Carta abierta al diputado Javier Ortega ante reto cultural panameño

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Folclorista ejecutando la mejoranera.

Carta abierta al diputado Javier Ortega ante reto cultural panameño

Muchos y muy complejos son los elementos que concurren para constituir y dar fisonomía a la nacionalidad. Sobre la base del paisaje yérguese la raza o fusión de razas, la lengua y la religión, la historia, las formas de vida social, los ímpetus naturales del espíritu colectivo. Entre otros factores más remotos, está el que suele llamarse la cultura tradicional y está también la capacidad de conservarla.

Manuel F. Zárate/Dora Pérez de Zárate La décima y la copla en Panamá/1953

Por Ana Isabel Araúz
Maestra de Enseñanza Primaria y Relacionista Pública

Recientemente, usted presentó ante la Comisión de Educación Cultura y Deporte de la Asamblea Nacional el anteproyecto de ley que declara el ‘pindín’ como “la música típica de la República de Panamá”. Dicha iniciativa, según sus declaraciones, tiene la finalidad de nombrar correctamente el género artístico musical y bailable que representa nuestro folclor, raíces y costumbres, y una vía para enaltecer las costumbres y tradiciones artísticas del país, según noticia difundida en los medios.

Ante esta acción que podría convertirse en Ley de la República de Panamá, si se aprueba, permítame compartirle información y reflexiones interesantes realizadas por los investigadores de nuestra cultura Manuel y Dora de Zárate, quienes dejaron a los panameños una prolífera obra que debe ser de permanente consulta, especialmente cuando se requiere de luz y guía para la toma de decisiones en materia de nuestra cultura tradicional.

Esta obra puede ser consultada en numerosos libros, cuadernillos, folletos, artículos ensayísticos, conferencias, artículos publicados en revistas y periódicos locales, material que en su mayoría reposa en la Biblioteca Nacional y en el Sistema de Bibliotecas de la Universidad de Panamá.

La música panameña es muy variada. Hablar de música de un país es acercarse ineludiblemente a sus ritmos, melodías, tonalidades, ejecutantes de esos instrumentos, bailes, cantos, danzas, historia y actualidad. La música panameña y sus instrumentos tienen una historia y abolengo, unos surgidos del corazón de África, otros del quehacer hispánico, que dan origen a la música folklórica, que es la que le ha dado cuerpo, y sustento a la música típica, declara Dora de Zárate, en su libro Sobre nuestra música típica.

Es necesario distinguir entre la música folklórica, la música típica y la música popular.

La característica principal de la música folklórica es que es anónima porque el autor se ha perdido a través del tiempo y por la injerencia comunal que ha sufrido su creación hasta llegar a poseer una forma estable.

Por su parte, la música típica está inspirada en la folklórica, tiene arreglo de autor conocido. Para interpretar ambas músicas, la folklórica o la típica, se utilizan los instrumentos de la orquesta panameña como son los tambores de cuñas, caja, las mejoranas, socavones, rabeles, violines, guitarras españolas, acordeones, armónicas, arcos, flautas de metal o de caña, zambumbias, pitos de pepita de guate o de corocito, las maracas, güiros, churucas, guácharas, los metales como el triángulo y el almirez, dependiendo de su uso en cada región.

Muchos y muy complejos son los elementos que concurren para constituir y dar fisonomía a la nacionalidad. Sobre la base del paisaje yérguese la raza o fusión de razas, la lengua y la religión, la historia, las formas de vida social, los ímpetus naturales del espíritu colectivo. Entre otros factores más remotos, está el que suele llamarse la cultura tradicional y está también la capacidad de conservarla. Manuel F. Zárate/Dora Pérez de Zárate La décima y la copla en Panamá/1953.

De todo esto también se deriva la música popular que es ejecutada con cualquier instrumento, ya sea inspirada en la música típica, en la foránea; o que se ejecute combinando nuestros ritmos con los de afuera como es el caso de las cumbias-porros que fueron de moda hace algunos años, las cumbias-salsa, las cumbiarengues, etc. Esto es música popular y no típica, y esa es la que reina hoy día en nuestro país; la popular. Hace tiempo que se está maltratando desde todos los ángulos nuestra música típica. Hasta aquí, los señalamientos de Dora de Zárate.

Por su parte, el libro Tambor y Socavón, Premio Ensayo Ricardo Miró, 1968, de los autores Zárate, señala al tambor como el instrumento que ha dado su nombre a nuestro baile nacional.
El “pindín” una forma de cumbia, un baile abrazado que sigue llamándose “cumbia agarrada”, está muy diseminado en los sectores populares del país de un confín a otro. El baile en esta forma constituye una “industria”, pues “el que baila paga” y unido a eso va la venta de licor. En el calor y la estrechez impuesto por la multitud que se apretuja en esas diversiones, el baile y con él la música, son las cosas que menos cuentan. El resultado ha sido fatal para el arte de la cumbia.

Los mismos tambores nativos tienden a desaparecer, porque el número creciente de orquestas exige tamboreros, y el arte de tocar tambores es un don no abundante. Los “empresarios” los han reemplazado por tumbas, timbales y cencerros o “latas” de factura cubana. Como se ve, nuestra música ya no es un producto natural de evolución plástica de las formas folklóricas sino la adulteración y el adiós definitivo al patrimonio nativo en su conjunto. Hasta aquí las aseveraciones de los esposos Zárate.

Por tal motivo, es evidente que desde hace varias décadas tenemos una deuda pendiente con nuestra educación y cultura. Es hora de volver a lo nuestro, al rescate de nuestros valores, costumbres y tradiciones. En su búsqueda a través del tiempo sin orientación oficial, nuestras generaciones se han extraviado y son presa fácil de cualquier elemento introducido que constriñe y aniquila, nuestra cultura y destiñe la identidad panameña.

Sería meritorio que usted, con ese interés de realizar un aporte importante para la cultura panameña presentara un proyecto de ley que hiciera realidad uno de los sueños que se llevó hasta su tumba la “madrecita de Patria” Dora Pérez de Zárate sin poder realizarlo: la existencia de una institución oficial que albergue todas las muestras de nuestras prácticas culturales; esa que nos identifican como pueblo, a fin de ordenarlas, clasificarlas, estudiarlas de cara a que se pueda llegar a sistematizar el estudio de aquellos hechos que nos hacen distintos a otros pueblos; de aquellos hechos que por ser comunes a los demás nos siembran el sentimiento de hermandad.

Ese sería, además, un tributo al quehacer de las figuras relevantes de la cultura tradicional panameña y un reconocimiento activo, permanente y digno de los esposos Zárate que tanto han dado al país, al recopilar toda su obra dispersa.

Dicha institución debe contener un Departamento de Música, donde al frente de un musicólogo, se estudien nuestras estructuras musicales; sus ritmos, afinaciones, melodías; cuál es su constante… la panameña…

Que integre un Departamento de Literatura en donde se recojan las leyendas de todo nuestro territorio; los mitos; los cuentos; las sagas; los refranes; las adivinanzas; las supersticiones; el vocabulario regional y comprobar cuáles vocablos murieron; cuáles se están perdiendo; los que están apareciendo…y además, también para un más profundo estudio de la décima, de la copla, y los pocos romances que aún existen.

Que integre un Departamento de Artesanía y sus diseños; su desenvolvimiento histórico; cuál es la línea por la cual nos inclinamos: ¿la espiral?, ¿la onda?, ¿la lineal?… porque al menos en lo geométrico ya lo tenemos bastante consignado entre nuestros sectores indígenas; pero nosotros los criollos, como nos llamaban los españoles de la colonia, no la hemos identificado aún.
Que integre un Departamento Social para conocer nuestra idea de sociedad: nuestras juntas, coleaderas, hierras; fiestas patronales; nuestra idea de familia y de propiedad; nuestro sentir religioso y además, nuestros bailes y danzas, pero con un experto del movimiento en la ciencia de estas artes, que, a su vez, sirva de orientación a los directores de conjuntos típicos, pues ellos también son objeto de estudio.

En fin, recoger el material hasta donde se pueda, porque el siglo XXI viene como un huracán atropellando formas, deshaciendo imágenes e ideas y nosotros los panameños perderemos la línea de evolución de lo que éramos, si no hacemos esto, señaló en su tiempo la profesora Zárate.

Honorable Diputado, si usted logra un proyecto así, su nombre no solamente quedará grabado con letras de oro en la historia de la cultura panameña, logrará ubicar una importante Marca País a nivel nacional e internacional y las generaciones venideras tendrán un cimiento sólido conociendo nuestro pasado, lo que somos, qué queremos y hacia dónde vamos en el fortalecimiento de la cultura tradicional y la identidad panameña. En el camino, estoy segura, encontrará al pueblo aliado.

¡Qué mejor forma de lograr su sueño de enaltecer las costumbres y tradiciones artísticas del país! ¡Adelante! Lo animamos.

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