Clientelismo Político

Foro: Comprometidos combatiendo la corrupción

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Foro: Comprometidos combatiendo la corrupción (Foto Bayano digital)
Foro: Comprometidos combatiendo la corrupción Mario De León (Foto Bayano digital)

Mario Enrique De León,
Estudiante de sociología Universidad de Panamá

Antes de entrenar de lleno en definir el concepto de clientelismo político -como objeto de estudio- me gustaría iniciar con dos premisas fundamentales, que a mi juicio es la parte más importante de las ideas que traigo esta noche para compartir con ustedes.

Premisa No.1

La corrupción y el clientelismo político no son fenómenos sociales exclusivos del desarrollo capitalista, la podemos encontrar en todas las sociedades divididas en clases sociales: desde la esclavitud, pasando por el feudalismo hasta la sociedad presente. Sin embargo, la corrupción fue fundamental para la construcción del sistema capitalista: la podemos encontrar desde su origen en la acumulación originaria como fueron los “hechos históricos como el despojo de las tierras a los pequeños parceleros, la expoliación del continente de América y la caza de humanos en África para su sucesiva venta como esclavos”; y desde entonces ésta es necesaria para que el sistema siga reproduciéndose y expandiéndose.

Segunda Premisa

Relacionada con la primera y de suma importancia en este conversatorio, porque normalmente no se menciona en la discusión pública y menos en los medios de comunicación. A veces por falta de conocimiento y otras de manera intencional para distraer o desinformar. Es la siguiente:

La corrupción y el clientelismo político no son problemas de falta de ética, ni de valores, ni de educación sino problemas estructurales. Están insertados en la misma lógica de nuestro modelo económico que repercuta en todas las esferas de nuestra vida y que además las controla. Condiciona los sistemas jurídicos, políticos, culturales e ideológicos, en estos últimos entran: el sistema educativo, los medios de comunicación y la religión. Repito, la corrupción y las relaciones clientelares son correas de transmisión para el actual modelo económico.

Cualquier intento de frenar la corrupción es automáticamente un intento de restarle poder a los grupos económicos. Por lo tanto, los grupos económicos ni sus partidos ni sus candidaturas de libre postulación ni sus movimientos civiles pueden combatir la corrupción. En todo caso, serían intentos reformistas para encubrir, disimular o disminuir los niveles escandalosos de corrupción. Caso Panamá. Y aquellas expresiones -realmente independientes- que intenten combatir la corrupción y el clientelismo político pero que ignoran las premisas expuestas serán superfluas y carentes de contenido.

Con esta introducción no pretendo desanimar a los interesados de combatir a conciencia y con compromiso, la raíz de estos problemas, sino de abrirle una ventana y que puedan conocer la corrupción -como objeto de estudio- en su totalidad. De allí la importancia del desarrollo de la sociología y de las ciencias sociales, en general, y que éstas estén estrechamente relacionadas con los movimientos sociales y las organizaciones civiles. Más cuando el escenario político y mediático está invadido de opinólogos y de sentido común. Que por cierto, el sentido común siempre es errado.

El clientelismo político como objeto de estudio

El clientelismo político es un sistema político basado en el intercambio de favores entre dos partes con desigual acceso al poder, a los recursos y a los servicios sociales fundamentales para garantizar una vida digna y el desarrollo de la misma. Pero pese a esta asimetría ambas partes -necesariamente- tendrán que tener algo que ofrecer a la contraparte. Esta relación puede parecer libre, sin embargo es coactiva, ya que la posición que se ocupe en la estructura social, y las necesidades materiales, o de cualquier otra naturaleza, que esta acción implique por resolver, condiciona no solo en las formas del intercambio sino en la propia gestación del acto. Además, el valor de lo que intercambian también es desigual.

Estos intercambios conllevan un proceso histórico que implica otros tipos de agentes y de relaciones sociales; estos procesos históricos se presentan invisibles no solo para las partes implicadas, sino en los debates públicos que abordan este fenómeno social. Mayormente para encubrir una realidad perversa y otras veces por desconocimiento.

De lo anterior surge la idea de que el clientelismo es una acción de corrupción acumulada, ya que precisa de otros actos de corrupción que lo precedan, dando forma a un espiral creciente de corrupción. En este sentido, el propulsor del clientelismo es la desigualdad social presente en todas las sociedades divididas en clases sociales (amo/esclavo, feudal/súbdito, empresario/trabajador). De allí la premisa de que es un problema estructural.

A pesar que la base de estas acciones es la desigualdad social, se presentan como recíprocas y beneficiosas para las partes. Sin embargo, lo que crea es un cuadro de dependencia y de mayor desigualdad; transformándose así en un efectivo mecanismo de control. Además, como consecuencia directa agudiza la relación jerárquica entre las partes. Su carácter jerárquico, es incompatible con una esfera de reconocimiento mutuo desde un punto de vista de la igualdad y de la percepción de ambos sujetos de la relación como sujetos de derechos con pleno ejercicio de la ciudadanía; en realidad, el clientelismo mutila esta realización de derechos”.

Cabe aclarar que el clientelismo político puede ser coercitivo o hegemónico. El primero es cuando se implementa la fuerza (física o psicológica) y el chantaje. El segundo es cuando la población interioriza los valores de los sectores económicos dominantes y los reproduce.

No hay dudas que el clientelismo político es abuso de poder de la parte más aventajada “gracias a su posición jerárquica superior y a su acceso a los recursos públicos y privados que utiliza con tal fin. Así que no siempre el problema es lo legal o no del acto, como tampoco la “voluntariedad” de la clientela para entrar en el juego, sino las condiciones limitadas de derechos y oportunidades de ese sector de la ciudadanía, al que no le queda mejor vía que entrar en el intercambio debido al uso abusivo del poder por parte de un sector dominante y a una práctica clientelar heredada”.

Por otra lado, el intercambio de las partes tienen sentidos diferentes; a pesar que ambos se necesitan como las relaciones simbióticas. Por un lado, el de posición ventajosa incurre en el clientelismo para mejorar o afianzar su posición, mientras que la contraparte -el cliente- muestra un rostro más de supervivencia en medio de una sociedad que prioriza los intereses privados sobre el bien común. De aquí parte como el de posición más ventajosa transforma la riqueza en poder o viceversa.

Cabe señalar que los científicos identifican dos tipos de clientelismo político: uno “grueso” o “denso” y otro fino o institucional. El primero es el intercambio de un favor directo, por ejemplo un voto a cambio de una plaza de empleo o una bolsa de comida. El segundo, el institucional, se construye “sobre la base de la implementación de las llamadas “políticas sociales focalizadas”, por medio del cual se ofrece el recurso del Estado por parte de un “mediador”, el partido gobernante (normalmente), pero a través de un plan institucional, constituyéndose en “un mecanismo de control y de práctica clientelar a gran escala”. Esto no indica que las políticas sociales focalizadas no sean necesarias (dependiendo el caso), sino la forma en como los gobernantes las degeneran y las utilizan como mecanismos de control.

A pesar de todo lo expuesto, el clientelismo no es unidireccional. La propuesta puede surgir desde las partes menos aventajadas (solo si están organizadas), pero nunca podrá ser horizontal. La jerarquía se mantendrá como una constante en estas relaciones de intercambio. Pero más allá del análisis que uno pueda hacer sobre este fenómeno social, lo que nos interesa señalar es que en Panamá se da este fenómeno, al igual que en otros países capitalistas, por las condiciones limitadas de derechos y oportunidades de la absoluta mayoría de la población, al que el modelo y las políticas económicas privatizantes no les permiten otra alternativa que entrar en el intercambio debido al uso abusivo del poder por parte de las élites económicas por medio de sus vasallos políticos y otras veces de manera directa.

El reto que queda por delante

Es equilibrar la balanza social, ya que actualmente el peso está totalmente volcado hacia el lado del poder económico. Pero no desde ahora, sino desde siempre. Actualmente, controlan todos los partidos políticos (sin excepción), todos los medios de comunicación, los sistemas judiciales, el aparato estatal en su conjunto, incluyendo las fuerzas represivas, algunos movimientos civiles e incluso se han infiltrado en algunos sindicatos y gremios. Se trata de romper con la hegemonía con que gozan y establecer correlaciones de fuerzas más parejas, lo que consigo traería mayor participación y aquella democracia que por generaciones hemos anhelados.

Muchas gracias.

Bibliografía

Cerdad, J. (2014). El clientelismo político: una revisión del concepto y sus usos. Anuario de Estudios Centroamericanos, Universidad de Costa Rica.

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