Acuerdos para la impunidad

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El abogado Ramón Fonseca Mora, actualmente detenido, puso el dedo sobre la llaga en el caso Odebrecht.

 

Miguel Antonio Bernal

Abogado y docente universitario

La falta de determinación de las autoridades panameñas, principalmente Ejecutivo, Ministerio Público y Contraloría, en el caso de la mega empresa criminal brasileña de Odebrecht, es cada día más evidente. No tienen la menor voluntad, ni interés, que la ciudadanía sepa toda la verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad.

 

Odebrecht continúa operando impunemente en Panamá y, sin duda, con obrecostos y coimeando, como lo hicieron ininterrumpidamente durante los últimos diez años.

 

El “acuerdo verbal formal” de la Procuraduría, diseñado para  acordar con Odebrecht y que no sean realizadas las investigaciones debidas, y no se les multe ni se les sancione por los sobornos y demás delitos perpetrados, está en marcha. Procuraduría y Contraloría, fiscalías y auditores pisotean la Constitución, las Convenciones contra la Corrupción, además de la dignidad nacional.

 

Coimeadores y coimeados se pasean impunemente por el territorio nacional. Siguen en sus cargos públicos o privados, mientras a la fecha las autoridades panameñas hacen todo tipo de malabarismos y maniobras políticas y diplomáticas, en Brasil y Washington, a fin de evitar que en Panamá se pueda saber qué y cómo pasó.

 

La atípica Fiscalía Especial Anticorrupción, sigue sin auditar e investigar como corresponde, mientras la Contraloría tampoco audita ninguno de los proyectos ejecutados por Odebrecht y el Órgano Judicial desempeña su papel de convidado de piedra. Muchos nos preguntamos sobre los más de 2.000 millones de dólares en coimas y sobrecostos. ¿Dónde y en manos de quiénes están? ¿Volverán a las arcas nacionales?

 

Razón tienen la profesora Pizzurno al afirmar, en artículo de opinión: “Dentro de este escenario, quienes denuncian los actos de corrupción y exigen justicia se convierten ipso facto, en enemigos del Estado, oportunistas políticos y antipatriotas deleznables que terminan siendo defenestrados y descalificados socialmente. De manera que, para evitar males mayores y convertirse en parias sociales, optan por el silencio”.

 

Eso es lo que buscan y quieren nuestras autoridades: una población sumisa y genuflexa que “confíe” en ellos y guarde silencio,  mientras pactan con el delito y los delincuentes.

 

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