Saquemos a Panamá de la coalición

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Una alianza bélica internacional coloca al Canal de Panamá en el punto de mira.

Saquemos a Panamá de la coalición

Por Elixsandro Ballesteros

No ha sido tarea fácil para los panameños asegurar y cuidar de la existencia de la nación, debido a la posición geográfica del territorio que habitamos y que tiene un gran valor comercial y geopolítico para las grandes potencias económicas. El intervencionismo norteamericano y la proclividad hacia esta potencia de algunos gobernantes y sectores del país, han debilitado el pleno ejercicio de la soberanía nacional.

En el marco de la crisis del orden internacional post guerra fría, profundizada con la globalización neoliberal (universalización del desarrollo capitalista), que transcurre paralelamente con la nueva realidad panameña del fin del colonialismo y la intervención militar estadounidense de 1989, que representó un retroceso para la consolidación de nuestra nación; es oportuno hacer algunas reflexiones, sobre todo cuando parece que con ligereza se toman decisiones que lesionan las aspiraciones nacionales.

Los acontecimientos que se escenifican en el mundo árabe y persa, son el núcleo de estas transformaciones estructurales. Frente a los cuales, para nuestra región, hay un relativo espacio de autonomía. Lo que no implica ser indiferentes, sino más bien es la oportunidad de reafirmar nuestra vocación pacifista y no alineada que tan importantes frutos en los años del “proceso revolucionario”, aportó como lo representa el apoyo casi universal a nuestra lucha que legó los Tratados del Canal Torrijos-Carter.

Países como Panamá, con una historia de relaciones de avasallamiento por una gran potencia, con un modesto ejército (SENAFRONT, SENAN), con una función importante en el comercio mundial, debemos recurrir al uso de la neutralidad como un recurso para evitar ser arrastrado hacia conflictos que perjudican a nuestros intereses, al exponer a sus habitantes y bienes.

En materia jurídica, solamente hay definida una neutralidad sobre el Canal de Panamá, en la que Estados Unidos y Panamá comparten el compromiso de mantener el régimen de neutralidad permanente sobre el Canal más allá de la terminación de los Tratados del Canal.

El propio Tratado de Neutralidad convocó a la adhesión de otros países a este régimen de neutralidad. Hecho que ha sido interpretado como si los firmantes fueran los responsables de asegurar directamente la neutralidad del Canal.

Nos toca deshacer el “paraguas del Pentágono” (ya que se propone cuidar de que “el Canal y consecuentemente el Istmo de Panamá, no sea objetivo de represalias en ningún conflicto bélico…”) pese a que parece haberse afianzado la idea que en cuanto a Estados Unidos, los Tratados lo resolvieron todo, olvidando la vigencia a perpetuidad del Tratado de Neutralidad, la cláusula de De Concini y la Reserva Nunn. Que se añadirían al apoyo logístico que le otorga Panamá con las bases navales, pistas y operaciones de inteligencia regional amparados en un tejido de acuerdos bilaterales.

Relaciones postcoloniales como éstas son características de las que hay entre potencias con sus excolonias, tal como ocurre hoy entre Francia y sus antiguas colonias en África.

El escape de Panamá de la órbita de los Estados Unidos se produjo en los años 70´s, a través del ejercicio de una política exterior soberana, caracterizada por una activa neutralidad y de no alineamiento. La ruptura con esa visión, la ausencia de un proyecto de nación, la subordinación a las agendas externas y la ausencia de transparencia (en el manejo de los intereses nacionales), generan preocupación y la sospecha que se reediten episodios tan lesivos para la soberanía nacional, como los que generaron en la coyuntura de la Segunda Guerra Mundial, en la que Panamá concedió en arrendamiento más de 130 bases militares norteamericanas en todo el país y la posterior intención de prorrogar su permanencia, que fue rechazada en las movilizaciones patrióticas de diciembre de 1947.

Otro falso mito creado, es la existencia de una neutralidad en el resto del país, que se deriva del alcance de lo acordado sobre la neutralización de la vía acuática. Al no ser así, el Estado panameño podría hacer uso de una política pacifista, neutral y no alineada, generadora de capacidades mediadoras, lo que aseguraría el interés nacional de mantenernos alejados de cualquiera de las contiendas, especialmente bélicas.

A modo de conclusión. En correspondencia con el interés nacional, Panamá debe salir de cualquier coalición. Se impone la tarea de retomar en firme la revisión y abrogación de los vestigios neocoloniales sobrevivientes de los Tratados. Es necesario definir un proyecto de nación, al que debe responder una política exterior soberana y el estatus jurídico de la neutralidad permanente del istmo es un recurso necesario, especialmente por la seguridad que requiere el comercio mundial y Panamá.

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