Brechas de desigualdad en foco de entidad financiera latinoamericana

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Economista Lucila Berniell, de la CAF.

Por María Julia Mayoral

La Habana (PL) – Gran parte de los actuales préstamos del CAF-Banco de Desarrollo de América Latina tiene como foco el cierre de brechas de desigualdad en la región, aseguró la economista principal de la institución financiera, Lucila Berniell.

En entrevista exclusiva con Prensa Latina, precisó que las principales operaciones de crédito están dirigidas a infraestructuras básicas, entre ellas provisión de agua potable, saneamiento, construcción de escuelas, producción de energía y fomento de emprendimientos productivos en beneficio de las poblaciones más vulnerables.

‘Buscamos apuntalar la lucha contra la desigualdad desde sus bases más primarias y, en ese sentido, coincidimos con las visiones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal)’, respondió la especialista, quien asistió en Cuba al XXXVII período de sesiones de esa agencia de Naciones Unidas.

Tres vías fundamentales utiliza el banco para canalizar los recursos: el financiamiento directo de inversiones y otras acciones de políticas públicas; la provisión de servicios de conocimientos a fin de optimizar el diseño, la implementación y el monitoreo de políticas, y la asistencia técnica.

La cartera de CAF, distinguió, incluye fondos para mejorar la accesibilidad y las condiciones de hábitat en asentamientos informales dentro de las ciudades; “se trata, sintetizó, de una multiplicidad de proyectos frente a la necesidad de incluir a sectores históricamente postergados por las políticas públicas”.

A juicio de Berniell, el estudio “La ineficiencia de la desigualdad”, expuesto en La Habana por la secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena, resulta relevante al consolidar en un marco conceptual común múltiples evidencias empíricas obtenidas en el transcurso de los años.

Desde CAF, dijo, apreciamos el esfuerzo de la Comisión a fin de clarificar algunos conceptos y aportar los insumos científicos para corroborar que la desigualdad no solo es social y éticamente intolerable, sino también un impedimento al desarrollo económico sostenible.

“Compartimos los criterios, abundó, sobre el perjuicio de la desigualdad en términos de capital humano, de las habilidades adquiridas a lo largo de toda la existencia de un individuo. Las brechas de capital humano se abren muy temprano en la vida de las personas y se perpetúan y refuerzan en el transcurso del ciclo de vida”.

Aunque las realidades nacionales muestran panoramas heterogéneos, en América Latina y el Caribe hay notables deudas pendientes por parte de los estados en cuanto a proveer bienes públicos y protección social, promover la productividad y el empleo, refirió.

“Ni la igualdad social, ni la sostenibilidad medioambiental están reñidas con el dinamismo económico; una evaluación de la Cepal con la cual concordamos”, acotó.

Según recordó, el reporte bandera de CAF en 2016 demostró que resultan “lamentables y costosas” las grandes brechas abiertas en términos de habilidades cognitivas, socio-emocionales, de desarrollo físico y salud desde edades muy tempranas en la vida de las personas. Al decir de Berniell, la segregación espacial es otra manifestación evidente de la iniquidad: “Los bolsones de pobreza en muchas de las ciudades de América Latina, ilustró, determinan la imposibilidad de acceder a buenos empleos y servicios básicos de infraestructura como agua, saneamiento y movilidad, entre otros”.

El tema ambiental, consideró, es también “una cuestión a la que nuestra región debería prestar más atención”, pues representa un desafío al desarrollo ante el incremento de las vulnerabilidades asociadas al cambio climático.

Diversas actividades de CAF están encaminadas a compensar carencias en infraestructura y prevención de riesgos, en tanto abogamos por un crecimiento económico respetuoso con el medio ambiente, puntualizó.

Ninguno de estos problemas, contestó, resulta desconocido; una y otra vez se repiten en distintos foros regionales e internacionales, “pero al final pienso que la reiteración de los planteamientos es fundamental”.

“Tal vez por cansancio uno gana”, bromeó la economista, quien dijo tener una percepción optimista: “Las discusiones sobre la desigualdad en Latinoamérica y el Caribe, fundamentó, se van sedimentando y consolidando y permean cada vez más las esferas de las políticas públicas”.

“No estamos volviendo a decir lo mismo, añadió, tratamos de ir enriqueciendo el debate mediante nuevas y más abarcadoras evidencias sobre la importancia de que el tema de la desigualdad esté en el centro de las políticas públicas y el quehacer de los gobiernos”.

En opinión de la representante de CAF, “estamos llegando a un estado mucho más claro sobre cuáles son los determinantes más profundos de la desigualdad y eso podría alimentar mejores políticas públicas en la región”.

Países del área están transitando hacia modelos de desarrollo más inclusivos y productivos, con vistas a un crecimiento más integral y sostenible, ubicando en el centro de atención al ser humano y el medio ambiente, juzgó.

En medio de la diversidad, hay grandes desafíos comunes; ello denota la urgencia de fortalecer la cooperación sur-sur: estrategias y políticas nacionales, sustentó Berniell, generan lecciones que pueden servir para replicar medidas similares en otros países, lo cual puede generar aprendizajes regionales a fin de “no caer en errores sistemáticos y repetir historias del pasado”.

Las acciones de CAF, remarcó, están alineadas con la Agenda 2030 de Naciones Unidas sobre el desarrollo sostenible, al abordar también cuestiones como educación y políticas en pro de la igualdad de las mujeres.

Latinoamericanas y caribeñas cuentan hoy con una mayor inserción en el mundo del trabajo, pero en los últimos 10 años, advirtió, el acercamiento de la participación laboral femenina a la masculina perdió celeridad al bajar las tasas de crecimiento.

Un próximo reporte de CAF, confirmó, abordará distintas aristas del fenómeno, incluida la necesidad de mejorar las políticas públicas de cuidados a los niños y las personas mayores en los hogares a fin de igualar las condiciones de entrada de hombres y mujeres al empleo remunerado.

Otra preocupación fundamental son las brechas salariales por cuestiones de género, aunque encontramos diferencias notables entre los países estudiados, explicó la funcionaria, quien lamentó la persistencia del llamado “techo de cristal”; es decir, la ocupación de las mujeres en plazas que limitan la progresión en sus carreras y el acceso a los niveles más altos de las jerarquías organizacionales.

También estamos trabajando, informó, en los temas de violencia de género y participación de las mujeres en espacios de poder, a sabiendas de la prevalencia de grandes asimetrías que colocan a América Latina y el Caribe en desventaja en relación con otras partes del orbe.

Para Berniell, resulta esencial hacer mucho más visible la inequidad de género, de ahí el valor de propuestas de la Cepal, en las cuales trabaja CAF, con el propósito de cuantificar la contribución económica de las mujeres mediante la producción de bienes y servicios en los hogares, que no necesariamente se transan en el mercado.

“Ahí hay toda una cuenta por hacer y pensamos que el aporte de la Cepal y otras instituciones puede ser muy importante para visibilizar ese fenómeno”, concluyó.

Con sede en Caracas, Venezuela, CAF incluye a 19 estados miembros ‒17 de América Latina y el Caribe, España y Portugal‒, y a 13 bancos privados de la región.

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