesinos, el código de trabajo y hacerse de la propiedad de las empresas estatales (a precio de vaca flaca) a las que llamaban competencia desleal. En una frase desmantelar el torrijismo, fue la misión del “pacto de los coroneles” y del general del “buen salto” que lo lideró.

Ahora esos poderes fácticos, se apropian de lo conquistado en los tratados que rechazaron y, niegan el destacado rol que desempeñaron en las calles a nivel nacional y en los foros internacionales, las organizaciones dirigidas por el Partido del Pueblo y la Tendencia, articuladas en lo que Omar denominó la generación del 2000.

Tito Benítez, niño colonense que se hizo hombre en la lucha por la soberanía, cayó en Coclecito aplastado por el árbol que talaba junto a los campesinos que de noche alfabetizaba, con la consigna en el pecho “si falla la negociación armas para la liberación”.  Julio Beitía, joven chiricano dirigente de la FEP, de vuelta de una gira de pomoción de los tratados, perdió la vida en un accidente de tránsito.

Ellos no pudieron ver la entrada de insurgencia reprimida de los hombres y mujeres de cara al viento que asaltó el Edificio de Administración del Canal de Panamá el 31 de diciembre del 2000 para exigir que Omar entrara al Canal, que los poderes fácticos, los gobiernos Panameñistas y el clientelismo enquistado en el PRD pretenden impedir.

En política no hay espacios vacíos. De la lucha de sucesión de los coroneles, derrotada por la invasión, emergieron los poderes fácticos que, para garantizar sus intereses, instauraron el bipartidismo neoliberal PRD – Panameñista que en el 2009 pretendieron romper, imponiendo desde la Embajada de los Estados Unidos a Cambio Democrático y como socio subordinado al panameñismo.

Ferdinand Lassalle (1825-1864) define a los poderes fácticos como las que “condicionan el ejercicio de la autoridad política, influyen sobre los medios de comunicación social, moldean la opinión pública, ejerce influencia sobre el pensamiento y la acción de las personas e intimidan o persuaden a quienes tienen atribución de tomar decisiones.”

 Ahora, los poderes fácticos, confrontados en una guerra para apropiarse de los recursos que generan el Canal de Panamá y su ampliación, reconocen que el Cambio Democrático y Panameñismo, por su carácter rapaz e incapaz, no convienen a sus intereses económicos. Que el cogobernante MOVIN no es viable, porque heredará la incapacidad del gobierno de Varela. Ellos ven, de nuevo, al PRD como el vehículo más eficiente para administrar sus intereses; pero les incomoda las expresiones torrijistas que no están a la venta en el mercado político.

Por eso hoy, en el trigésimo quinto aniversario de la desaparición física de Omar, el PRD no convoca a una gran concentración para reivindicar la obra del torrijismo. Por el contrario abren el gran bazar del clientelismo, porque al decir de Paredes prefieren que el muerto descanse en paz.

Más de 400 mil inscritos en el PRD, al grito de OMAR VIVE, rechazan que el torrjismo sea un producto publicitario para las campañas electorales y al clientelismo que  con la compra de votos, pretende revalidar su conducción en el partido. La poca afluencia a los centros de votación  en la elección para delegados confirma estas afirmaciones.

Los perredistas, defraudados por propuestas sin contenidos, reclaman a sus gobiernos el cumplimiento de las tareas encomendadas al PRD.   Exigen políticas de educación pública que garanticen al pueblo que lucho por el canal, el acceso a su administración; salud igual para todos y todas y, el uso más colectivo posible de los recursos provenientes del canal, sus áreas y bienes revertidos.

Aún estamos a tiempo de reconstruir la alianza social sin exclusiones sectarias, ni hegemonía clientelista negada por quienes sueñan con enterrar a Torrijos. Omar no descansará en paz hasta ver concluida su obra.  La vuelta a la patria doméstica. 

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