Ausencia de liderazgo compromete futuro de Panamá

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Huérfana de liderazgo y sin un horizonte claro para definir el derrotero nacional, la población panameña sigue atrapada en los escándalos de corrupción que envuelven a la clase política y empresarial, y presencia la atomización del movimiento popular en un escenario internacional complejo y lleno de incertidumbre.

La precaria situación delata la falta de coherencia de organizaciones sociales para definir un programa mínimo de luchas coincidentes. Ello se demuestra en la clara incapacidad de articular un movimiento unitario y arrollador contra la impunidad, el desgreño administrativo y el saqueo del patrimonio de los panameños y la inseguridad.

Panamá carece de un verdadero proyecto liberador y es blanco de intereses multinacionales dedicados al usufructo de la posición geográfica, a través del despojo de recursos canaleros y el ejercicio de acciones arbitrarias que violan la soberanía y alejan a los panameños del control de legítimo y efectivo de ese patrimonio.

Uno de los mayores desafíos, es el uso del territorio panameño para instalar bases disimuladas como puestos de combate al tráfico internacional de drogas, en abierto desafío al Tratado de Neutralidad del Canal de Panamá y al principio de no intervención. En forma solapada, se ha gestado la entrega del país a manos extranjeras.

Los hechos descritos deberían haber provocado una firme respuesta de rechazo, por parte del movimiento social, pero la falta de impulso y el desmoronamiento de estructuras sin renovación han permitido que prevalezca la ignominia y el saqueo, al margen de las escasas voces contestatarias que apelan a la unidad y lucha consecuente.

La tarea primordial es la organización para recuperar el camino perdido y privilegiar las acciones de consenso, en el diseño de un país en el que prevalezca la Justicia y sea aborrecida la impunidad, y en el que los sectores patrióticos retomen la verticalidad y la defensa de la soberanía nacional, como mandato histórico irrenunciable.

Sin duda, Panamá requiere líderes políticos con gran arraigo en la juventud que eleven la autoestima del pueblo maltratado, tracen líneas democráticas de lucha y reten a la mafiocracia que devora los recursos más valiosos y subordina al Estado a exigencias foráneas, en contra del sentimiento mayoritario y la transparencia judicial.

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