Vendedores de humo

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Las señales de humo vienen ahora de todas partes.

Vendedores de humo

Por Rey Barría

Se ha dicho que la verdad es la coincidencia entre una afirmación y los hechos, o la realidad a la que dicha afirmación se refiere. No obstante, desde tiempos inmemoriales la verdad ha sido la más violada, la más negada, la más ocultada, la más tergiversada, maquillada, evadida y burlada, por aquellos que aspiran liderar a un conjunto de personas, desde posiciones de poder, sin respetar la honestidad, la buena fe y la sinceridad humana.

Por otro lado, una sociedad que aspira a organizarse para resolver sus principales problemas de sobrevivencia y convivencia colectiva, establece un quehacer ordenado de participación ciudadana para la promoción del bien común, distribuye y ejecuta el poder, de acuerdo con las necesidades comunes de esa sociedad. Es en este escenario de organización social, amplio y diverso, en donde se expresa la política como ejercicio de poder, con objetivos éticos y provechosos para el grupo social.

Pero (siempre hay uno o más peros), el animal político en el afán de conquistar y controlar el poder está tentado a manipular la verdad hasta convertirla en una deslumbrante y atractiva propuesta que mueva los resortes psicológicos persuasivos que empujen contra la pared a quienes deben delegarle el poder.

La historia latinoamericana ha registrado los aportes de valiosas figuras que trascendieron su tiempo, pero también han quedado las cicatrices de quienes traicionando la confianza y la fe de sus compatriotas, abusaron del poder público para beneficio personal y privado, abusando de los privilegios otorgados, aprovechándose de los recursos del Estado para enriquecerse y beneficiar a sus parientes y amigos. Esos malos políticos establecieron una cátedra de corrupción que contaminó como peste los llamados partidos tradicionales y otros que fueron creados para servirse del sistema cada vez más pútrido.

Lo triste es que siempre nos vamos a encontrar con esa especie venenosa, vendedores de humo dispuestos a aprovecharse de nuestra ignorancia para lograr tomarse el poder con promesas que nunca cumplirán. Esos vendedores de humo de nuestros países han aprendido muy bien la tarea de aquellos del norte “civilizado y rico” en donde la canalla mediática le sirve de cómplice.

Por ejemplo, Barak Obama hizo una serie de promesas y ofrecimientos durante su campaña de las cuales ninguna cumplió. Prometió un “reforma migratoria humana y amplia” y por lo contrario aprobó mil seiscientos millones de dólares para reforzar la vigilancia fronteriza y completó el primer tramo del muro entre México y los EE.UU. Su gobierno rompió record en las deportaciones de indocumentados latinos. Obama al asumir la presidencia dijo “Guantánamo cerrará en un año y allí está el perverso campo de concentración en el territorio usurpado a los cubanos. Los medios se prestarán otra vez para justificar al poderoso mandatario.

Pero también es cierto que las promesas electorales incumplidas son directamente proporcionales a la falta de memoria política y a la cada vez más débil conciencia crítica de la sociedad. El clientelismo político también ha empujado a muchas sociedades a pedir compensaciones electorales por adelantado, lo cual los inhabilita para reclamar el cumplimiento de las promesas hechas en campaña, en tanto el candidato siente que ya pagó por el voto. El ex primer ministro de Tailandia, Thaksin Shinawatra, se presentaba en los mítines políticos con vacas y sacos de arroz, porque “las promesas no llenan el estómago”. Viejas y nuevas promesas serán incluidas en sus ofertas electorales. Darle al espectador lo que pida, aunque los resultados no estén garantizados.

Los vendedores de humo también fabricarán enemigos o amenazas reales e imaginarias con el fin de fabricar miedo colectivo, para erigirse como salvadores o el remedio milagroso de todos los males. Las mismas viejas recetas serán reescritas en papel nuevo asegurando que esta vez sí funcionará con los nuevos proveedores. Basándose en frases prefabricadas y algunos trucos poco creíbles, ofrecen más de lo mismo pero con el envoltorio nuevo. En busca de mejores días, los pueblos maltratados por años de burla y negligencia por parte de sus gobernantes, muchas veces caen ante quienes les venden esperanzas y humo de colores.

Albert Einstein decía que “Ningún problema importante puede ser resuelto desde el mismo nivel de pensamiento que lo generó”. La vieja y rancia prosapia de políticos vendedores de humo, aunque se vistan de santos patronos, no podrán ocultar con sus sotanas, la corrupción de la que están hechos.

Hoy los pueblos tienen que replantearse sus verdaderas expectativas, sus auténticas necesidades, sus aspiraciones propias, desde sus propias voces. No pueden otra vez ilusionarse con “llamaradas de capullo” que solo dejan humo tras su efímera iluminación. Hay que ir más allá de las viejas creencias, más allá de la desinformación o informaciones sesgadas. Hay que comenzar a construir con nuestras propias manos el país que queremos…sin vendedores de humo.

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