“Al calor de un pretexto, como una chispa estallará”

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La Alianza Estratégica Nacional (AEN) llama a forjar la unidad entre las organizaciones sociales.

Por Marco A. Gandásegui, hijo
Profesor de Sociología de la Universidad de Panamá e investigador asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos (CELA)

Me encontré con Gisela Pérez-Polo, coordinadora general de la Alianza Estratégica Nacional (AEN), y marchamos juntos el 1 de mayo. La AEN es una organización combativa que desarrolla iniciativas en varios frentes sociales. Me informó que la noche anterior había tomado posesión de su cargo. También me aseguró que la posición que ocupa “es para servir y no para negociar por debajo de la mesa con los poderosos”.

Me hizo llegar un extracto del discurso que pronunció en el acto protocolar. Destacó la “crisis que golpea, en especial, a los trabajadores y, como nunca, a la clase media”. Señaló como “los poderes aprovechan para hacer negocios, burlando controles ambientales y atropellando comunidades: Barro Blanco, Barú, Alajuela, las áreas del Canal y Matusagaratí son los mejores ejemplos”.

La AEN reúne cerca de 500 organizaciones en todo el país. Su lucha atraviesa clases, asociaciones, reivindicaciones territoriales e invita a todos a luchar por sus derechos. Según Gisela, “los abusos sólo los podremos enfrentar con organización, persistencia, unidad, solidaridad, con actitudes constructivas, dejando a un lado el personalismo y las discrepancias”.

La AEN se nutre de las luchas populares que dieron sustento a las políticas del general Torrijos en la década de 1970. “El país ya sabe que somos rebeldes. El desarrollo de la juventud es nuestra prioridad. Vivimos una crisis de nacionalidad y patriotismo, y es la juventud que puede generar los grandes cambios en esa generación que, intencionalmente, la burguesía criolla con los partidos políticos enemigos del “proceso revolucionario”, urdieron la trama para defenestrar la Reforma Educativa. Premeditadamente, lo hicieron… con el propósito de hacer la diferencia entre ricos y pobres… que la clase media no siguiera surgiendo y, borrar la memoria histórica, para así apoderarse de todo, como antes del (golpe militar de) 1968”.

Gisela hace un análisis de la situación panameña actual. Identifica dos clases sociales que están en lados opuestos: “De un lado, aquellos a quienes el poder adormece. A quienes por actuar en ambientes de beneficiados se hacen los sordos para no escuchar el clamor que se incuba y vibra como un presagio de tempestad. Del otro, estamos los que producimos este mismo clamor en la escuela, en el rancho desolado del campesino, en el taller sonoro del artesano, en el alma de la madre y en el seno de la juventud, en la mente del industrial y del comerciante. Clamor que va gestando ansiedad por una diferente forma de organización de la sociedad”.

El descontento aparentemente crece y los políticos no tienen intención alguna de cambiar los programas que han sido diseñados para despojar de sus riquezas y de sus esperanzas a los sectores más necesitados del país. Gisela señala que “los anhelos destrozados por el incumplimiento de los Gobiernos, los clamores de justicia no escuchados, van formándose metódica, silenciosa e inexorablemente, en nuevas concepciones de equilibrio. En diversas inquietudes de la voluntad hacia un sistema más adecuado y justo de la vida. Y cuando estos elementos irrumpen en un momento dado, el calor de un pretexto de apariencia insignificante, pero insondable y demoledor, como una chispa sobre materias inflamables, estallará”. El escenario pintado por la dirigente de la Alianza Estratégica debe llamar la atención del país, especialmente de quienes gobiernan.

Los gobernantes, sin embargo, muchas veces se creen por encima de los conflictos y las luchas sociales. No se dan cuenta que en cualquier momento pueden perder el control sobre la situación. La dirigente de la AEN se pregunta “¿qué produce estos estallidos? Su respuesta es contundente: El abuso, la corrupción, atropello, despojo e impunidad”. La marcha del 1 de mayo de 2017 fue la más grande de los últimos quinquenios. Los trabajadores de todas las variantes –obreros, empleados, jóvenes y mujeres– llevaban pancartas y consignas denunciando la corrupción y el abuso. Las columnas disciplinadas de los grupos que dijeron presente el 1 de mayo manifestaban su rechazo a los atropellos de los gobernantes que se repiten todos los días en los centros de trabajo, en los precios de los bienes de primera necesidad y en las comunidades. Los presentes y ausentes también clamaban por la unidad de los trabajadores. Unidad que crearía mejores condiciones políticas para negociar salarios, más escuelas, centros de salud y seguridad en las comunidades.

Hay dirigentes como Gisela en todo el país. Hay que apoyarlos en su lucha social para comprometer a todos los panameños.

 

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